2021: Extremismos y coaliciones

Por Miguel Angel Lizama
@Migueliz8

En una cena que ofreció Ronald Reagan en la Casa Blanca, el famoso comediante Bob Hope tuvo a su cargo el discurso obligado, que inició aludiendo al extremismo conservador y se dijo sorprendido de que Reagan -notorio derechista- estuviera a la izquierda de John Wayne, prototípico vaquero hollywoodense, promotor del armamentismo. “No sólo el Presidente, TODOS estamos a la izquierda de John Wayne”, dijo Hope e hizo estallar las carcajadas.

Viene a cuento la anécdota porque en el umbral de las elecciones del año próximo, empiezan a armarse coaliciones entre muy disímiles actores de la política mexicana que, con maniqueísmo reductor, se perfilan en 2 claros bandos: LIBERALES y CONSERVADORES. En el primero se van alineando los que, junto a 30 millones de mexicanos, apoyan al Presidente Andrés Manuel López Obrador y todo su esfuerzo por recomponer las ruinas que dejaron los sucesivos ¿gobiernos? del PRI y el PAN en el aquelarre de saqueos y abusos del Presupuesto y Patrimonio nacional.

En la banda Conservadora están agrupados los beneficiarios de la barahúnda neoliberal que alzó grandes fortunas y bonanza excesiva de unos cuantos, a costa de la desigualdad y pobreza creciente de la mayoría. Los que dejaron de recibir tajadas enormes del Presupuesto federal mediante contratos leoninos, licitaciones amañadas, prebendas continuas por aplaudir y hablar siempre bien de las deidades sexenales. ¿En cuántos países un “periodista” tiene yates y mansiones de lujo con su solo salario? Son los que gastaron (y siguen gastando) dinero ajeno y esfuerzos propios en defraudar la confianza del pueblo mexicano, mediante escenografías de prosperidad general compartida, cuando en realidad fue extremadamente selectiva y egoísta.

Los que se liberaron del yugo bipartidista depredador y los expulsados del Presupuesto, volverán de nuevo a las urnas en un clima crispado por el rencor de la derrota apabullante que no cede ante las evidencias, ni deja trabajar al indiscutible ganador, y persiste en volver al pillaje tan productivo en tantos años del poder hoy añorado, creando confrontaciones, polarizaciones e inestabilidad que sólo atribuyen al vencedor indiscutible, eludiendo toda responsabilidad, anterior y actual.

Se enfrentarán otra vez dos visiones y versiones distintas del MÉXICO ansiado y esperado por la mayoría. Para tal efecto se van planteando pactos entre diferentes participantes que buscan afinidad para emprender una ruta común.

Así se anuncia que MORENA, indiscutible ganador del 2018 de la mano de Andrés Manuel López Obrador, planea aliarse con el Partido del Trabajo (PT), Encuentro Social (o sus residuos que pretenden volver por sus fueros y prerrogativas) y el Verde Ecologista (que ni es verde ni ecologista). De entrada, parece absurdo que un mayoritario se una a un minoritario para ceder parte de su mayoría, ¿a cambio de qué? Las coaliciones, por lo general, se dan para lograr una mayoría, cuando ésta no es clara ni suficiente ni holgada. El quid del asunto es que MORENA no pretende la hegemonía (aunque el Pueblo le da MAYORÍA) y más bien la rehuye para mostrarse incluyente.
De ahí se deducen sus coaliciones.

En contrapartida, el NeoPAN -erigido en cabeza conservadora por los empresarios que financian su guerrilla mediática- busca coalición con un pretendido Movimiento Ciudadano (cuyos heraldos son el muy cuestionado gobernador de Jalisco y el errático senador Samuel García que pretende reinar en Nuevo León), los residuos del PRI y del PRD en vías de extinción.

A lo lejos asoma (queriendo participar) un partidito que el INE trata de imponer, encabezado por la esposa del ex-presidente Calderón con la inminencia de una acusación en una Corte de Nueva York. Puros perdedores, pero muy bullangueros.

El único oxígeno de esta coalición no sólo es el cuantioso financiamiento del empresariado resentido y belicoso (de adentro y de afuera), sino la vista gorda del supuesto árbitro imparcial (“por mandato constitucional” que no respeta) llamado INE y el tutelaje de la instancia última e inapelable del Tribunal Electoral.

Son sus únicos amarres en los que centra su confiada seguridad. De Pueblo, nada; el Conservadurismo no puede presumir de popularidad, fuera de la que después de misa se sube a sus carros para exigir a claxonazos el derrocamiento del evidente Mandatario popular. No son muchos, pero sí mochos y ruidosos.

¿Qué obtendrían de estas coaliciones sus participantes? El PT, PES y Verde lograrían mantener en el Presupuesto y con fuero, a sus “santones” y recomendados de sus dirigencias, para alcanzar curul Plurinominal sin despeinarse ni emitir una sola gota de sudor buscando el voto ciudadano.

MORENA, a cambio de las exiguas prerrogativas que le aporten sus coaligados, les cedería posiciones plurinominales a algunos recomendados de sus dirigencias, aunque se reservaría las meras buenas para sus líderes que no hagan campaña. Lo más que lograría MORENA es el sello de Inclusión Participativa, pero no obtendría la Mayoría definitoria de los cambios estructurales urgentes, pues el Senado sigue siendo el obstáculo insalvable, por las “cortesías políticas” que MORENA le da a la mini oposición,

En el Conservadurismo el cálculo es distinto. Saben que no podrán ganar. Su Voto Útil ahora será más inútil ante las evidencias del excelente desempeño del gobierno popular electo. Por número, su coalición apunta otra vez a un fracaso. Pero pretende lograr los votos necesarios para conservar algunos enclaves de aportación económica y política, como el caso de las gubernaturas, y curules plurinominales suficientes que les dará el INE, para entorpecer cualquier votación de la mayoría. De antemano saben que la tienen perdida, pero sólo quieren dificultar todo, a ver si logran de nuevo obtener prebendas, como estaban acostumbrados.

En el enfrentamiento del 2021, donde se medirán los extremos, el dicho popular ilustra de modo perfecto la esencia del Conservadurismo: “Las veredas quitarán, pero la querencia ¿cuándo?”