La doble moral de los medios o ¿indignación selectiva?

Vivimos tiempos de cambio, de transformación.

Y estas modificaciones que afectan a buena parte de la vida nacional, tal y como la conocíamos antes de la llegada al poder de la Cuarta Transformación, han implicado desacuerdos e incluso descontento en aquellos que ven amenazados de alguna manera, sus espacios particulares.

Los cambios implican reajustes y esto, no siempre es entendido adecuadamente.
En la conferencia mañanera del lunes anterior, fuimos testigos de cómo un bloque de periodistas formados en las escuelas que imparten esta carrera, solicitaban al presidente que les fuera retirada la acreditación como reporteros, a quienes aún haciendo trabajo periodístico para medios alternos, no tuvieran la licenciatura acreditada.
Es decir, defendían su espacio particular, ante la invasión de gente no profesional, que realiza la misma actividad que ejecutan ellos a diario.

Una especie de doctrina Monroe, aplicada al espacio informativo que se genera en Palacio Nacional diariamente: “la mañanera, solo para los profesionales con licencia”.

Esta petición fue rechazada tajantemente por el presidente López Obrador.
Los periodistas de profesión, no son los únicos que tienen acceso a los espacios democráticos que está abriendo el gobierno del cambio.

Por otra parte, el periodista Alejandro Páez Varela, director del portal Sin Embargo, tomó posición personal sobre lo que sucedió en el evento del zócalo capitalino, donde el también periodista conservador, Irving Pineda, fue “agredido” de palabra, por la gente que había asistido al evento en apoyo al primer informe de gobierno del presidente López Obrador.

También criticó la expulsión de Hernán Gómez, de la marcha conservadora, verificada en la misma fecha.

Lo importante en esta crítica personal, es que solicita al presidente López Obrador, actuar penalmente contra quienes cuestionaron (en el más amplio sentido de la palabra) a Irving y expulsaron de la marcha a Hernán.
Que se finquen responsabilidades a ciudadanos que sin lanzar un golpe, sin recurrir a otra cosa que no sea la descalificación o conminación verbal, hacen valer su derecho a la expresión.

Si estas mismas palabras se hubieran dado en otro escenario, donde solo una persona, o unos cuantos ciudadanos hubieran reclamado a los periodistas señalados, el hecho no habría sido noticia. Nadie hubiera puesto en duda que ese tipo de descalificaciones, son parte del oficio periodístico, o de quienes son figuras públicas.
Siempre habrá quien aplauda y quien descalifique.

Pero como se dieron dentro de eventos concurridos, fueron decenas de voces las que reprocharon a ambos personajes su actuación particular.

Aquí la diferencia está en que Hernán Gómez entendió muy bien lo sucedido y no dio mayor importancia al asunto.
En cambio, Irving Pineda se vistió de mártir y en la conferencia mañanera del lunes siguiente, lloró sus amarguras en el hombre del presidente López Obrador.

Fueron situaciones naturales en un evento y en una marcha, que en realidad constituyen incidentes menores.
Pero tanto Irving Pineda, como Páez Varela, han intentado hacerlos crecer.

El primero, exigiendo la salida de quienes no son periodistas profesionales de las conferencias mañaneras, argumentado que “se burlaron de él”. En realidad, los problemas entre profesionales y “amateurs” en las mañaneras, datan de tiempo y tienen que ver más con el desprecio de los primeros hacia los segundos.

Los periodistas profesionales no aceptan la fuerte competencia que les están dando los participantes en redes sociales.
En lo que corresponde a Paéz Varela, hay que decir que se trata de un periodista de corte conservador, que navega con bandera de independiente. El portal “Sin Embargo” golpea sistemáticamente a la Cuarta Transformación y al presidente. Pero lo hace guardando el mínimo de formas, para no descararse totalmente ante su audiencia.
Hay que ver como echó flores el portal Sin Embargo a la marcha “fifí”, hablando de “multitudes” que participaban en el desfile, cuando los datos oficiales señalan una pobre asistencia de cuatro mil integrantes.
Pedir acción penal contra los ciudadanos por expresar su sentir a quienes son personajes públicos, llamando a esto “agresión”, es algo desproporcionado y estúpido.

Decirle “chayotero” a un periodista conservador, que diariamente muestra falta de objetividad en sus preguntas al presidente, no es insulto. Es una apreciación general que incluso merece respeto.

Pedirle a un personaje público que abandone una marcha y pase a reportear desde la banqueta, porque su presencia no es grata dentro del contingente, tampoco es agresión física.

Los periodistas convencionales piensan aún en “modo neoliberal”. No han podido cambiar la cinta y adecuarse a los nuevos tiempos que corren.
No son ya el Cuarto Poder. Eso quedó en el pasado.

Su trabajo profesional es respetado, cuando se ajusta a la realidad nacional, o cuando no usan caretas o disfraces para ocultar su verdadera inclinación política.

No les gustan los reporteros que cubren las conferencias mañaneras del presidente, porque la mayoría de esos enviados, son declarados simpatizantes de la Cuarta Transformación y lo dicen claramente.
Los reporteros de Sin Censura, Petróleo y Energía, Sin Línea y otros más, ven positivo el trabajo de la Cuarta Transformación y no por eso dejan de ser críticos de la misma, cuando hay situaciones por aclarar.
La prensa conservadora hace crítica negativa a diario. Para ellos, ninguna acción del actual gobierno es positiva. No hay hechos rescatables en el primer año de la Cuarta Transformación.
Esa forma de actuar y opinar, molesta mucho a una audiencia despierta e informada, que no se traga una mentira tan grande.

El cambio que significa la Cuarta Transformación, se les está indigestando a quienes se consideraban clase aparte durante el neoliberalismo.

Los periodistas de antaño, no aceptan la competencia de los nuevos medios de información alternativa. Pero no les queda de otra que aguantar.

Nadie les está pidiendo permiso para competir en la difusión de información verídica y objetiva.
Deben entender que en adelante, están sujetos a la crítica pública y que si bien debe estar protegida la integridad física de todo periodista amenazado, no todo reclamo social, constituye amenaza.
“Chayotera” sigue siendo buena parte de la prensa profesional. Hoy no paga el gobierno el “chayote”, pero sí lo reciben de los intereses económicos y políticos que contratan sus servicios. Esa es una nueva variante del “chayoteo”.
Que los ciudadanos se den cuenta de esta situación y la manifiesten ante la presencia de quienes tienen un comportamiento poco profesional, ni es delito, ni atenta tampoco contra quienes se dicen representantes de la libertad de expresión

¿O es que quieren que esa libertad sea también derecho exclusivo de ellos?
En tiempos de la Cuarta Transformación, no va a ser posible.

Malthus Gamba