Con Claudia Sheinbaum se comienza a saldar la deuda con esas mujeres que cuidan: las verdaderas heroínas de nuestra historia.
La historia humana tiene un pulso secreto: el del cuidado. Allí donde el hombre cazaba y erraba por los montes, fue la mujer quien descubrió que una semilla guardaba dentro de sí la promesa de la vida.
En las riberas del Tigris y el Éufrates, en Mesopotamia, no fueron los guerreros los que fundaron las ciudades: fueron las manos femeninas que sembraron, que cuidaron, que dieron continuidad. La sociedad moderna nació de un acto de amor: el acto de cuidar.
Los estudios arqueológicos coinciden en que fueron las mujeres de Mesopotamia quienes, a partir de la observación cotidiana, domesticaron plantas y desarrollaron la agricultura. Ese hallazgo transformó a la humanidad: nos arrancó del nomadismo, permitió la acumulación de saberes, la organización comunitaria y el nacimiento de la política. Sin ellas, nuestra historia seguiría perdida en la intemperie de la caza y la recolección.
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Hoy, México inscribe una página inédita. El Paquete Económico 2026 reconoce, por primera vez en la historia nacional, el valor social y económico del trabajo de cuidados. Son 466 mil millones de pesos, equivalentes al 1.21% del PIB, destinados a visibilizar aquello que durante siglos fue silencioso: el tiempo de las mujeres.
La administración de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha colocado en el centro lo que antes se escondía en la penumbra doméstica: el cuidado de niñas y niños, de personas con discapacidad, de adultos mayores, de quienes cargan sobre sus hombros la vulnerabilidad del mundo.

El Anexo 31, presentado por Citlalli Hernández Mora, secretaria de las Mujeres, es más que un documento presupuestal: es un manifiesto. Reconocer, reducir, redistribuir, remunerar y representar el cuidado significa que el Estado mexicano entiende, por fin, que el sostén de la vida no se mide en cañones ni en cifras bursátiles, sino en el calor de quien alimenta, de quien sana, de quien protege.
Este paso ocurre en un país transformado: Ejecutivo, Legislativo y Judicial están hoy marcados por la presencia femenina. No es una concesión graciosa, es un acto de justicia con las que han tejido, generación tras generación, la red invisible que mantiene en pie a la nación.

Las mujeres no han sido “acompañantes” de la historia, sino su fundamento. La modernidad que hoy habitamos es hija del cuidado femenino. Y ahora el Estado lo reconoce, lo financia, lo honra.
Como canta Jamie O’Neal: “She’s somebody’s hero”. No hay quien no tenga a una mujer como figura heroica.
Ese heroísmo cotidiano, desde besar una rodilla raspada o inventar voces para los cuentos, hasta el ‘expertise’ de una doctora, una enfermera o una trabajadora social, con su innata capacidad de sostener la vida con ternura, es el que ha levantado sociedades enteras. Hoy, México comienza a saldar su deuda con esas mujeres que cuidan: las verdaderas heroínas de nuestra historia.
Político y poético
por Leo Collado
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