Abuelo contra nieta: la plutocracia mexicana

Por: Rafael Redondo
@redondo_rafa

Solemos no ejercitar nuestra memoria pero siempre aparecen eventos que vienen a refrescar nuestros recuerdos.

Desde hace unos días se han convertido en un escándalo mediático las acusaciones de acoso que sobre un otrora estrella del rock mexicano de los años 60’s y 70’s ha hecho su propia nieta y espero que ese asunto se arregle a través de los canales adecuados; sin embargo, abierta la caja de Pandora aparece un productor musical de nacionalidad española (https://youtu.be/4zUiONlsplQ) haciendo una serie de declaraciones que llamaron mi atención.

Él dice que trabajó con la también cantante e hija del rockero pero su relación profesional concluyó cuando fue acusado por la cantante de haberle robado una cantidad importante de dinero. El rockero salió en defensa de la hija yendo a buscar al productor a un hotel emblemático de la Ciudad de México pistola en mano y acompañado por 35 miembros del cuerpo de seguridad pública de la ciudad con la intención de matarlo. El productor musical declara que el rockero poseía una placa como Coronel Honorífico de la Policía (¿por qué tendría un ciudadano cualquiera una placa de ese tipo?) e incluso cuestiona la democracia mexicana de esos años. Con ayuda de Paulina Rubio y Susana Dosamantes (él declara) tuvo que huir escoltado no sólo del hotel sino del país.

No es la primera vez que nos enteramos que un actor o cantante sea hombre o mujer debido a su cercanía con personajes de la élite mexicana tenían este tipo de privilegios, “influyentismo” y actitudes desbordadas por encima de la ley. Este caso me parece un buen pretexto para cuestionar nuestra forma de gobierno que permeó prácticamente todo el siglo pasado.

En el papel (Constitución de 1917) somos una República Federal; pero, ¿este tipo de abusos y prepotencia pueden darse en una República medianamente articulada?

Comparemos nuestra realidad siglo XX con estas tres formas de gobierno:

República: forma de gobierno en la que el cargo de jefe del Estado está en manos de un presidente temporal que se elige a través de votaciones (elecciones) o a través de una asamblea de dirigentes. Predomina la ley (Constitución) y la igualdad ante la ley (Estado de Derecho) que rigen a la totalidad de la población por igual y sin distinción.

Oligarquía: sistema de gobierno donde el poder está en unas cuantas manos, pertenecientes a una clase privilegiada (por edad, sabiduría, poder económico, fuerza, etc.)

Plutocracia: situación en la que la élite adinerada ejerce preponderancia en el gobierno; un gobierno imperativo donde quiénes ostentan el poder político son ordenados por el poder económico.

Si un ciudadano cualquiera (ser rockero no te convierte en un ser especial) puede tener cargos honorarios, disponer de la fuerza y recursos públicos a discreción para saciar su capricho de matar impunemente, el tipo de gobierno de ese país es más cercano a una plutocracia. Pero, en el caso de México “Plutocracia a la Mexicana”.

Plutocracia a la Mexicana

Está caracterizada por:

1.- Mimetización: la clase política surgida de la Revolución Mexicana acumuló enormes fortunas y además crearon una clase empresarial que por deberse y hacerse favores mutuos terminaron mimetizándose a tal nivel que es difícil separar una de la otra.

2.- La farsa: esta élite tiene (aún vive) una habilidad extraordinaria para decir una cosa pero hacer exactamente lo opuesto. Logró fingir una República con todo y democracia pero al Primer Mandatario lo imponía la élite. Los políticos no eran servidores públicos sino patrones. La policía estaba para robar y cobrar venganzas personales. La ley existía para defender a delincuentes.

Ante esta farsa el ciudadano tenía dos opciones: acercarse a la élite u obedecer. No es el caso de los famosos que por extraña razón (quizá sólo extraña para mí) son capaces de seducir a la gente aunque en la mayoría de las veces se trate de personas sin cultura, sin refinamiento, sin una gran educación, sin… un sinfín de virtudes pero, son famosos y lograban (y aún lo logran) acercarse a las élites. Aunque en sentido estricto no pertenecían, sí tenían la oportunidad de convivir con ella y gozar de sus privilegios.

Los cambios:

Han sido varias las sacudidas para que la ciudadanía mexicana ya no viva del todo en esa farsa. Desde mi muy particular punto de vista, señalo algunos momentos que fueron determinantes para cambiar la mentalidad de nuestra sociedad:

A) La comedia de las elecciones de 1988. Era un insulto a la inteligencia.
B) La muerte de Colosio. En el imaginario público se estaban matando entre ellos, el cáncer los estaba aniquilando.
C) La crisis económica de 1994. Los ricos se dieron cuenta que no lo eran y les habían visto la cara de idiotas.
D) Las elecciones del año 2000. Cambio que la élite terminó masticando y hasta lo escupieron porque no tenía ni sal.
E) La guerra de Calderón. Muchos se cansaron de la obsesión de este fanático por la sangre.
F) El sexenio de Peña Nieto. La peor telenovela de la televisión mexicana.
G) Meter a Trump candidato en Los Pinos. El suicidio.

Darle forma y vigor a nuestra República después de un largo siglo de farsa, de malas mañas, de avaricia, de quedarse con toda la fruta de la piñata pero simular que todos le daban sus palos, no es tarea sencilla.

Estoy convencido que las elecciones de 2018 direccionaron al país hacia un mejor destino, que la tecnología contemporánea impide la existencia de farsas perfectas como la de una República que se comporta como dictadura. Pero, el botín sigue siendo atractivo, los dientes siguen afilados y aunque los voceros de ese México aún no en el recuerdo no se han dado cuenta que perdieron toda su credibilidad porque además hoy la comunicación es muy distinta y ellos se quedaron atrapados en los 80’s, siguen dando estertores manteniendo con vida a ese Leviatán herido. La mejor prueba es que el rockero motivo de este análisis, es tan viejo como viejas las estrategias para intentar limpiar su imagen. Intentan presentarlo como un ser casi impoluto y esos seres no existen, se esfuerzan por vetar información como si en 2021 eso fuera posible (insisto, los medios tradicionales en México se aferran a sus años de gloria lo que les impide evolucionar y no han olfateado su intenso olor a naftalina), entre más angelical pintan al rockero, aparecen más audios, videos, declaraciones en su contra; por tanto, han logrado el efecto contrario a su propósito inicial: que todos creamos que el rockero está bien hundido en el lodo pestilente de esa Plutocracia Mexicana. La pregunta que debemos hacernos ahora es en este período electoral: ¿Estamos dispuestos a regresar a ese México de impunidad, de personajes abusivos, de autoritarismo, de “influyentismo”, donde existen personajes como el que motiva nuestro análisis, de un México que pertenece sólo a una minoría imperativa? Seamos responsables.

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