Mayistas del mundo rinden homenaje a Yuri Knórozov, en el centenario de su natalicio

Hace exactamente un siglo, nació el científico ruso que acabó con 500 años de misterio maya, Yuri Knórozov(1922-1999) El lingüista soviético logró lo que muchos estudiosos de su tiempo consideraron imposible. Cuando los mayistas occidentales se habían rendido, Yuri creó un método brillante que no solo descifró los textos mayas, sino que revolucionó la manera de entender las escrituras antiguas.

La aportación de Knórozov  es notable en la historia de una de las aventuras intelectuales más apasionantes de la humanidad: el desciframiento de la escritura jeroglífica maya. En el centenario de su natalicio, 16 especialistas de México y del extranjero, en arqueología, historia, religión, iconografía y epigrafía, rinden homenaje al científico.

Su hazaña, no obstante, resultó escandalosa, ya que la comunidad científica se resistió a admitirla durante casi dos décadas, pues no daban crédito de cómo un lingüista tan joven pudo hacer lo que ellos no, sin haber pisado siquiera las ciudades mayas.

Casi antes de morir, Knórozov tuvo la oportunidad de cerrar el círculo que lo convirtió en el máximo vocero de esta civilización ancestral, al visitar sus ciudades sagradas y escalar sus palacios piramidales, desde donde contempló en silencio el mundo que hoy lo reconoce.

El encuentro académico, organizado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), mediante los institutos de investigaciones Estéticas (IIE) y Filológicas (IIFL), comprende tres jornadas de reflexión en el Museo Nacional de Antropología (MNA), las cuales también se transmiten por INAH TV, de las 11:00 a las 14:00 horas.

En la apertura, la coordinadora nacional de Arqueología del INAH, Martha Lorenza López Mestas, recordó que, en 1958, comenzó a gestarse un cambio drástico en el devenir del desciframiento de los jeroglíficos mayas, cuando el investigador de origen ucraniano, en la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, Yuri Knórozov, demostró que la naturaleza de la escritura de esta antigua civilización era, fundamentalmente, fonética, contradiciendo los supuestos del erudito inglés John Eric S. Thompson.

A siete décadas de distancia, dijo la arqueóloga, las pautas dadas por él han servido a la comprensión de la vida de los mayas prehispánicos, porque sin ellas, “no tendríamos acceso a las gestas de las élites que quedaron plasmadas en edificios, esculturas y estelas, ni tampoco conoceríamos los pormenores del calendario y, con ello, de la cosmovisión e ideología de estos pueblos”.

A su vez, el curador del acervo maya del MNA, Daniel Juárez Cosío, expuso que Knórozov llevó a cabo estas revelaciones sin haber pisado las tierras del sureste mexicano y de Centroamérica, donde se desarrolló esta cultura. Su monografía sobre los mayas se publicó en 1963, y también, aparecieron las primeras traducciones al español en la revista Estudios de Cultura Maya, dirigida por Alberto Ruz L’huillier.

Su primera visita a México fue hace 30 años, en 1992, cuando impartió conferencias en el Museo del Templo Mayor, en Ciudad de México, y recorrió sitios de Tabasco, Chiapas y Yucatán. En 1994, en la Embajada de México en Moscú, recibió la Orden del Águila Azteca, la máxima distinción que otorga el gobierno mexicano; regresaría al país en dos ocasiones más, siendo memorable su participación en el Tercer Congreso Internacional de Mayistas, celebrado en Chetumal.

Fue en el contexto de la Guerra Fría “que se dieron a conocer y se debatieron las ideas de Knórozov, retomadas, décadas después, por una nueva generación de epigrafistas que consolidó una forma de revolución epistemológica, como Tatiana Proskouriakoff, Heinrich Berlín y David H. Kelley, entre otros”, sostuvo el arqueólogo.

El director del Centro de Estudios Mayas del IIFL de la UNAM, Roberto Romero Sandoval, rememoró una anécdota, según la cual, hacia finales de la Segunda Guerra Mundial, durante el avance del Ejército Rojo sobre Berlín, Knórozov rescató entre las llamas de la Biblioteca Nacional, el libro Códices mayas, editado por los hermanos Villacorta, en 1930, en la ciudad de Guatemala, el cual contenía la reproducción de los tres códices mayas conocidos hasta entonces: DresdeMadrid y París.

Hizo hincapié en que, pese a desacuerdos con sus pares, siempre fue reconocido por los mismos, entre ellos Linda Schele, quien en una entrevista con la periodista Adriana Malvido, manifestó: “El doctor Knórozov, junto con Proskouriakoff, Berlín y Floyd Lounsbury, es uno de los creadores increíbles del desciframiento. En los años 50, nadie, salvo David Kelley y Michael Coe, aceptó su método, pero era absolutamente certero. Fue una aportación con la que se ganó la inmortalidad”.

Fuente: INAH-Sputnik Mundo/CanalesTI, ACM.