Recuperación económica y sentido común

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la profunda caída que sufrió la economía en marzo, abril y mayo, comenzó a recuperarse en los meses de junio y julio en forma igualmente pronunciada a la de la caída, pero en sentido ascendente, pareciéndose a la forma de una V labiodental.

Solo en julio, el indicador global de la actividad económica continuó su recuperación y creció 5.7% a partir del nivel que había registrado a finales de junio, subrayando que las actividades primarias de la economía, crecieron en 13.9% en ese mes, las secundarias lo hicieron en 6.9% y las terciarias en 4.6%.

Para explicarlo mejor, las actividades primarias son las que se basan en extraer bienes de la naturaleza, como la minería, la pesca, la extracción de petróleo, la agricultura, la ganadería, etc.; las actividades secundarias son las que realizan las empresas para fabricar productos terminados y se incluyen todas las manufacturas; y las actividades terciarias son las que se dedican a proveer servicios que requieren las personas, como telefonía, banca, gobierno, comunicación, transporte, etc.

Hay que tomar en cuenta que entre los meses de marzo, abril y mayo, la economía cayó en poco más del 21%, pero en los meses de junio y julio ha recuperado 11.2%; es decir, que todavía nos falta recuperar otro 9.8% que perdimos en los primeros dos meses, para estar en el nivel que la economía tenía antes de marzo.

Aunque así sea, la recuperación de este indicador económico ha sido muy sorprendente, porque en solo dos meses ha crecido a un ritmo de 5.6% mensual. Tendremos que esperar a que el INEGI publique los números oficiales de la actividad económica para los meses siguientes, a fin de saber qué tanto hemos podido recuperar en septiembre, pero si continuamos al ritmo de junio y julio, la caída podría haberse recuperado totalmente para el mes de octubre.

Por otro lado, las cifras de recuperación del empleo son igualmente alentadoras en estos meses, cuando el mismo INEGI anunció que ya se habían recuperado 7.8 millones de empleos de los 12 millones que se perdieron en total durante marzo, abril y mayo.

Así es que a pesar de los pronósticos catastrofistas de los opinólogos pagados por quienes han perdido sus privilegios, de las calificadoras internacionales de riesgo crediticio, de los pronósticos oscuros del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial sobre el futuro de la economía mexicana, la nueva fórmula económica aplicada por el gobierno federal está dando resultados espectaculares.

A partir del ahorro en el gasto del aparato gubernamental, el combate a la corrupción en las adquisiciones oficiales, la inyección de grandes cantidades de dinero del presupuesto en impulsar el consumo a partir de créditos y apoyos sociales, estamos recuperándonos a un ritmo que nadie esperaba, sin adquirir deuda adicional, logrando que los niveles de recaudación de impuestos se haya mantenido a pesar de la emergencia sanitaria, y con el apoyo invaluable de las remesas que nos envían nuestros paisanos desde el otro lado de la frontera.

Por lo visto, las recetas económicas que siempre nos habían vendido los organismos financieros  internacionales, ya no son necesarias para un país en el que por primera vez, estamos aplicando una fórmula propia, que no copiamos de otras partes del mundo. Lo estamos logrando mientras aplicamos medidas de sentido común, lo que hace más de 40 años no pasaba en los gobiernos de este país.

Como dijo el poeta y pintor francés Max Jacob: “El sentido común es el instinto de la verdad”.