Textos y Contextos

Por: Miguel Alejandro Rivera
@MiguelAleRivera

En una declaración emitida por la copresidencia del Congreso de Sociedades Democráticas del Kurdistán en Europa (KCDK-E) se pidió que el 10 de octubre fuera declarado Día de Acción Mundial por la Liberación de Öcalan. El documento afirmaba: “La conspiración internacional cumple 21 años mientras Turquía sigue atacando todas las partes del Kurdistán. El aislamiento implementado contra Öcalan se implementa contra todo el pueblo kurdo. Turquía está llevando a cabo operaciones psicológicas y armadas en Oriente Medio, a través de la ocupación, la tortura, la violación, el linchamiento, las masacres y el genocidio. Es hora de poner la paz, la estabilidad y la libertad como una alternativa al fascismo”.

Pero, ¿quién es Abdullah Öcalan y por qué debiera importarnos que se encuentre preso en una de las cárceles más aisladas del mundo, en la isla de Imrali, mar de Mármara, bajo el mando del gobierno turco? En principio, es importante saber que es el líder más importante del Kurdistán, un pueblo que no tiene derecho a ser un Estado, ni a ser un país, un grupo que defiende su derecho a ser nación ante intereses imperialistas que buscan desaparecerlo.

El proceso de asedio contra el Kurdistán es complejo porque no sólo abarca la desaparición forzada de guerrilleros por parte de grupos armados como el Estado Islámico o a partir del acoso del gobierno turco, sino también, expone una desaparición colectiva a través de dinámicas sistémicas utilizadas por los países que le rodean e incluso otras naciones potencia, para borrar de raíz la identidad kurda y todo lo que ella implica.

¿Cómo fue que este espacio quedó dividido entre lo que hoy identificamos como Siria, Irán y Turquía? En mayo de 1916, en plena Guerra Mundial, Francia e Inglaterra firmaron el tratado de Sykes-Picot para definir el grado de influencia y control de ambos países en el Medio Oriente en caso de que la Triple Entente obtuviera la victoria en contra del Imperio Otomano, lo cual sucedió.

Aunque existen antecedentes de planes que la Gran Bretaña tenía en la región, se considera que dicho Tratado dio forma a la geopolítica moderna de Medio Oriente, pues marcó las fronteras entre Irak, Siria, Irán, Cisjordania, los territorios de Palestina, entre otros varios espacios. La idea central de comenzar con estos trazos fue el pensamiento de “divide y vencerás”, pues a muchos liderazgos del Imperio Otomano se les ofrecieron Estados de corte occidental si garantizaban la derrota de sus aliados, abandonando las formas de organización que tenían antes de la inmersión occidental.

A la caída del sultanato otomano en 1922, muchos de los líderes de Oriente Medio fueron traicionados y otros siguieron cooptados bajo los intereses imperialistas de occidente, por lo que los conflictos étnicos y políticos en la región comenzaron o se agravaron; en ese revoltijo están los kurdos, quienes luego de cien años, siguen luchando por no desaparecer. En ese mismo desastre, se funda Turquía, el 29 de octubre de 1923, bajo el liderazgo de su más grande héroe nacional, Kemal Atatürk.

Desde entonces, los kurdos son incómodos para el sistema que se implementó en Medio Oriente después de la Primera Guerra Mundial. Su organización política, su visión del mundo y de la

sociedad, no encajan en la región: el papel de la mujer, por ejemplo, es básico para el desarrollo de su vida pública e incluso militar, y las minorías no son vistas como tales; contraste enorme, por ejemplo, con la revolución feminista que hoy experimenta Irán tras la muerte de la joven de 22 años, Mahsa Amini, quien fue atacada por la Policía de la Moral de aquel país en Medio Oriente, presumiblemente por no haber portado bien su velo.

Siendo que los más o menos 35 millones de kurdos que existen están repartidos en Irak, Siria, Turquía, algunos países de Europa del Este e Irán, muchas mujeres kurdas también han sufrido represión en éste último país, ahora que las mujeres exigen cambios esenciales para su devenir social.

Todas estas perspectivas las representa un hombre; Abdullah Öcalan, quien es considerado incluso un precursor de la lucha feminista en la región. Topógrafo de profesión, el delito de Öcalan fue fundar en 1978, junto con su mujer, Kesire Yildi­rim, y sus seguidores Haki Karer, Kemal Pir y Mazlum Dogan, el Partido de los Trabajadores del Kurdis­tán (PKK), para reivindicar los derechos de los kurdos, respetando la religión musulmana y sus arraigadas tradiciones. En 1998 fue expulsado de Siria y en 1999 atrapado en Kenia, mientras se dirigía a Sudáfrica para ser recibido por Nelson Mandela. La inteligencia de Turquía, de los Estados Unidos y de Israel trabajaron en conjunto para aislarlo hasta nuestros días.

En 2016, Öcalan se reunió con su hermano y le aseguró que no se rendiría. Sus últimas palabras conocidas son: “Si el Estado (turco) está listo, puede enviar a dos personas a la isla y podemos empezar las negociaciones (de paz). Estamos preparados para eso. Por otra parte, cualquiera puede hacer lo que quiera. No tengo miedo del Estado. Ellos me pueden ejecutar aquí, pero nunca tomarán posesión de mi voluntad”.

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