Plantón surrealista

Este fin de semana nos enteramos que un grupo de ultraderecha llevaría a cabo una protesta en la Ciudad de México, organizando un plantón en el zócalo. Sin embargo, por razones de seguridad y para evitar enfrentamientos con otros grupos en la plaza central, los detuvieron en la avenida Juárez frente a Bellas Artes.

Se trataba de alrededor de 200 manifestantes armados con casas de campaña para niño, en las que apenas cabe una persona, que dadas las circunstancias y después de haber emitido sonoros alaridos e imprecaciones contra el gobierno de la ciudad y contra la policía durante mas o menos una hora, decidieron montar sus tiendas de campaña ahí mismo, sobre la superficie de circulación vehicular de la avenida Juárez.

Su líder, Gilberto Lozano, un sujeto especialmente estridente y mesiánico, juró que se mantendrían firmes y estoicos en el plantón callejero, hasta que el Presidente de la República tomara la decisión de renunciar, a cambio de lo cual ofrecían liberar la calle como moneda de negociación.

Así, apoyados por empleados que les ayudaron a transportar las carpas, montaron unas 400 casas de campaña sobre la calle, mientras su líder repartía billetes de 500 pesos al grito de Dios, Tierra y Libertad, en una suerte de arenga cristera – zapatista, seguramente como pago por quedarse a cuidar su infraestructura de protesta.

Algunos de ellos utilizaron parte de la tarde del sábado para rezar hincados sobre el asfalto, y para caminar a lo largo de los pasillos formados por la disposición de las carpas, bendiciendo a los transeúntes que pasaban y que los observaban divertidos, mientras su respetado líder los supervisaba desde el primer piso de un edifico de esa misma avenida, resguardándose así del frío y del viento.

Hasta ese momento todos los espectadores, esperaban con cierto morbo el momento en el que llegaran los manifestantes que iban a ocupar todas esas carpas, porque con los más o menos 50 que había en el plantón, no se entendía para qué hubieran instalado tantas, pero esto no sucedió.

Durante las primeras horas de la noche se aglomeraron unos 20 vecinos del centro para enfrentar a los manifestantes con diatribas, entre las que se escuchaban frases como “¿Por qué no protestaron antes?” “Hasta ahora ven y oyen” “El cambio está en uno mismo” “Se callaron mientras nos saqueaban” “Pónganse a trabajar inútiles” y algunas otras con un tono más subido.

Durante la noche los manifestantes desaparecieron, escurriéndose sigilosamente por las calles laterales, sin que su estoico líder apareciera por ningún lado, puesto que él mismo había decidido dormir en el Hotel Hilton de esa avenida. Sólo quedaron dos veladores a cargo de las carpas protestantes.

Al día siguiente volvieron a aparecer unas 40 personas alrededor de las tiendas de campaña, repitiendo la práctica religiosa hincados en la calle.

Poco después del medio día sucedió lo que podríamos atesorar en nuestra memoria como uno de los episodios más patéticos de la lucha social en el mundo. A menos de 24 horas de haber gritado a los 4 vientos que no se moverían de ahí, en los años que fuera necesario para que renunciara el Presidente, apareció su inquebrantable líder tocándose el abdomen, ayudado por una mujer que lo sostenía del brazo y escoltado por un policía que lo cuidaba, argumentando que se sentía mal; abordó un taxi y desapareció en el tráfico con rumbo desconocido, dejando abandonados a sus seguidores a su suerte en plena calle, a cargo de las 400 carpas que protestaron solas contra el gobierno durante toda la noche.

La segunda noche fue igual pero con menos gente; sólo estuvieron ahí las carpas levantadas por el viento y azotadas por la lluvia, pero firmes en su aparente intención de hacer renunciar al Presidente.

Estamos presenciando un plantón surrealista, donde los principales protagonistas son 400 carpas vacías, probablemente en espera de ser ocupadas por algún ejército de bots de los que este grupo utiliza para inflar tendencias en las redes sociales.

Como dijo nuestro compañero Rodrigo Guillot: “Tuvieron que pasar 12 años para que la derecha admitiera que el plantón es una forma legítima de protesta. Tal vez tengan que pasar otros 12 para que aprendan que a los plantones hay que llevar gente”.