Una oposición que todos los días camina hacia el fracaso

Quienes presumieron por décadas de una preparación personal esmerada, con diplomas y certificados expedidos por los mejores colegios del país y del extranjero, nos muestran actualmente lo limitado de su saber y lo desubicados que están al enfrentar a un mundo que cambia vertiginosamente y al que no logran adaptarse por carecer de una fuerte cultura universal.

La oposición en nuestro país, camina con paso firme hacia el último fracaso de sus partidos políticos tradicionales.
Las elecciones del 2021, están bastante próximas y la derecha mexicana ha sido incapaz de armar un proyecto nacional creíble, que le reste fuerza al proceso de Cuarta Transformación que vive nuestro país, desde la llegada de López Obrador a la presidencia.

Han pasado más de dos años desde la monumental derrota sufrida en la pasada elección presidencial y los antes poderosos grupos neoliberales siguen en caída libre, sin posibilidad de creer para competir con fuerza en el proceso electoral del siguiente año.
Hoy vemos que las escuelas privadas que formaron a esta generación conservadora, no brindan la calidad educativa que presumen. Son especialistas en la construcción de egresados que dominan la técnica en alguna de las ramas del mercado abierto. Salen hablando correctamente inglés y otras lenguas. Saben del mundo todo lo necesario para disfrutar de viajes de negocios y de placer, ya que su posición económica les permite este tipo de vida.

Pero ante eventualidades realmente difíciles, son incapaces de tomar decisiones adecuadas, o enfrentar al adversario con argumentos sólidos que requieran un esfuerzo mental o la aplicación de una cultura sólida.

Los neoliberales fueron preparados para llevar una vida de comodidad, al frente de negocios donde el título y el patrimonio familiar, eran suficientes para mantener el poder, ante quienes ellos calificaban como “sus inferiores”.

Pero cuando el pueblo toma el destino del país en sus manos, ante la evidente catástrofe que provoca una dirección conservadora corrupta, predadora y voraz, todo el poder que da el dinero y las influencias perdidas, pone en evidencia lo débil y limitada que es la preparación que recibió esta generación conservadora.

Hoy podemos ver como ejemplo de esto, los mensajes que de continuo coloca en redes sociales Claudio X. González, uno de los hijos de empresarios calificados hoy en día como “traficantes de influencias”. Claudio es uno de los personajes acostumbrados a hacer su santa voluntad siempre. De una familia poderosa económicamente, ha sabido aproximarse íntimamente, al poder en turno y sacar beneficios económicos de manera permanente de esta unión, basada principalmente en la corrupción.

Es uno de los empresarios más disgustados con la cancelación del aeropuerto de Texcoco y con la limpieza que se está dando dentro del gobierno de López Obrador, para desterrar a la corrupción en forma definitiva.

Quiere terminar con el cambio de régimen que vive México. Quiere que el neoliberalismo vuelva a gobernar. Pero carece de ideas para conseguir esto y ni todo su dinero alcanza para comprar un proyecto conservador que compita a la Cuarta Transformación.
Él no tiene capacidad para construirlo y su enorme fortuna no puede comprar algo que está en este momento, fuera del mercado.
Porque el neoliberalismo se cae en todas partes del mundo. No es un problema interno que viva México. La corrupción generalizada de este modelo, hace que el rechazo social se dé en varias naciones. Y no hay teóricos que hayan podido enderezar el proyecto neoliberal, o crear una alternativa conservadora que lo sustituya.

Claudio X. González busca afanosamente un producto que no se encuentra en el mercado. Alega mientras tanto que sí existe una forma alterna de gobernar y ofrece como prueba una opinión vacía de un consultor de nombre Guido Lara.

El día de ayer, Claudio X González tuitea esto, citando a Lara: “Desde luego que sí hay otra, que hay otras formas de gobernar distintas a la frivolidad foxista, la confrontación sangrienta de Calderón, la corrupción de Peña Nieto o la dogmática incompetencia de López Obrador”.

¿No se da cuenta que este párrafo implica su reconocimiento personal a todos los crímenes, delitos e incompetencias de los gobiernos neoliberales?

Que hable del “dogmatismo” del actual presidente se entiende. Claudio odia a López Obrador y a todo lo que él representa. Pero que señale la suciedad que se dio al interior de las últimas administraciones neoliberales, si desconcierta. Esos presidentes fueron sus socios, sus amigos, sus cómplices. Y hoy se desmarca de ellos, buscando engañar al pueblo mexicano, con un espejismo que nadie va a comprarle.

Porque Claudio X. González, señala que hay otras formas de gobernar, pero no dice cuáles son esas formas. Y no lo dice porque no existen. El neoliberalismo saliente, fue estéril y no deja proyecto alterno que lo sustituya. Cuando termine de morir en el mundo el proyecto neoliberal no habrá dejado sucesor que defienda su visión del mundo. Necesitaría en este momento, que una mente clara definiera un nuevo rumbo para el mercado, asociado íntimamente al poder político. Un nuevo maridaje entre los poderes fácticos y la clase política gobernante. Algo que fuera a la vez atractivo para una clase media “aspiracionista”.

Pero el neoliberalismo al parecer está demasiado viejo para engendrar un heredero. Va a partir en solitario.
Mientras tanto, aquí en nuestro país podemos ver a una clase conservadora, atacando a la Cuarta Transformación a diario, con mentiras, bufonadas e insultos de carácter personal.

Este fin de semana el pueblo de México fue testigo de los ataque al hijo del presidente, por haber asistido a una playa en Acapulco, hospedándose en un hotel de precio accesible a la clase media. “¿Mi hijo no puede asistir a una playa? ¿Dónde está el delito?” preguntó a la prensa reaccionaria el día de hoy el presidente.

Fue un ataque concertado de la prensa “sicaria” en contra de un menor de edad.
Al mismo tiempo, vimos a los integrantes de la ultraderecha de FRENA, entonar en una de sus ridículas y muy reducidas marchas el canto “El pueblo, unido, jamás será vencido”.

Esa misma ultraderecha que acusa a López Obrador de “comunista”, cantando la letra y música compuestas por Sergio Ortega Alvarado, junto con la banda Quilapayún, en los años 70s. Una canción de protesta ligada íntimamente al gobierno socialista de Salvador Allende, en Chile.
Sin cultura alguna, sin conocimiento histórico, con vacíos formativos evidentes, la clase conservadora mexicana, intenta hoy lo imposible. Conseguir que el pueblo de México les dé su voto en las elecciones intermedias del 2021.
Pretenden convencer con engaños a una sociedad que aborrece todo lo que suene a neoliberalismo, porque entiende que este modelo significa corrupción.
No es insulto, pero la oposición no únicamente está moralmente derrotada. El vicio y la educación deficiente, la volvió estúpida.
Así no se puede aspirar a otra cosa, que al fracaso permanente.

Malthus Gamba

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