El altercado entre Alito Moreno y Gerardo Fernández Noroña no solo fue un episodio de vergüenza pública; fue la confirmación de que la división y la violencia siguen escalando en el escenario político mexicano, justo cuando el país necesita serenidad rumbo a la toma de protesta en la Suprema Corte y en el Poder Judicial.
Pero más allá de los gritos, lo verdaderamente indignante fue el golpe y la patada al personal de comunicación social; un camarógrafo que solo intentaba disipar la trifulca. Ese instante congelado en la lente no solo retrata a un trabajador agredido, sino a un poder incapaz de contenerse ante el más débil.
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¿Qué esperanza tiene un camarógrafo en el suelo frente a la fuerza de un senador de la República? Ninguna, salvo la esperanza que descansa en la conciencia popular, esa que no olvida. La cámara no es un arma, es memoria; no es trinchera, es testigo. Y en esa condición, resulta más peligrosa que un fusil para quienes quieren silenciar la verdad.

El estallido de ira se sigue alimentando con una situación política: por primera vez en la historia de la vida partidista de México, el PRI perdió su lugar en la Junta de Coordinación Política del Senado. Una fractura inédita en la vieja hegemonía que desnuda la desesperación de quienes se saben rebasados por la historia.
Violeta Parra lo anticipó en su canción “La Carta”:
“De esta manera pomposa
quieren conservar su asiento
los de abanicos y de frac
sin tener merecimiento.
Van y vienen de la iglesia
y olvidan los mandamientos.”
Hoy, esas líneas cobran vigencia. Lo que vimos no fue solo un pleito; fue la confirmación de que hay quienes buscan conservar el asiento a cualquier precio, incluso a costa de la dignidad y de la violencia contra quienes no tienen defensa.
Y más aún: la escena del camarógrafo pateado en el suelo refleja la vulnerabilidad de cualquier ciudadano frente al embate de un senador armado no solo con la fuerza física, sino con sus recursos económicos, sociales y políticos. Como también lo cantó Violeta:
“Habráse visto insolencia,
barbárie y alevosía,
de presentar el trabuco
y matar a sangre fría
a quien defensa no tiene,
con las dos manos vacía, sí.”
La política se vacía cuando se llena de golpes. Y lo que debería ser debate se convierte en espectáculo de circo barato. La pregunta queda en el aire: ¿qué justicia puede emanar de un poder que patea a su propio testigo?
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Político y poético
Por Leo Collado

