Hay dentro de un movimiento, posturas con distinta visión de la realidad y si el proyecto es sólido, se escucha y respetan todas las opiniones. Un bloque homogéneo donde no existan interpretaciones que se enfrentan ocasionalmente, es difícil de pensar y construir.
Pero si los criterios pueden ser distintos casi en cualquier tema, existen aspectos básicos donde no caben ni la duda, ni la discrepancia.
Hoy el presidente López Obrador, en su conferencia mañanera, tocó uno de estos puntos fundamentales, que constituyen la base del movimiento de transformación en el país.

Y lo dijo con toda claridad.

“Dicen: vamos a conciliarnos. La verdad, la verdad: yo tengo que atender a todos y respetar a todos. Pero yo no quiero tener relaciones con corruptos. No quiero. No quiero que en aras de la unidad, me esté yo abrazando con corruptos que le han hecho tanto daño al país”.

Esa premisa en la Cuarta Transformación es de observancia obligada, si de verdad se forma parte de este movimiento nacional.

La hipocresía conservadora intenta convencer al grueso de los mexicanos, de que existe una polarización dentro de la sociedad del país, que tiene su origen en el discurso que maneja el presidente López Obrador. Y esto es lo más falso que puede sostener la clase reaccionaria.
Lo que denominan “polarización”, es la expresión de una “lucha de clases”tan vieja como el origen de la acumulación de la riqueza. El enfrentamiento permanente entre quienes todo tienen y los que carecen hasta de lo elemental para seguir viviendo.

La lucha entre poseedores y desposeídos no se da solo en México, en función del discurso presidencial. Es un fenómeno mundial que no deja espacio sobre la Tierra donde las cosas marchen en forma distinta.
Lo que atestiguamos en el México actual, es un fenómeno democrático que permite a la gran mayoría de los ciudadanos, interesados en un cambio político y social, optar por una alternativa que mejore sus condiciones y calidad de vida.
La gente se cansó de la monstruosa desigualdad en el país. Se cansó de ver como un pequeño sector privilegiado, saqueaba la riqueza nacional, vendía soberanía, generaba violencia extrema y condenaba a la miseria y muerte al sector más amplio y desprotegido de la sociedad.
2018 es el parteaguas histórico, que marca el inicio de una revolución pacífica, que realiza cambios fundamentales, pensando en el beneficios de la gente.
El Movimiento de Cuarta Transformación, trata precisamente de revertir esta polarización evidente, entre quienes tienen todo en abundancia, mientras el núcleo social más numeroso, nada tiene.
Esa es la real polarización que vive el país y gracias a los cambios que ha impulsado este gobierno, la distribución de la riqueza nacional, comienza a ser más justa.
Cuando un conservador habla de reconciliación, en realidad hace un llamado para que se ponga fin a un cambio político-social, que le impide acumular ganancias, por cualquier vía. Quiere que quienes ahora reclaman sus derechos ciudadanos, arrojen las banderas de la transformación, para darles un abrazo que selle la “paz social” que les beneficia.

Que no se hable más de su inclinación hacia la corrupción. Que se les acepte tal y como son y se les permita participar de nueva cuenta en el gobierno federal.
Que se pague más publicidad a los propietarios de los grandes medios de información. Así radio y televisión hablarán bien del gobierno.
Desean conseguir contratos jugosos, sin necesidad de participar en licitaciones públicas. Que se les rescate económicamente, si sus empresas se hunden por la misma corrupción que profesan e impulsan.
Los pequeños grupos privilegiados insisten en esa reconciliación que deja las cosas tal y como estaban antes del 2018.
Ese sentido tienen sus llamados a la paz social y al fin de la polarización que pone a la vista un tema que les molesta en extremo: La lucha de clases.
Uno entiende esa forma egoísta de pensar, que es parte de la esencia de la clase económicamente poderosa.
Pero que alguien que se dice representante de la Cuarta Transformación en el Congreso de la Unión y coordinador de la bancada de Morena en la Cámara de Senadores. mantenga una visión de este tipo. en contra del Movimiento que dice defender, es insultante y traiciona sin más, el proyecto que defiende Morena.
Por eso la dureza en el mensaje que envía el presidente López Obrador el día de hoy.
No hay reconciliación posible con los corruptos del pasado. No puede verse como probable, un abrazo entre el presidente de México y Claudio X González, o el “Diablo” Fernández, de FEMSA.

Tampoco una entrevista donde el anfitrión sea Carlos Loret de Mola, Víctor Trujillo, o Carmen Aristegui.

¿Cómo podría darse una reconciliación entre los precandidatos a la presidencia por Morena, con políticos de la talla de Cabeza de Vaca, Vicente Fox, Felipe Calderón, o Ricardo Anaya?

Solo a un personaje tan oscuro y acomodaticio como Ricardo Monreal, puede ocurrírsele una idea de este tipo.
Porque la bandera que enarbola Monreal en este momento, es precisamente la de la “reconciliación”. El mismo manchado estandarte que acompaña a Claudio X González y los suyos.

Nos hablan de que “todos somos mexicanos” y que por este simple hecho, la hermandad y la concordia, deben reinar en el país, sin importar que unos sean los ofensores permanentes y otros los ofendidos históricos.

El discurso de la “reconciliación”, es producto chatarra que intenta vendernos el conservadurismo, dentro y fuera de Morena. Porque Ricardo Monreal defiende banderas reaccionarias, desde el interior del Partido.

Su fiel lacayo, Gibrán Ramírez, sale en defensa de su jefe, argumentando con total descaro, que lo que se intenta es una reconciliación en “la parte baja” de la sociedad. No entre políticos.

Como si la oposición se encontrara también en “la parte baja” de la estructura social.

López Obrador, ya en el tramo final de su sexenio, comienza a hablar con más fuerza, sobre el futuro político de nuestro país.
“Vamos a tratar de rescatar de la pobreza al mayor número de mexicanos. Pero también queremos que esos mexicanos no pierdan su parte humana, su sencillez, sus valores y su ética, al momento de salir de la pobreza. Porque ese fenómeno es muy común entre los aspiracionistas. Tienen un poco más de lo acostumbrado e inmediatamente se sienten fifís y se vuelven reaccionarios. Comienzan a despreciar al Pueblo. Y nosotros queremos ciudadanos mejores en todos aspectos”

No habrá reconciliación, mientras gobierne la Cuarta Transformación.

Hoy hay más democracia que nunca en el país. Los dueños del dinero, no han perdido ningún centavo de sus enormes fortunas, durante los primeros cuatro años del gobierno de López Obrador.

Mantienen su Poder Económico en México.

El Pueblo, el Gran Oprimido histórico, tiene hoy el Poder Político, gracias al Movimiento de cambio iniciado.
Eso es democracia.

Pero la ambición conservadora es enorme y quieren el pastel completo.
Poder Económico y Político.

Y como ese último no lo podrán ganar en 2024, te inventan la historia de la “reconciliación”, para ver si el ciudadano común, al que consideran ignorante y tonto, se autoderrota en un abrazo fraterno con sus opresores de toda la vida.
Esperan mucho, porque eso no va a pasar.

Malthus Gamba