A dos años de distancia

A dos años de distancia
Por. Diego Iván López Miguel
Twitter: @DiegoI_Lopez

El histórico triunfo electoral del presidente Andrés Manuel López Obrador en 2018 representó la ruptura del viejo régimen que se instauró durante décadas. El agotamiento del sistema político llegó a su límite después de varios sexenios de corrupción e impunidad, la herencia de 60 millones de pobres y una guerra interminable en contra de la delincuencia organizada terminaron por derrumbar las estructuras de poder.

El advenimiento de la 4T a la vida pública de México trajo consigo una serie de lineamientos como el combate a la corrupción y la atención a los grupos más vulnerables de la población. López Obrador asumió la presidencia de la República con más de 30 millones de votos. La mayoría buscando una alternativa a lo que fueron los gobiernos del PAN y el PRI, que terminaron por ceder ante el tsunami lopezobradorista.

A dos años de distancia los retos son mayúsculos, en medio de una pandemia global por el Covid-19 e inmensos en la incertidumbre económica. La apuesta desde el inicio es la misma “Primero los pobres”, con aciertos y errores se han venido dando algunos cambios en beneficio del sector de la población más vulnerable. La implementación de programas sociales, el aumento al salario mínimo, la mayor fiscalización de las grandes cúpulas empresariales nacionales y extranjeras, y la apuesta por los proyectos en el sureste mexicano son las cartas que se presentan desde Palacio Nacional.

Los retos más importantes de la 4T son los problemas de salud causados por el Covid-19 y la posterior situación económica, además de la creciente inseguridad heredada por una fallida guerra contra el narcotráfico y que ha dejado un saldo de 50 mil muertos desde el inicio del sexenio. Los ánimos de esperanza de un sector de la población se desvanecen con el pasar del tiempo y se han topado con la realidad; un país saqueado, despojado y ensangrentado.

La resistencia al cambio de una minoría que fue beneficiada durante décadas es uno de los principales obstáculos del gobierno de la República; es un grupo minoritario pero muy poderoso, que tiene el control de los principales medios de comunicación, hacen negocios al amparo de la ley y vivían de la condonación de impuestos. Pretenden volver y retomar el control político del país, aquel que perdieron de forma contundente y demoledora.

Es muy prematuro tener un diagnóstico completo del desempeño presidencial, entre decisiones polémicas, un discurso en ocasiones contradictorio y que también hay que decirlo, es manipulado por algunos medios de comunicación. Los claroscuros de la administración federal están a la vista, se debe trabajar a marchas forzadas, lo ha reconocido el propio AMLO, sus adversarios dirán que es un fracaso, aquellos que lo apoyan dirán que es un triunfo. Los resultados hablarán por si mismos.

La consolidación del proyecto de nación de López Obrador es la gran oportunidad para un país debilitado en sus instituciones, asediado por el crimen organizado y sumergido en la pobreza. Difícilmente se encontrará en los próximos años a un personaje que abandere las principales demandas sociales y que pretenda un cambio sustancial al régimen político. Una transformación en la forma y en el fondo, en el ámbito cultural, social y económico.

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