2006: La historia del fraude de Calderón

Por Miguel Ángel Lizama
@Migueliz8

Si alguien ha sido acosado sin cesar durante muchos años, es ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR, a quien primero el PRI, luego el PAN y ahora todos los partidos que no lograron destacar en la elección más reciente, junto con sindicatos patronales, lo han sometido a persistentes ataques sin sentido, sin razón y sin éxito. Y todo porque, a diferencia de todos sus “adversarios”, AMLO no se despega de la gente –el Pueblo– que lo percibe como uno de los suyos, como de la familia, y lo acompaña siempre en las buenas y las malas, en duras y maduras. Y él les responde como esperan: anteponiéndolo sobre cualquier otra consideración.

Con base en notas periodísticas nunca desmentidas, en la tarde del domingo 2 de julio de 2006, Bernardo Gómez, segundo de a bordo de Televisa, recibió de Roy Campos, de Consulta Mitofsky, el reporte de las encuestas de salida en casillas de votación, que mostraban clara tendencia al triunfo de ANDRÉS MANUEL sobre el artificialmente inflado candidato oficial Felipe Calderón, del PAN. Según los cálculos de probabilidades basados en las muestras recogidas por Mitofsky, López Obrador era el ganador de la elección. Eso indujo a Bernardo Gómez a llamar por teléfono a Andrés Manuel, para con un “Señor Presidente, felicidades por su triunfo”, adelantarse a la estampida que sabía inminente. Quería ser el primero en felicitar al evidente triunfador de la contienda electoral.

Sin embargo, López Obrador, cauto y conocedor de las marrullerías de la que llamaba Mafia del Poder, agradeció la felicitación y apuntó: “Vamos a esperar el reporte oficial”.

En esos momentos Vicente Fox entraba en paroxismo paranoide, aterrorizado por el triunfo de quien dejó en ridículo su frustrada persecución legaloide para impedir su rumbo hacia el poder, culminada en el desafuero inútil del entonces Jefe de Gobierno del Distrito Federal. Había intentado cuanto truco sucio se le ocurrió y no logró que la gente le creyera y se decepcionara, a pesar de todo el dinero del Presupuesto que usó para comprar un fantasioso “Empate Técnico”, armado en los días de Navidad y Año Nuevo por GEA-ISA, empresa demoscópica adoptada como punta de lanza de las encuestadoras, que serviría de pretexto para manipular los resultados a favor de Calderón.

Entre las primeras llamadas de Fox estuvo la de Juan Carlos Ugalde, entonces consejero presidente del IFE (Instituto Federal Electoral) para impedir que reconociera el triunfo de AMLO ni aceptara la mínima tendencia favorable al tabasqueño, enemigo de la cúpula empresarial que le había advertido a Fox que “por ninguna circunstancia dejara ganar a López Obrador”. Por tanto, ninguna palabra debía revelar algo favorable a AMLO.

El anuncio de Juan Carlos Ugalde de que no podría dar ningún informe de la votación hasta bien entrada la noche, fue el primer anticipo del fraude que se estaba maquinando. No había funcionado el “empate técnico” de las encuestadoras coordinadas desde Los Pinos. Tampoco parecían haber funcionado los algoritmos preparados por Hildebrando Zavala, cuñado de Calderón y socio de la trasnacional informática ORACLE, para manejar telemáticamente los resultados de las casillas, que fueron detectados por eruditos de la UNAM. Uno de ellos demostró un espejo informático imposible en los resultados, que marcaban a favor de Calderón los votos que le restaban a López Obrador.

Todos los encargados de Fox entraron en un frenesí de telefonemas a gobernadores y líderes sindicales para trampear la elección a favor de Calderón. La llamada de Pedro Cerisola, Srio. de Comunicaciones y Transportes, a Humberto Moreira, gobernador de Coahuila, fue grabada y se ofreció como evidencia de las presiones ilegales para el fraude electoral. Cerisola le pedía abiertamente a Moreira que pusiera a favor de Felipe Calderón los votos de Roberto Madrazo, candidato del PRI, pues no tenía posibilidad alguna de ganar y había que hacer perder a AMLO a toda costa. Lo mismo hizo Elba Esther Gordillo, lideresa magisterial, con otros gobernadores que pusieron todas sus trampas para aumentar los votos del panista. Ni así pudo ganar claramente.

