Adiós a la imagen de ‘Cenicienta’ de la libertad

El proceso electoral de los Estados Unidos nos está revelando cosas que difícilmente hubiéramos visto en otras circunstancias.

El bloque globalista representado por los demócratas, hizo todo lo que estuvo en su mano para tratar de convencer a la opinión pública de la enorme y casi insuperable ventaja que llevaban sobre Donald Trump. Sin embargo, ante la muy competida votación parecen haber entrado en un contexto de desesperación, que los ha llevado a hacer cosas que nadie hubiese imaginado.

En la competencia a fin de ganar los últimos Estados claves para que se definiera la elección comenzaron a aparecer irregularidades, más votos que votantes registrados en los padrones, paquetes de boletas prefabricadas para la ocasión, negativas de permitir observadores en los conteos de votos.

Al final, hemos incluso visto una estrategia generalizada de censura de parte de los medios de información y de las plataformas digitales, no solamente en contra de las comunicaciones que señalaban estas irregularidades, sino hasta de las declaraciones del mismo presidente Trump, intentando tapar el sol, primero con un dedo y ahora con las dos manos.

Si los demócratas estuvieran tan seguros de tener asegurada la victoria, la reacción de toda la maquinaria globalista banquero financista no se estaría empleando a fondo, sin importarles ya ni las apariencias.

Se descararon y están dejando en evidencia el derrumbe de la imagen que tenían los Estados Unidos como Cenicienta de la libertad y de la democracia ante el mundo, que era utilizada hasta como bandera y excusa para invadir países a quienes, teóricamente, dotarían de libertad y de democracia perfecta.

Todos, incluyendo a sus propios ciudadanos, nos estamos dando cuenta que no estamos ante un país democrático, y después de la censura que nos están aplicando a quienes señalamos irregularidades en el proceso, sabemos que tampoco es un país en el que ejerza la libertad; ni siquiera la libertad de expresión.

La censura no se está aplicando solamente dentro del territorio de la Unión Americana, sino que está siendo extensiva a medios e internautas, a lo largo y ancho del planeta a través de las plataformas de redes sociales.

De la misma forma en que utilizaron todo su poder mediático para encerrar a las personas y cerrar las economías en todo el mundo, con la excusa de una pandemia menos letal que la enfermedad de la diabetes, hoy están haciéndolo para intentar recuperar el poder político que les fue sorpresivamente arrebatado hace 4 años y que amenazó la supervivencia del proyecto globalista banquero financista.

Su nivel de desesperación no es injustificado. El modelo que defienden está en fase terminal y de no ganar el poder político en los Estados Unidos, su desaparición seguramente va a acelerarse.

Lo verdaderamente grave de la situación es que los ciudadanos estadounidenses y el resto del mundo, nos estamos enterando que no existe ahí ningún respeto por los valores que tanto han presumido durante siglos y que todo ha sido una enorme farsa para controlarlo todo.

Como dice el actor australiano Hugo Weaving: “Cuántas veces con el semblante de la devoción y la apariencia de acciones piadosas, engañamos al diablo mismo”.

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