Un tiempo sin patriarcado ni matriarcado (Cuento)

Debe andar por los setenta años, aunque su fortaleza física y el cuidado de su persona, le hagan aparentar menor edad.
Recta de figura y en el actuar, la maestra Claudia, necesita poco para hacerse respetar y querer. Está a punto de jubilación y de verdad nos pesa, a quienes hemos tenido la fortuna de cursar un semestre con ella, el conocer que el final de su carrera está próximo.
Los más “cabrones” de cada clase no se atreven con ella. Hay un respeto especial hacia esa profesora que al parecer, nunca ha reprobado a alguien. Encuentra siempre la manera para mostrar el lado amable de la historia de nuestro país. Esa ha sido su materia por años. Explica con paciencia y amenidad. Relaciona los hechos del pasado con los acontecimientos del presente. Utiliza películas de actualidad para hacernos ver las causas que han dado origen a problemas en el pasado, en el presente y también en muchos casos, en los distintos mundos de la ciencia ficción.

La independencia de México tiene puntos de coincidencia con lo que sucede en las primeras películas de la Guerra de las Galaxias (que tuvimos que “consultar”, a manera de tarea). Se trata de un imperio que gobierna en forma totalitaria y de una sociedad que ha decidido vivir ajena al dominio de esa gran metrópoli.
La maestra Claudia recomienda libros de fácil digestión. Interesantes y que tienen que ver con los problemas que han enfrentado los jóvenes del país en recientes época.

Por ella, muchos conocemos las novelas de José Agustín, Parménides García Saldaña, el teatro de Rascón Banda, e incluso el difícil Palinuro de México, de Fernando del Paso. Los conocemos por haberlos leído y porque se han comentado en clase, con las aportaciones que la maestra hace para dar claridad a cada texto.

No son pocos los que se han acercado a la profesora Claudia para exponerle problemas personales, esperando un consejo útil de ella.
Sin embargo, lo más interesante de sus clases es la especial atención que pone en los hechos más importantes que suceden en nuestro país y en el mundo.

La maestra Claudia es una incansable lectora de noticias. Durante su clase, dedicamos quince minutos al comentario de los hechos importantes del día o de la semana. Damos seguimiento a los mismos. Y lo más importante: opinamos sobre cada asunto de manera obligada. En ese aspecto, la maestra Claudia es inflexible. Es obligatorio reflexionar y opinar a diario. Al final, nuestra maestra fija también su posición y nos pide que consideremos en algún momento del día, todo lo debatido en el grupo.

Ayer sucedieron en la capital de país, hechos que fueron interpretados de diversas formas por quienes integramos la clase.
Ninguno de nosotros rebasamos los dieciocho años. La maestra Claudia dice que estamos en la edad de las ideas y acciones tormentosas. Y es cierto. Ayer en la discusión, nos acaloramos debatiendo posiciones encontradas, e incluso afines.

Se había dado un debate en Palacio Nacional y un personaje que ha defendido por años el feminismo y los derechos de la mujer, cuestionó fuerte al presidente del país. Afuera de palacio, un pequeño grupo de feministas quemaban objetos, pintaban paredes, gritando e insultando, en su exigencia por obtener soluciones reales para la total erradicación del feminicidio.
Por la tarde, esas mismas manifestantes, pintaron varios edificios, destruyeron algunos vehículos y fueron rociadas con gas pimienta, por los agentes del orden. Ese es el panorama general del asunto.

Varias de mis compañeras se identificaron con las manifestantes y señalaron que son legítimas sus demandas y la forma de expresarlas. Otras cuantas se mostraron también en total acuerdo con los objetivos perseguidos, pero en contra de los métodos violentos empleados.
Los hombres en su gran mayoría, dijeron estar de acuerdo con la lucha feminista, sobre todo en lo que respecta al combate al feminicidio. Pero en realidad fueron muy pocos los que apoyaron la violencia en las calles. Sobre todo, criticaron las propuestas radicales, que suponen una enemistad a muerte entre hombres y mujeres. Algunas compañeras calificaron esa actitud de “machista”, a lo que los compañeros varones respondieron que la violencia, como método para evitar la violencia, resultaba una incoherencia nacida en los grupos radicales feministas.
La maestra Claudia escucho el debate con atención, según su costumbre. Apeló al respeto mutuo cuando los ánimos se calentaban demasiado y al final, después de dos o tres minutos de reposo, nos dio su punto de vista.
Es éste.

“Hay dos factores aquí que debemos considerar. El feminismo, como movimiento reivindicador, es un asunto que se ha pospuesto históricamente. Pocos gobiernos han creado el espacio social para que esta exigencia por la igualdad entre géneros, se discuta ampliamente. Hoy en el país, se está abriendo por primera vez esa puerta y dada la violencia que se observa en muchas ciudades, donde mujeres jóvenes mueren a diario por el simple hecho de ser mujeres, es natural que la exigencia sea fuerte. Incluso llegando a indeseables extremos de agresividad.

Pero esto es secundario. Los grupos extremistas pocas veces consiguen el apoyo popular. Ese apoyo que ni se puede comprar, ni tampoco arrebatar por la fuerza. Tarde o temprano, las formas razonadas y bien argumentadas, irán ganado el terreno que los violentos pierden. La violencia, por regla general, es producto de la ignorancia, o del conocimiento parcial de los antecedentes que originan el problema.
Lo prioritario en este asunto es el cambio de mentalidad que está exigiendo la mujer. No más patriarcado. Un país plural, donde la igualdad real entre hombres y mujeres sea la primera regla de convivencia.

Sin embargo, mal están quienes atacan irreflexivamente al patriarcado. Fue una etapa histórica inevitable, nacido de sociedades menos numerosas y desarrolladas. Cumplió su función histórica y hoy resulta obsoleto. El matriarcado como forma de organización social, lo experimentó la humanidad en épocas aún más remotas y también tuvo su razón de ser. Cumplió con su papel histórico y desapareció, para dar paso a una relación diferente, relativa al rol social de hombres y mujeres.

Hoy nace un tiempo distinto, novedoso, donde nuestra sociedad, integrada siempre por hombres y mujeres, deberá encontrar una ruta de convivencia distinta, incluyente, sana y productiva. Hombre y mujer no pueden caminar por sendas diferentes. Ambos conformamos una de las más maravillosas y conflictivas especies en el planeta. Feminismo y machismo son etapas que deben ser superadas. Ambos géneros deben resolver la ecuación que los desafía en este momento, para dar paso a una relación futura con bases sólidas, que garantice la igualdad y el equilibrio social. Hemos caminado juntos por milenios. Seguramente hallaremos esa respuesta en el mediano plazo. Las únicas herramientas que requerimos, son el respeto, educación de verdadera calidad al alcance de todos y la recuperación de nuestra cultura rica en valores cívicos y éticos, la cual se encontraba hasta hace poco tiempo, totalmente abandonada. De ello depende en buena parte el futuro del país y en buena medida también, el futuro del planeta. Éste no es un problema exclusivo de México. Ni feminismo, ni machismo. Igualdad, respeto, oportunidades y garantías para todos.
Piénsenlo por la tarde y mañana seguimos comentando.”

…así son las clases con la maestra Claudia. Por eso la estimamos y respetamos.

Malthus Gamba