Textos y Contextos

Por: Miguel Alejandro Rivera

Ya ha pasado mes y medio de la muerte de Mahsa Amini, una joven de 22 años que falleció mientras se encontraba bajo custodia de las fuerzas oficiales en Irán, detenida por la Policía de la Moral el 13 de septiembre pasado en Teherán debido a que llevaba mal puesto el velo y portaba “ropa impúdica”. Según la agencia iraní de noticias ISNA, la defensa de la familia ya ha solicitado a las autoridades una investigación detallada sobre cómo se llevaron a cabo el arresto y el proceso de trasladado de la joven al hospital, facilitando todas las pruebas documentales necesarias para esclarecer lo ocurrido.

Las autoridades en Irán afirman que Amini no fue maltratada, sino que sufrió un “fallo cardíaco repentino”; sin embargo, medios internacionales han recuperado declaraciones de su padre, quien ha dicho: “Mi hijo estaba con ella. Algunos testigos le dijeron a mi hijo que la golpearon en la furgoneta y en la comisaría; mi hijo les rogó que no se la llevaran, pero a él también lo golpearon, le arrancaron la ropa”; asimismo, según BBC Mundo, los policías llevaban cámaras corporales, pero las autoridades afirmaron al padre de la joven que en ese momento estaban sin batería.

Mahsa Amini era iraní, pero tenía su origen étnico en el Kurdistán, una nación que, desde la división de Medio Oriente en 1916, pactada por Francia e Inglaterra en el acuerdo Sykes-Picot, en el contexto de la primera Guerra Mundial, ha luchado contra el fundamentalismo islámico e incluso de frente al sistema mundo, que, luego del luego del Tratado de Paz de Lausanne (1923), no le permitió instaurar un Estado para tener voz en el concierto internacional.

No es casual que sea una mujer kurda el espíritu de la revolución ideológica y la liberación femenina que se vive en Irán. En el Kurdistán, la femineidad y el papel de la mujer son fundamentales para el desarrollo de su sociedad, muy distinto al pensamiento de otras culturas en la región. Ya desde 1909, Adila Khanim sucedió a su marido como gobernadora de Halabja y jefa de la tribu Jaf, una de las más importantes del Kurdistán; asimismo, en la actualidad, las guerrilleras kurdas son icónicas al defender con las armas su territorio; sólo por poner un par de ejemplos, Nahida Ahmed Rashid y Aila Hama Amin Ahmed son personajes admirados en su sociedad, algo que en Medio Oriente no es para nada común. “Una mujer soldado no imita un supuesto modelo masculino; está en su derecho el tomar las armas”, declaró Ahmed Rashid a Le Monde Diplomatique en 2015.

Y es que la imagen de la mujer que exporta el Medio Oriente no es la del empoderamiento que se promueve en el Kurdistán. Como bien relata en sus crónicas el periodista especializado en la región, Leandro Albani: “Según las imágenes difundidas por el mundo occidental, ellas sólo saben ser sumisas, hacerles reverencias a los hombres y bailar eróticamente como odaliscas, mientras ellos se regocijan en suntuosos harenes. Nada más alejado de la lucha de las mujeres (…) los medios occidentales no hablan de las incesantes luchas de las mujeres para establecer una equidad social con los hombres (…) las mujeres kurdas le respondieron a esa cultura machista, enfrentándose a sus propios camaradas de armas, ganando así puestos de mando en la lucha guerrillera. Dentro del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), las mujeres son autónomas, teniendo incluso un ejército propio”.

En materia de igualdad de género, la Constitución de la República Kurda reconoce la igualdad entre hombres y mujeres, el derecho de ellas a salir de casa y a participar en las actividades políticas. Esto, como lo explica la especialista Soheila Ghaderi Mameli en su texto Situación de las mujeres kurdas, les permitió luchar de forma activa en la Revolución de 1979 en el propio Irán, luchando contra la invasión de la República Islámica a los territorios del Kurdistán, cuyo derecho de autonomía lo obtuvieron en enero de 1946.

Además, algo que hasta hace muy poco era impensable en las naciones islámicas, en 2011 el Gobierno Regional del Kurdistán de la región autónoma en Irak instauró la llamada Ley 8, que combate la violencia doméstica, y aunque la falta de escuelas en la región, así como la pobreza y la represión de Estados como Turquía no permiten el desarrollo social y fomenta, por ejemplo, el matrimonio precoz de las kurdas, es una población que ha transformado la forma de ver a la mujer desde el punto de vista del Islam.

No obstante, aunque las leyes de los kurdos en sus comunidades autónomas son muy claras en cuanto a la igualdad, su condición de nación sin Estado los lleva a estar dispersos en varios países, como Turquía, Siria, Irak e Irán, por lo que sus costumbres se supeditan a las reglas de otros gobiernos. Ya desde 2008, Amnistía Internacional apuntaba; “La Constitución iraní garantiza la igualdad de todos los iraníes ante la ley. Pero, como muestra nuestro informe, ésta no es la realidad de los kurdos en Irán. El gobierno iraní no ha tomado medidas suficientes para eliminar la discriminación ni poner fin al círculo vicioso de la violencia contra las mujeres y castigar a los responsables”.

El ser revolucionarias ha sido una responsabilidad enorme; las mujeres que decidieron romper el fundamentalismo de la región se encuentran siempre en constante peligro. Sakine Cansız, Fidan Doğan y Leyla Saylemez, tres rebeldes líderes del Kurdistán, fueron asesinadas en el distrito 10 de París en la noche del 9 al 10 de enero de 2013; aunque el atacante murió de cáncer tiempo después, se descubrió su vínculo con las fuerzas de inteligencia de Turquía. Ni lejos de su territorio están en paz.

“La ola de arrestos comenzó en Kurdistán, poco después del funeral de Mahsa Amini”, dijo para DW Asieh Amini, una autora y activista por los derechos de las mujeres que actualmente vive exiliada en Noruega; a partir de ahí, se han diseminado, tanto las manifestaciones como la represión en todo Irán. Según cifras de la ONG Iran Human Rights, al menos 200 personas han perdido la vida durante las protestas, de las que una veintena son menores, y hay miles de detenidos. Muchos de ellos no son arrestados durante las protestas, sino de forma arbitraria en sus hogares o lugares de trabajo después de que las autoridades ordenaran practicar “detenciones preventivas”, según denuncia el Centro para los Derechos Humanos en Irán.

Leandro Albani cuenta sobre su entrevista Harum, un comandante del PKK, quien le dijo: “En Medio Oriente hay un proverbio que dice que la mujer tiene su nombre, pero no existe. En las sociedades originarias de las cuales venimos nosotros, no había Estado Nación, y la mujer participaba naturalmente de la sociedad. La mujer que participa en nuestra lucha insurgente prueba que existe y como ser humano, sin hablar de igualdad, es un actor activo como todos”.
Actualmente, las mujeres, de todas las edades, han salido a las calles para cortarse el cabello o quitarse los velos públicamente en Irán y, como lo decía Harum, con ello le recuerdan al mundo que existen y son un agente activo de su sociedad que clama por justicia para Mahsa Amini y por tener derechos para ellas y sus futuras generaciones.

Por Columnas

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