De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía, el 40% del consumo de gas en la Unión Europea depende de Rusia, lo cual representa cerca de 155 mil millones de metros cúbicos al año, de los 400 mil millones totales que consumen los países miembros. Otros 114 mil millones los suministra Noruega que es el segundo proveedor de la región con entre el 20 y el 25% del mercado, y el resto lo reciben de Catar, EUA, Nigeria, Argelia y Azerbaiyán.

El proceso por medio del cual pretenden sustituir el gas proveniente de Rusia no es ni fácil de alcanzar ni rápido. Las ganas de dejar de hacerlo no cuentan; simplemente no hay alternativas para hacerlo en el corto plazo. La misma Comisión Europea reconoce que, por lo menos, seguirán dependiendo del gas ruso hasta el año 2027.

La Agencia mencionada ve como posible obtener 30 millones de metros cúbicos adicionales de fuentes distintas a Rusia en el curso de un año que solo representan el 7.5% del gas que consumen. En todo caso, en un mayor plazo el bloque puede encontrar nuevas opciones para diversificar las fuentes de suministro actuales. Así es que en el mejor de los casos, los próximos 18 meses Europa va a vivir angustiada por la posibilidad de que Rusia les corte el suministro y los congele.

En esta carrera de sustitución que llevan a cabo tanto Europa, para sustituir proveedores, como Rusia para sustituir clientes, los tiempos parecen darle la ventaja a Rusia, quien cuenta con varias alternativas para desviar sus entregas de gas antes de que Europa pueda abandonar totalmente su dependencia de los rusos.

El consumo de gas en Asia-Pacífico aumentará en unos 160.000 millones de metros cúbicos con respecto a los niveles actuales de hoy al 2025, de acuerdo con los especialistas de Vygon Consulting. Los volúmenes de las exportaciones rusas que actualmente fluyen hacia Europa podrían redirigirse a esta región en su totalidad, pero esto requeriría un desarrollo activo de la infraestructura de exportación: la construcción de nuevos gasoductos y plantas de gas licuado, que también llevará tiempo.

El gigante ruso del gas, Gazprom, firmó en marzo un contrato para el diseño de un gasoducto que permitirá suministrar a China a través de Mongolia cerca de 50.000 millones de metros cúbicos de gas al año. Se estima que los trabajos de construcción empiecen en 2024, mientras que su lanzamiento está previsto para 2027-2028.

Una opción inmediata para Moscú en caso de perder el mercado europeo, es aumentar los suministros a Turquía, país que no se ha unido a las sanciones antirrusas. Las capacidades de los gasoductos Turkish Stream y Blue Stream, que atraviesan el mar Negro, fueron cargados con 27.000 millones de metros cúbicos, que es más de la mitad de su capacidad, el año pasado, así es que la disminución que pudieran tener en la demanda europea este año se podría compensar con esta alternativa. Por otro lado informó este mes que las exportaciones por Poder de Siberia crecieron casi en un 60 % entre enero y abril, en comparación con el mismo plazo del año pasado.

Oportunidades para México

Hoy México recibe grandes cantidades excedentes de gas que dejaron contratados los gobiernos neoliberales corruptos y para los cuales México no tiene ni necesidad ni forma de utilizar. Se ha planteado la posibilidad de vendérselo a Asia que representa el mercado que crece más rápido en el consumo de este producto.

Con esta coyuntura en Europa, México tiene una buena oportunidad para salir del problema en el que lo dejaron los neoliberales con relación a las cantidades excedentes de gas pactadas en gobiernos anteriores a cambio de sobornos, cuyos contratos está obligado a cumplir. Esta oportunidad presenta dos alternativas de salida.

La primera es revender ese gas excedente en Europa, para lo cual tendrá que llegar a negociaciones comerciales con las empresas a las que les compra y con los gobiernos a quienes podría surtirles el combustible obteniendo un margen de ganancia en la operación que cubra los costos de gestión y algo de utilidad.

La segunda obedece a la prioridad que el gobierno estadounidense está dando a las sanciones contra Rusia, que lo presionan a ayudar a la Unión Europea con alternativas que le permitan sustituir su consumo de gas comprándolo a proveedores que no sean los rusos. En este sentido se abre la puerta para que México pueda negociar con el gobierno estadounidense la cancelación de los excedentes que tiene que adquirir para que estos se redistribuyan directamente desde los Estados Unidos, hacia países de la Unión Europea.

De esta manera México dejaría de pagar por excedentes de gas que no utiliza y que representan un problema de gestión.