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Opinión| El pretexto perfecto

Que no nos doblegue ni el discurso ni el arancel. Que no olvidemos que la patria, como su pueblo, puede ser suave… pero jamás sumisa.

Político y poético
Por Leo Collado

I. La máscara y el telón

Desde Washington, la narrativa es clara: México es peligro. México es pasividad. México es la puerta del crimen. Pero detrás de cada palabra, hay una intención que no se grita. El fentanilo es el telón. El verdadero teatro es el petróleo. Y en los camerinos, ensayan las petroleras, los gigantes del litio, los intermediarios del sur de Texas que extrañan los tiempos en que podían dictar sin pedir. Nos acusan de permitir la muerte que ellos mismos consumen, pero callan la vida que quieren controlar.

II. Jitomates de Troya y cuotas que hieren

Una cuota compensatoria del 17 % al jitomate mexicano no es castigo al crimen. Es castigo a la eficiencia, a la soberanía productiva, al campesino que aprendió a competir sin Monsanto, ni subsidios estadounidenses. Hoy es el tomate. Mañana, el aguacate, las autopartes, los metales. La estrategia es vieja: usar la economía como cadena, mientras la diplomacia sonríe para las cámaras.

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Cabe recordar a Ramon Lopez Velarde,en todo está capítulo de nuestra “Suave Patria”: “Tu barro suena a plata, y en tu puño / su sonora miseria es alcancía.” Porque sí, México compite con barro que suena a plata, con miseria organizada en alcancía nacional. Pero eso les molesta más que cualquier cártel.

III. El petróleo, el litio y los falsos aliados

El conflicto no se mide en toneladas de droga. Se mide en barriles, hectáreas y yacimientos. Desde 2018, México recuperó algo más que hidrocarburos: recuperó el derecho a decir no.

No a los contratos leoninos.

No a las concesiones sin beneficio social.

No a la intromisión disfrazada de ayuda.

Eso les duele. Más que el narco, les incomoda un país que dice “el litio es del pueblo” o “la energía no se privatiza”; y, en la nueva administración, aunque el estilo cambie, la ruta sigue: la defensa de lo público, la soberanía sin aspavientos.

“El Niño Dios te escrituró un establo / y los veneros del petróleo el diablo”, decía López Velarde; y hoy el diablo vuelve a tocar a la puerta, disfrazado de cuota, de socio comercial, de seguridad compartida.

IV. Diplomacia con espinas

Claudia Sheinbaum ha optado por la diplomacia firme; no cede, pero no grita. Apuesta por el acuerdo, pero no en genuflexión; sin embargo, la presión crece. Trump habla de tarifas del 30 %; otros, más finos, sugieren “cooperación binacional contra el crimen organizado”. Pero sabemos lo que eso significa: fuerzas extranjeras, renuncias tácitas, rendiciones parciales. La historia lo enseña: toda ocupación comienza con un tratado amistoso. México no está librando una guerra contra el narco. Está librando una batalla más silenciosa: la de no dejarse definir por otros.

V. La patria suave que aún resiste

Esta patria no es perfecta; pero es nuestra. Y todavía guarda el coraje de quienes sembraron maíz en las grietas, de quienes tejieron nación entre invasiones y saqueos.No se trata de nacionalismo de estampita, ni de discursos grandilocuentes. Se trata de recordar que la paz no se construye cediendo el alma, y que el crimen organizado no se combate desorganizándonos como país. Hablando de la suave patria:

“Patria, te doy de tu dicha la clave: / sé siempre igual, fiel a tu espejo diario.”

Que no nos doblegue ni el discurso ni el arancel. Que no olvidemos que la patria, como su pueblo, puede ser suave… pero jamás sumisa.

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