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En los últimos casi 4 años, hemos escuchado a la oposición y a su pandilla, decir que hacen falta contrapesos para este gobierno y no podríamos estar más de acuerdo. Sin duda necesitamos propuestas alternativas coherentes que planteen soluciones distintas a los problemas, pero son ellos los que tendrían que ser ese equilibrio que tanto añoran.

Al inicio del gobierno realmente esperábamos mucho más de la oposición; que presentaran propuestas serias con argumentos sólidos que no se desmoronaran en horas, porque imaginábamos que todas esas lumbreras de la tecnocracia, ufanas de haber guiado al país hacia la opulencia durante el neoliberalismo, iban a esgrimir las tesis inatacables que tanto presumían.

Esperábamos planteamientos alternativos constructivos, que de verdad pudieran competir de tú a tú con las acciones de la 4ª transformación, desde una postura de seriedad e inteligencia, aunque tuviéramos que seguir soportando sus actitudes soberbias y pomposas, realmente creíamos que detrás de ellas habría algo de inteligencia.

Pero nos quedamos chatos. En todo este tiempo solo han habido mentiras, descalificaciones sin sustento cerebral, berrinches, insultos, tergiversaciones de la verdad, maromas baratas y pataletas ridículas, con cero inteligencia de respaldo.

El problema de fondo es que durante 40 años, estos neoliberales nunca tuvieron necesidad de utilizar el cerebro a fondo porque no les fue exigido, con tener las uñas bien largas y ser capaces de realizar algunas operaciones aritméticas básicas que les permitieran robarse el dinero, era suficiente.

Con explicaciones vacías y engañosas que nadie podía confrontar, porque los medios estaban comprados publicando boletines gubernamentales sin analizar el contenido, enfundados en un disfraz de expertos, con doctorados adornados de parafernalia petulante, fueron llevándonos al desastre porque nadie estaba realmente interesado en cuestionar sus mentiras.

Esos medios de propaganda vivieron a cuerpo de rey, aceitados perfectamente con jugosas dádivas presupuestales, a cambio de publicar o de callarse cuando se les ordenara, sin tener la necesidad de buscar noticias o de investigar realmente los hechos, como animalitos domésticos gordinflones y perezosos.

Así fueron perdiendo la capacidad de razonar, la condición de neuroplasticidad cerebral y se les inhibió totalmente la facultad neurogénica. Es decir, se les atrofió el cerebro y sólo pudieron conservar la inclinación a mentir, que fue una actividad reforzada durante sus 40 años de gloria.

Con toda razón hoy imprecan al cielo para que alguien llegue y haga contrapeso al gobierno, porque ellos no son capaces de hacerlo. No tienen la inteligencia, la madurez o la estatura para elaborar propuestas alternativas que hagan algún sentido, a fin de que el país pueda desarrollarse funcionalmente, generando bienestar para todos.

Siguen atorados en su mundito de intereses insatisfechos, en los que los colocó el proceso de transformación, mostrándose completamente incapaces de generar pensamientos que no tengan que ver con el intento de saqueo, el autoritarismo y el comportamiento delincuencial, fundamentando sus exigencias en transas y triquiñuelas que ya no progresan en una vida pública que cada vez está vigilada más de cerca por los ciudadanos conscientes.

A medida que pasa el tiempo y la transformación del país avanza frente a sus narices, sin que puedan hacer nada para detenerla, se van frustrando más y más, llegando a un nivel de desesperación peligroso para lograr que su condición mental, hoy tan deteriorada, pueda ser reversible. La verdad, ojalá le echen más ganas porque nos han decepcionado.

Como dice el yogui hindú Jaggi Vasudev: “La frustración, el desánimo y la depresión, significan que estás trabajando contra ti mismo”.

Por Erika