Abrazos, no balazos

LA CUERDA FLOJA

León Fernando Alvarado
@feralva61

“Abrazos, no balazos” es una metáfora que la derecha tiene interés en no descifrar para utilizarla como puntal en su siniestra explicación de un pacto entre la 4T y la delincuencia que con desenfrenado entusiasmo fomentó el calderonato.

Pero, ¡albricias!, aquí llegan los primeros auxilios literarios para ayudar al entendimiento de la derecha, que dice vacilar cuando intenta el esclarecimiento de esta política.
Por ‘abrazos’ se entenderá que existan oportunidades de trabajo, capacitación, educación, cultura, arte y recreación para evitar que los jóvenes sean atraídos por los grupos delincuenciales porque los jóvenes son la materia prima de la delincuencia.

Esos ‘abrazos’ solidarios se brindan mediante la beca ‘Jóvenes Construyendo el Futuro’ para vincular a “personas de entre 18 y 29 años de edad, que no estudian y no trabajan, con empresas”, y las becas ‘Benito Juárez’ y ‘Jóvenes Escribiendo el futuro’, para evitar la deserción escolar.

Y no será a través de balazos como se aleje a los jóvenes del consumo de drogas o de la delincuencia si persisten las condiciones de marginación y olvido que los pusieron en esta situación. “Primero los hacen ‘ninis’ y luego no se cansan de perseguirlos”, diría la paráfrasis a un poemínimo de poeta Efraín Huerta.

Puesta a elegir, la derecha optará siempre por la violencia a la que es naturalmente afín porque lo lleva grabado en su ADN: el conservadurismo –su nombre lo dice- es la inclinación hacia lo yerto, el amor a lo inmóvil, lo inerte.

“Queremos glorificar la guerra –única higiene del mundo– el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los libertarios, las bellas ideas por las cuales se muere y el desprecio de la mujer.” ¿Tomado del programa de acción del PAN? Pues no, es una cita del Manifiesto Futurista, de Tommaso Marinetti, embrión ideológico del fascismo italiano.

Entre las pulsiones de vida (cuidado de la Naturaleza, respeto al prójimo, promoción y progreso del otro, creación de condiciones para la perpetuación de la especie) y las pulsiones de muerte (el abuso sobre el otro, el racismo, el clasismo, la destrucción, la inclinación a la violencia, a la fuerza, a la tecnología como salida al aburrimiento de la vida), los conservadores siempre se quedan con estas últimas.

“¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!”, gritó la España franquista, un grito que atraviesa los años para convertirse en lema de quienes privilegian la amenaza de muerte por encima del diálogo, el lenguaje escatológico y brutal antes que los argumentos, como suelen ser los comentarios que los derechistas publican en las redes sociales.

Violencia de los fariseos que al prójimo no le dan no le dan el pescado ni lo enseñan a pescar, según aconseja el proverbio chino, sabiduría milenaria que podría aplicarse a los empresarios: “No les des contratos con el gobierno, enséñalos a trabajar sin darle tarascadas y zarpazos al presupuesto público”.

Derecha energúmena que miente diciendo que en ese momento no puede dar declaraciones a los reporteros porque tiene que salir “volando” –como sus tienditas de campaña- a dar entrevistas a corresponsales de todo el mundo que lo esperan para que los ilustre sobre las barbaridades cometidas por la 4T.

Derecha impetuosa que a las primeras de cambio se cansa de ser oposición y lo que inició como una festiva caravana de treinta automóviles sonando las bocinas en contra de la 4T terminó como una callada retractación de su despropósito.

Porque lo suyo lo suyo lo suyo, lo verdaderamente derechista no son las protestas en las calles sino las juntas en las sombras, amparadas por el sigilo. Son los conciliábulos de escogidos que conocen las verdades políticas y se sienten en la obligación moral de publicarlas en las revistas Impacto, Letras Libres y Nexos, insultando de paso al presidente y a la inteligencia de sus lectores. Son los que toman por breviarios los delirantes libros de Salvador Borrego (América peligra, Infiltración mundial, Derrota mundial) y de Celerino Salmerón (En defensa de Iturbide, Las grandes traiciones de Juárez) y presienten los espectros de sus enemigos acosándolos en las tinieblas. Son los grupúsculos de juramentados frente a un altar, dos velas, la Biblia y un crucifijo, pero que todo sea a mitad de la noche para que no pierda romanticismo el juramento.

Es una derecha hipócrita que no acepta que el amor al dinero y el amor al prójimo son excluyentes y disfraza su descarada ambición de riquezas con una lucha violenta y oscurantista por la implantación del “Reino de Cristo en la Tierra”.

Reos de falsedad en declaraciones. Porque si Cristo regresara exigiría a los empresarios derechistas que pagaran salarios justos, que inscribieran en el Seguro Social a todos sus trabajadores con los sueldos reales, que no llevaran doble contabilidad en sus empresas, que repudiaran el outsourcing como si se tratara del mismísimo Satán, que no evadieran impuestos porque eso es un robo a la sociedad y una falta de caridad al prójimo. Ah, y que no encubrieran con energías limpias sucios contubernios de leoninos contratos.

Con tanta negra tradición sobre sus espaldas, ¿cómo esperar entonces que la derecha entienda la cordura encerrada en el sencillo enunciado “abrazos, no balazos”?

León Fernando Alvarado. Docente, narrador y periodista. Tiene publicados una novela y un libro de cuentos, además de narraciones y columnas periodísticas en diversos diarios y revistas. Premio Nacional de Cuento León 1987 (Jurado: José Agustín, Armando Ramírez y Rafael Ramírez Heredia). Premio Estatal de Periodismo Guanajuato 2012, categoría Reportaje.

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