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Para México la situación cambió drásticamente en estos últimos 4 años, sobre todo en materia de soberanía. Quedaron atrás los tiempos en los que un consejo del Fondo Monetario Internacional era como una instrucción a un subordinado que tenía que cumplirse sin hacer el más mínimo gesto, para evitar que nos sancionaran con levantarnos la canasta de los préstamos.

A partir del inicio de la 4ª transformación, la política económica del país empezó por evitar solicitar deuda adicional a la que ya habían contraído los ladrones que gobernaron antes del 2018. Y no hay que confundir las cosas; solicitar deuda no es tan malo siempre que el dinero lo inviertas en proyectos que produzcan suficiente para cubrir sus costos y para pagar sus pasivos; pero si nadie sabe dónde la invertiste, no existe ningún proyecto hecho por ellos que siquiera lejanamente pudiera justificar esas cantidades, además de que hasta el día de hoy no sabemos a dónde fueron a parar 10.5 billones de pesos, en estas condiciones adquirir deuda debería ser un delito.

Afortunadamente para los mexicanos, la nueva política económica no contempla que el gobierno federal le pida préstamos a ningún organismo financiero internacional, porque ahora estamos viviendo con el dinero que generamos en ingresos a través de los impuestos, como lo hace cualquier empresa y cualquier familia que decide mantener sus finanzas sanas. Incluso hoy nuestra deuda está disminuyendo en relación con el Producto Interno Bruto, que es como tradicionalmente se mide.

En este nuevo escenario, en el que no necesitamos andarle pidiendo dinero a los organismos financieros internacionales, tampoco tenemos la obligación de tomar sus observaciones y consejos para definir nuestro camino. Ese lo establecemos nosotros que somos los que lo vamos a andar; nos tiene sin cuidado lo que piensen o lo que les convenga a las corporaciones multinacionales que ellos protegen. Lo único verdaderamente importante en este camino, es la decisión de los mexicanos.

Hace unos días, en un reporte del Fondo Monetario Internacional llamado “Pandemia, guerra y desbalances globales”, este organismo hace en principio una lectura razonablemente objetiva de la situación de México, mencionando que se mantiene un equilibrio en las transacciones con otras economías, el crecimiento de la inversión extranjera directa y la existencia de entradas netas en la cuenta financiera.

Luego, una vez que dice que prácticamente toda la política económica se está manejando en forma sensata y eficiente, se pone a darnos recomendaciones que nadie le pidió, que nadie necesita, diciendo que se requieren reformas estructurales adicionales, dentro de las cueales hay que favorecer la participación privada en energía y reformar PEMEX.

Los que dirigen esos organismos que han destruido la economía occidental con sus impertinencia en aras de proteger los intereses de corporaciones multinacionales por encima de los intereses de los habitantes de los países, ahora quieren venir a insistir en que nos conviene que nos sigan robando y hasta nos dicen qué nos hace falta hacer para que esto suceda.

Se les olvidó que ya no nos mantienen porque este país ya cambió. Deberían concentrarse en darle consejos a los países que viven de endeudarse con ellos, que gracias a eso no pueden salir del bache eterno en el que se encuentran; ahora pueden contar dentro de sus zarandeados a los ucranianos y a los europeos, que están en esa espiral destructiva para sus habitantes, haciéndole caso a los que viven de saquera a los demás.

Estos necios no se dan cuenta de que México ya no es tierra de conquista y que para nosotros sus consejos son como las llamadas a misa, solo las atienden los que quieren. Para su desgracia nuestro país ahora es independiente económicamente.

Como dijo el médico español Santiago Ramón y Cajal: “Se conocen infinitas clases de necios, la más deplorable es la de los parlanchines empeñados en demostrar que tienen talento”.

Por Erika