La intolerancia de la prensa Fifí: Dicen defender la libertad de expresión, pero no toleran la crítica

De entrada, quiero hacer mención de un hecho sucedido el día de ayer. No es relevante en lo particular, pero sí indicativo de los tiempos que vivimos: la cuenta de twitter del portal Sin Línea, fue bloqueada por el comentarista Víctor Trujillo.

Y paso a desarrollar el tema:

En recientes fechas y ante el descrédito que padecen en la actualidad los medios tradicionales de información, han surgido en redes sociales, espacios dedicados a dar cuenta de la situación general en nuestro país, bajo una óptica distinta, que procura ser objetiva y veraz.

Estas nuevas plataformas, son ajenas a los compromisos económicos que marcan la ruta editorial de algunos medios tradicionales y de varios periodistas que perdieron credibilidad, al serles comprobadas prácticas “chayoteras” o relaciones de todo tipo, durante el periodo neoliberal.

No existe dinero de por medio en la mayoría de estas plataformas. Se trabaja los proyectos, por un compromiso personal con la verdad. Se intenta colaborar en la transformación del país, poniendo tiempo y esfuerzo, a favor del cambio, sin solicitar algo en compensación.

Para muchos, sería ofensiva una propuesta económica por el trabajo desarrollado. La Cuarta Transformación es en mucho, un cambio ético. Significa recuperar los valores que se fueron perdiendo por negligencia o en base a un deliberado intento por degradar la forma de pensar vivir de los mexicanos.

Hoy, la intención es acabar con esas malintencionadas formas de actuar, que distinguen a muchos medios y periodistas de lo que conocemos como “prensa fifí”. Desenmascarar y terminar con la mentira, como herramienta de trabajo en el periodismo.

Algunos dicen que esto significa atentar contra la libertad de expresión que requieren los medios de comunicación.

A su parecer, el periodista debe tener completa libertad al desarrollar su trabajo. Cualquier objeción, por ética que sea, es señalada como una violación a los derechos de la prensa.

Hace apenas unos días, Jorge Ramos, con una trayectoria periodística, donde el amarillismo, el sensacionalismo e incluso el ataque personal y la mentira, son distintivos de su quehacer diario, fue censurado en redes sociales y en medios alternativos, por presentarse en la conferencia mañanera del presidente López Obrador, con la intención de provocar un enfrentamiento o un conflicto, por pequeño que fuera, para crear una noticia artificial, en favor de los intereses conservadores que defiende. Nada tiene que ver aquí si sus afirmaciones sobre los niveles de violencia en nuestro país fueron correctos o no. Al final, coincidieron bastante con las cifras que maneja el gobierno.

Lo importante del incidente son los recursos que emplea Jorge Ramos, no para atestiguar la noticia y dar fe la misma con veracidad. Lo destacable, es la manera en que pretende crear una noticia, inducida por su conducta, donde la ética periodística está ausente. El reclamo social fue en ese sentido. No se puede aceptar que un periodista asista a un evento para generar condiciones de confrontación abierta y luego convertirlas en noticia. El periodista pasa aquí de ser observador de la verdad y cuestionador juicioso, a protagonista en un hecho creado por él mismo. Eso no es ético.

El caso de Reforma y su director general Juan Pardinas, es también elocuente. La línea periodística de este medio no se cuestiona en redes sociales. Está en todo su derecho al defender los intereses de los grupos conservadores en el país. Lo que se le reprocha, es la herramienta que usa cotidianamente para realizar esa defensa: la mentira.

Han sido desenmascaradas varias noticias falsas difundidas por este diario. Ha perdido mucha credibilidad ante la opinión pública. Su director carece d credibilidad actualmente y, sin embargo, su conducta no cambia. La línea de trabajo sigue siendo la misma.

La libertad de expresión no pasa por la mentira. Esa no es una vía ética en el periodismo. No puede ser aceptable una conducta que rompe con las reglas básicas de convivencia y atenta contra los derechos de las audiencias.

Y, sin embargo, la gran mayoría de los medios tradicionales, así como los periodistas y analistas con trayectoria de años, apoyan a estos dos personajes, de manera total y sin señalar alguna de las deficiencias profesionales que ocasionaron un notorio malestar en la sociedad.

Los periodistas se agrupan, cuando existe un problema con alguno de ellos, en un bloque compacto, con intereses profesionales bien definidos. Entienden al parecer que, si tocan a uno de ellos, por equivocado que sea su proceder, hacen vulnerable al resto del grupo.

Pocas veces aceptan que la conducta profesional de uno de sus integrantes, sea incorrecta. Y ahí hay un error elemental. La tolerancia para el periodismo que miente terminó. La sociedad no lo acepta.

La falsificación de la verdad pudo haber funcionado durante el neoliberalismo, pero hoy, se denuncia y reprueba. Los ciudadanos, no piden responsabilidad a los medios. Se la exigen. El compromiso con la verdad es obligación y no asunto de criterio personal. La prensa acostumbrada a maquillar o falsear la verdad, está condenada al total descrédito. Ya no hay vuelta hacia atrás.

El presidente López Obrador ha garantizado plena libertad de expresión en adelante. Ese es un derecho que siempre debió disfrutar la prensa. La democracia no puede convivir con la censura.

Pero esa libertad, trae aparejada responsabilidad. Y la única que se exige al periodismo, es con la verdad. Nada más. Ese es un reclamo ciudadano y no del gobierno en turno.

Como dije al inicio, los medios alternativos intentan manejarse con respeto a la verdad en el quehacer que desarrollamos. Defienden una línea política indudablemente, pero esa posición, en la mayoría de los casos, no rebasa los límites que marcan el respeto a la veracidad.

Al parecer, esto no es del agrado de algunos periodistas. Por una parte, se exige plena libertad de opinión y pensamiento, cuando se trata de los derechos de la prensa tradicional y por otra, se limita el mismo derecho a los espacios de noticias alternos.

Descalificaron la campaña en redes para dejar de seguir a Reforma. Lo consideraron agresión a un medio. Bloquear en estos casos, lo consideran agresión.

Como dije al inicio, Sin Línea fue bloqueada por el comentarista Víctor Trujillo. La causa, fue una respuesta sin mayor importancia a uno de sus tuits. No hay falta de respeto hacia su persona y únicamente se cuestiona la validez de la opinión que manifiesta.

¿Se vale exigir el derecho a la libertad de expresión únicamente cuando el afectado es el grupo profesional al que pertenecen? ¿Se vale limitar ese derecho que es indispensable para ellos, a otros que hacen un trabajo similar al suyo, por no considerarlos profesionales?

Hoy estamos viviendo nuevos tiempos. Los medios informativos en redes están creciendo y los representantes de la prensa tradicional, no las tienen todas consigo.

Mucho habrán de aprender y modificar, si quieren mantenerse vigentes en un mundo donde los jóvenes están imponiendo nuevas reglas y nuevos mecanismos de acceso a la verdad.

Les debe quedar claro que, como ha dicho el presidente, la libertad debe entenderse como un ejercicio de dar y recibir.

No puedes exigir para ti, lo que no eres capaz de otorgar y respetar en los demás.

 

Malthus Gamba
@MalthusGamba

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