AMLO cercano al pueblo y deja atrás a los círculos concéntricos

Por Miguel Ángel Lizama
@Migueliz8

En cuanto alguien es nombrado en cualquier cargo de responsabilidad, de inmediato se forman a su alrededor CÍRCULOS CONCÉNTRICOS que se amplían y multiplican en forma directamente proporcional a su importancia en el escalafón que ocupa. Lo mismo en el Sector Privado con muros de recepcionistas y secretarias, que en el Sector Público donde en seguida a su nombramiento empiezan a revolotear y hacer nido secretarias, asesores, secretarios auxiliares, privados y particulares, y así “La distancia entre los dos es cada día más grande”, como cantó José Alfredo Jiménez. Los Círculos alejan al jefe de quienes deben verlo por cualquier razón -oficial o personal- y se requiere la paciencia de un santo para rebasar escollos como en carreras con vallas o pelado de cebollas capa por capa.

Esto nada tienen que ver con las formaciones de seguridad y custodia personal, impartidas como tácticas de protección de personalidades en diversos ámbitos. Ahí las formaciones son geométricas (formación Diamante, por ejemplo), poligonales para establecer perímetros y escudos de protección. Los Círculos Concéntricos son totalmente civiles, BUROCRÁTICOS mejor dicho, sin referencia ni condicionamiento militar.

En México ese fenómeno envolvente tuvo una expresión más drástica hasta el último momento de la Nomenklatura del PRIAN, predominante bajo la bota militar del Estado Mayor Presidencial, verdadera Guardia Pretoriana que impedía y controlaba cualquier acercamiento al Jefe del Ejecutivo y a los funcionarios que resultaba conveniente tener controlados. Los cacareados “Rompió el cerco de seguridad para besar a una niña, o acariciar a una anciana”, eran cuidadosamente preparados por el EMP para consumo popular. Nadie se atrevía a romper la burbuja dispuesta con anticipación.

El mismo acceso a las habitaciones más personales y privadas estaban resguardadas por soldados de Guardias Presidenciales bajo el mando de algún oficial del EMP. Así se alimentó el chismerío de los andares casanovas de Díaz Ordaz y López Portillo; las francachelas “exquisitas” de Miguel de la Madrid y su Confradía de la Mano Caída (según reporte no desmentido de Papá Loret); los escarceos de Salinas con la asesora más importante de la Oficina de la Presidencia, con quien acabó casándose; hasta las madrugadas etílicas de Felipe mientras Margarita estaba en brazos de Morfeo. Al llegar AMLO a la Presidencia, eso se acabó. La privacidad del Presidente sólo la controla su esposa. Como sucede con el resto de los mortales.

Los Círculos Concéntricos, más que filtros, son verdaderos obstáculos que se deben sortear según el parecer y entender de los responsables. Empiezan prácticamente desde la calle, cuando para acceder al edificio donde despacha el funcionario, se tiene que confesar a qué se va, la razón de la visita y persona a visitar. Luego de los arcos de seguridad (herencia maldita del bombazo a las Torres Gemelas en Nueva York, adoptada en todo el planeta) una primera barrera de recepcionistas vuelven al interrogatorio inicial y exigen firmar el Libro de Visitantes.

Hasta ahí todo es justificado por la paranoia gringa contagiada al mundo. En medio de la mirada hosca de guardias que aprovechan para “fildear” chavas guapas de vestidos ajustados, se accede a la Recepción del funcionario, donde otro círculo concéntrico de recepcionistas repiten las mismas preguntas y hacen firmar la Petición de Audiencia. Si se logra rebasar este escollo, se llega al área secretarial, donde se amplía el interrogatorio: “¿Para qué, por qué, tiene cita…etc.?”

Si este filtro considera que hay razón para ver al funcionario, decide si lo pasa al área de asesores, lo canaliza a alguna secretaria o permite el acceso a la Secretaría Privada. Ahí se le exige conocer el asunto a tratar y entregar cualquier escrito, para decidir si hay razón o no de la entrevista personal. Si se considera que el tema puede interesarle al jefe, se le pide regresar otro día, dejar el escrito para preparar una Tarjeta Informativa o dejar número de teléfono para avisarle que puede presentarse de nuevo.

Si se tiene la paciencia o necesidad de ser atendido, se regresa otro día o se llama de nuevo (porque nunca van a telefonear) hasta que ¡por fin! lo pasan al secretario privado, quien de nuevo hace el mismo interrogatorio y toma apuntes para la Tarjeta Informativa que pasará al Secretario Particular. Promete llamar cuando la agenda del Particular le permita atender la Tarjeta Informativa y esperar sus instrucciones. Pero la Agenda del secretario particular siempre está llena, como la del funcionario, que uno se pregunta a qué hora atiende sus obligaciones entre tantas entrevistas que colman su agenda. Para llegar a ella/él se REQUIERE SER UN PERSONAJE DE FAMA, INFLUENCIA O DINERO, o un Recomendado o Familiar del funcionario-objetivo. Sólo así se franquean las puertas y los Círculos Concéntricos.

ESA ES LA RAZÓN de que el Presidente López Obrador prefiera deshacerse de sus Círculos Concéntricos del Palacio Nacional, para entrar en contacto directo con la gente, el Pueblo espontáneo de MÉXICO, y sus escoltas personales (mujeres, como desde que fue Jefe de Gobierno del DF) sólo están alertas a los acercamientos o efusivos apachurrones que quieren darle, aunque no pueden impedir que sus congéneres féminas siempre pidan sacarse “selfies” con AMLO… y él se deja querer. Así se entera del sentir y pensar de la gente, sin filtros ni tamizados. ÚNICO Y ADMIRABLE.