Este entramado fraudulento se había iniciado con todo el aparato del PRIAN desplegado para contrarrestar las REDES CIUDADANAS tejidas por Manuel Camacho Solís a favor de AMLO y que ya se organizaban en la Representación de Casillas y Defensa del Voto. El PRD, partido por el que competía López Obrador, se fue apoderando de puestos claves en las Redes, aprovechando la bisoñez de los ciudadanos voluntarios y la experta malicia de Los Chuchos, dueños del aparato operativo perredista. Salvo el Distrito Federal, en todos los estados el PRD recibía dinero e instrucciones de las Secretarías Generales de Gobierno, por lo que les resultó fácil sabotear la elección. Así fue que muchos Presidentes o Secretarios de Casilla salidos del PRD, no se presentaron el día de la votación o llegaron tarde a sus respectivas casillas, dejando que los sustituyeran profesores del aparato electoral del SNTE, manejados por Elba Esther Gordillo, quienes ya hacían fila mucho antes de la apertura de las casillas, para ser los primeros elegidos “al azar” como sustitutos.

Al computarse los votos, los números evidenciaban el triunfo de AMLO, que Fox y cúpulas pretendían desconocer. Y se lanzó la exigencia del “VOTO POR VOTO, CASILLA POR CASILLA” para que públicamente se comprobara al auténtico ganador sin lugar a dudas.

Otra vez se desquició Fox y su camarilla empresarial. Presionaron al IFE y al TRIFE para que no aceptaran un nuevo recuento de votos que expondría la realidad. El jaloneo y la presión pública de los votantes de AMLO indujo al Tribunal Electoral a “aceptar” la apertura de unos pocos paquetes electorales, como “muestreo”, a lo que el IFE debió acceder a regañadientes. Desde el primer paquete abierto brotaron las “inconsistencias” o, dicho en buen castellano, evidencias de fraude. El IFE fue puesto en un predicamento, pues todos sus números para Calderón se desmoronaban irremediablemente. Sus revisores debieron maniobrar apuradamente para “ajustar” el triunfo apretado del panista que se redujo a medio punto porcentual.

El TRIFE otra vez tuvo problemas, no sólo por no haber sido abiertos todos los paquetes que demostraran la plena realidad, sino por la abierta intromisión de las cúpulas empresariales y la misma Presidencia de la República en el proceso electoral, expresamente prohibida por la Constitución y el entonces Cofipe (Código Federal de Instituciones y Procesos Electorales). Con las evidencias del caso, el Tribunal Electoral se vio en un brete. Debía reconocer las injerencias anticonstitucionales y aceptar que, por ello, la escasa diferencia que sacó el IFE en su recuento, realmente debía favorecer a López Obrador o llamar a nueva elección.

De nuevo intervino Fox para exigir que ningún dictamen se sometiera a votación como es práctica obligatoria del tribunal, hasta lograr la unanimidad favorable a Calderón, pues algunos magistrados implícitamente reconocían la victoria de AMLO. El TRIFE tendría una votación dividida. Aunque por las presiones políticas tal vez su mayoría se inclinaría por el panista, Fox insistió en que el fallo definitivo se diera por absoluta UNANIMIDAD. Durante días en que los inconformes ponían “sitio simbólico” al TRIFE, Fox presionó y prometió recompensas para que el fallo fuera unánime y no hubieran dudas. Y el TRIFE se dobló. Reconoció las violaciones constitucionales del CCE, Coparmex y Presidencia de la República, pero en una argumentación jalada de los pelos, alegó que tales ilícitos no repercutieron en los votos emitidos. Contra las evidencias, el TRIFE falló que los quejosos no habían demostrado el NEXO CAUSAL entre violaciones y votaciones.

Y Calderón usurpó la Presidencia, cubierto por el Estado Mayor Presidencial y los belicosos legisladores PRIANistas, iniciando así un festín de saqueos y baño de sangre en que hundieron a México las hordas políticas “institucionales” y las cúpulas empresariales y financieras, apoyadas por los Medios convencionales. Hasta que llegó 2018 Y TODO CAMBIÓ. Se acabó su festín, pero no su acoso, que Andrés Manuel sigue venciendo.

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