Las tristes batallas de los conservadores

Uno ve en las noticias el caso del hijo del expresidente Carlos Salinas, señalado en la Unión Americana, como cofundador de una secta presumiblemente involucrada en tráfico sexual y lavado de dinero.

Se entera de que Carlos Slim propone que los empleados en México, trabajen tres días a la semana, en jornadas de once horas, sin afectar sus salarios, pero con la aceptación de jubilarse hasta la avanzada edad de 75 años.

Escucha que Denise Dresser incita a “bulear” en redes sociales, a los funcionarios públicos, incluido el presidente, como vía para construir un debate democrático y de altura.

Descubre que Francisco Martín del Campo se ha inventado una nueva forma de periodismo, donde la ficción suple a la verdad y se da por bueno y cierto lo que el autor soñó o imaginó en sus mejores momentos de inspiración.

Es testigo de cómo el payaso periodista Brozo, insulta a la audiencia que muestra afinidad con el proyecto de la Cuarta Transformación, acusándola de ignorante, fanática y consumidora de desechos orgánicos.

Uno ve todas estas situaciones reales, que nacen de personajes que defienden las banderas conservadoras y toma conciencia de la dimensión de la derrota que sufrió la derecha el pasado primero de julio.

En principio, se trata de una clase conservadora en clara decadencia, sostenida anteriormente, por el poder político neoliberal. Pero ahora que éste apoyo determinante ya no existe, muestra todas sus llagas y dolencias sin pudor alguno.

Carlos Salinas, señalado como el artífice del neoliberalismo, tiene elementos reprobables, no solo en lo que atañe a su persona, sino en el pequeño gobierno de una familia que se le salió de control. Periódicamente da recetas para que el país retome la senda neoliberal por él deseñada. Nadie lo toma en serio, ni siquiera en el seno de su núcleo familiar, donde hoy existen problemas graves.

Carlos Slim, aparenta una generosidad que es fácil desenmascarar. Su intensión nunca ha sido el bienestar de los trabajadores, sino la defensa de sus intereses monopólicos en el país. Pretender jubilar al trabajador hasta los setenta y cinco años, es suprimir en la práctica, el sistema de pensiones. La esperanza de vida del mexicano está estimada en el rango que él propone para el retiro. Una vejez digna, con tiempo disponible para disfrutar los últimos años de vida, no es negocio para él.

Denise Dresser ha fracasado sistemáticamente en su pretensión personal por constituirse en una voz pública con arraigo entre los ciudadanos. Fracasó como anulista, aliancista, apartidista y hoy, como buleadora. Maneja un discurso acomodaticio, pero siempre en favor de los intereses conservadores. Promover el bullying como herramienta democrática, es caer en el absurdo total.

De Francisco Martín del Campo, poco hay que decir. Libros de mediana calidad. Participaciones en programas pseudo históricos o pseudo analíticos, como El Refugio de los Conspiradores, donde ha manifestado su desprecio por Juárez y su admiración por la gran obra del porfirismo represor. La invención del “periodismo de ficción”, es la cereza de un pastel con cara de payaso, que pretende venderse para eventos conservadores carentes seriedad y rigor.

Y hablando de payasos, queda Brozo. Un personaje con una carrera cimentada en la comedia ligera, sin más pretensión que la de hacer reír a un público no demasiado exigente. Alguien en los medios televisivos, tuvo la idea de involucrarlo en el periodismo político. Ahí se produce el salto descomunal de una vida dedicada a la comicidad, a un proyecto informativo, basado en un personaje. Siempre ha tenido que ser apuntalado por profesionales de la comunicación, que giran en su órbita, para evitar que sea evidente la falta de conocimiento profundo en la materia. Solo que ahora que se le acabó el contrato con su televisora, navega en solitario por las redes sociales, donde cae con frecuencia en excesos discursivos, que lo presentan tal y como en verdad es: un cómico que lo mismo nos mueve a risa, a llanto, o a odio, cuando su defensa de los intereses conservadores, llegan al extremo del insulto.

Cada uno de estos personajes, en su terreno, pretende establecer una línea de acción, que abra camino a la derecha para recuperar credibilidad ante los ciudadanos. Con sus muchos o escasos recursos, se manifiestan como soldados de una causa que se encuentra, después de la derrota del primero de julio, no solo en derrota, sino en total desbandada. Es como si después de un combate, alguien hubiera lanzado el grito de ¡sálvese el que pueda!

Toda la derecha aparece hoy como una de esas procesiones de ejércitos en ruinas, que marchan por los caminos, sin abastecimientos, con los uniformes desgarrados y con la moral por los suelos.

Los personajes que hemos nombrado, quieren poner algún tipo de orden, para levantar el ánimo de las fuerzas conservadoras. Pero esos esfuerzos son torpes, sin un plan bien definido y por lo mismo, sin posibilidad real para oponer algún dique al avance incontenible de la Cuarta Transformación.

A casi un año del triunfo de López Obrador y Morena, es lamentable la situación que vive la derecha mexicana. Y es más inexplicable, por el hecho de que este gobierno brinda hoy en día, todas las libertades de expresión, asociación y organización que en el pasado estaban restringidas.

No hay un muro físico que les impida crear la alternativa política que concrete la ideología conservadora que defienden. Siguen en shock y no atinan con el camino que puede llevarlos a puerto seguro.

En realidad, el problema de la derecha, estriba en dos aspectos fundamentales:

Se acostumbraron a la protección del poder (panista o priista), para impulsar el proyecto neoliberal. Hoy que carecen de dinero público para solventar sus fines, se sienten impotentes. Además, la estructura del gobierno era la plataforma desde la cual ejercían un control social férreo. Hoy, no cuentan con el aparato público.

El otro aspecto tiene que ver con la falta de credibilidad que sufre todo lo que suene a neoliberalismo. Los conservadores, sus defensores y sus argumentos, no convencen a un pueblo, cansado de mentiras y promesas incumplidas. La historia los deja al margen de toda decisión de gobierno y son una especie de florero, igual a como lo fue Peña Nieto, el último presidente de su especie.

Si la derecha no se aplica y comienza a realizar un trabajo productivo para el país, pasarán muchas décadas, antes de que recupere el gobierno. Se necesitan propuestas y no descalificaciones absurdas a toda iniciativa del nuevo gobierno. Tienen que conjuntarse y definir un rumbo serio.

Con payasos, escritores, empresarios, analistas y políticos que aportan ocurrencias, en lugar de argumentos e ideas, no van a llegar a parte alguna.

Seguirán llorando su derrota por años.

Malthus Gamba

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