México y el G20

Esta mañana Andrés Manuel López Obrador asistió a la primera reunión virtual de las naciones más económicamente poderosas del orbe, tipo de reunión, por cierto, que la oposición consideraba irrealizable, en donde el mandatario mexicano plantea un nuevo discurso e innovador paradigma económico antes nunca expresado en estos niveles.

México ha sido reconocido por la Organización Mundial de la Salud como el primer país en entender la naturaleza de la pandemia, planear la respuesta y tomar las acciones adecuadas. Apenas un mes después del primer brote en China, nuestras autoridades sanitarias ya habían establecido y puesto en práctica la manera en que enfrentaríamos la emergencia.

Tomando las recomendaciones de la OMS y la experiencia mundial en estos casos, el gobierno mexicano reconoció lo que los especialistas internacionales han expresado en múltiples ocasiones: las pandemias no pueden ser contenidas y cerrar fronteras es siempre contraproducente. En consecuencia, la medida más inteligente es la administración de la velocidad de contagio, buscando aplanar su curva de dispersión, con el objeto de no saturar o rebasar el sistema de salud.

Pero el factor sanitario no puede ser el único a considerar pues ¿de qué sirve un pueblo no contagiado, pero diezmado financieramente, con hambre y en crisis? Por lo que es imperativo equilibrar las acciones tendientes a frenar el contagio con aquellas destinadas a disminuir el impacto económico.

Lo anterior no sólo es válido para nuestro país, sino también para el resto del mundo pues vemos ya economías tan sólidas como la italiana, española o francesa, que tomaron medidas extremas de aislamiento social cómo no lograron contener el avance del COVID19, pero sí quebraron sus mercados, sumiendo a sus habitantes en un colapso económico hasta ahora sólo comparable al de la post guerra mundial, y que aún no toca fondo.

Por todo ello, el presidente de México expresó ante el G-20 que es necesario cambiar la forma en que tradicionalmente se enfrentan las crisis sanitarias y económicas a nivel global. Puso sobre la mesa de discusión factores como la protección a los más vulnerables, atacar el acaparamiento y la especulación de medicamentos y equipos imprescindibles para combatir la pandemia y garantizar la accesibilidad de todos los países a estos insumos. En suma, que las naciones dejen de ver sólo por sí mismas y aplicar en todo el planeta una estrategia con enfoque social.

Es claro y evidente que esta manera solidaria y fraterna es la única vía en que se puede garantizar que la economía mundial no se vea sumergida en un oscurantismo tan catastrófico como lo fue la Gran Depresión de 1929 en los Estados Unidos de América.

Ante el constante golpeteo de una oposición en nuestro país que todos los días muestra su pequeñez moral y su mezquindad, la administración federal ha enfrentado la presente crisis con inteligencia, sin ceder al pánico y haciendo caso omiso de las estridentes voces de la comentocracia, de algunos actores políticos, de empresarios retrógrados y, mucho menos, de actores, cantantes o líderes de opinión en redes, quienes todos juntos, sólo llegan a influenciar a un muy pequeño sector de la población.
Podemos tener confianza en que las actuales autoridades poseen un plan sanitario y económico cuidadosamente diseñado y puntillosamente ejecutado, que cuenta con el aval de la ONU, la OMS, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y hasta el de la Unión europea, quienes ya nos toman como referencia para corregir el rumbo y las decisiones que ellos han tomado.
Hoy vimos como México pone sobre la mesa del G-20 un planteamiento que puede modificar la manera en que el mundo enfrenta las crisis. Una muestra de liderazgo sin precedentes.

La única manera de vencer es con fraternidad universal.