Las calificadoras no arriesgan dinero, los bancos sí (VIDEO)

Foto: Celag
Por Akire Lincho

Hace unos días presenciamos la peor pesadilla que podían experimentar los que quedan de la pandilla neoliberal.

Los directores de tres de los bancos más grandes del mundo (HSBC, JP Morgan y Mizohu Securities), todos calificados como AAA, asistieron a una conferencia mañanera del Presidente López Obrador para firmar un contrato, en presencia de los medios de comunicación, en el que se estos bancos obligan a otorgar a Petróleos Mexicanos una línea revolvente de crédito por 8 mil millones de dólares, a un plazo de 5 años y con una tasa anual de LIBOR más 250 puntos base (como está la tasa LIBOR esto equivale a 4.85% anual) con el propósito de que PEMEX pueda optar por restructurar una parte de su deuda, la cual se encuentra documentada a 3 años, a una tasa de interés anual mayor que la otorgada en este contrato.

Para ejemplificar la operación en un lenguaje coloquial, imaginémonos que el Banco Nacional nos prestó dinero para comprar un coche, que debemos liquidar dentro de 3 años con una tasa alta de interés; una vez que revisamos y compusimos nuestras finanzas decidimos ir con Banco Popular y  solicitarle que nos preste el dinero que debemos, pero le solicitamos que nos dé 5 años para pagarle y una tasa de intereses menor de la que nos está cobrando actualmente el banco que nos prestó. El Banco Popular analiza nuestro perfil financiero y nos responde que sí nos presta en esas condiciones. Con ese dinero le liquidamos la deuda al Banco Nacional, ganamos dos años adicionales para pagar el coche y nos ahorramos una cantidad importante en el pago de los intereses.

El punto relevante en esta operación es que los bancos analizaron, durante 4 meses, la expectativa de riesgo crediticio de PEMEX a la luz del escenario actual y del nuevo perfil financiero, administrativo y operativo que el Gobierno Federal ha diseñado para la empresa.

Por las condiciones en las que se otorgó el contrato lo que encontraron es evidente. No vieron riesgo de que PEMEX pueda dejar de cumplir con sus compromisos financieros dentro de los siguientes 5 años y percibieron un menor nivel de riesgo crediticio del que habían calculado las instituciones que habían prestado en los sexenios pasados; por eso otorgaron 5 años de plazo y disminuyeron sensiblemente la tasa de interés.

En pocas palabras, su percepción de riesgo es mejor hoy de la que era en gobiernos anteriores y su nivel de confianza en este gobierno es mayor.

Paradójicamente, esta noticia no fue destacada en los medios tradicionales de información, pero si lo fue la noticia de que la calificadora Moody’s alertaba al mercado de la posibilidad de disminuir la calificación de la deuda soberana de México en virtud del anuncio de la construcción de la refinería de Dos Bocas.

Es importante señalar que la construcción de la refinería de Dos Bocas forma parte del plan de desarrollo operativo y financiero que los bancos analizaron y aprobaron, sin que esto hubiera sido un factor que les hiciera asumir una percepción especial de riesgo para el otorgamiento de la línea de crédito, la cual, casualmente, cubre el costo total estimado para el desarrollo de dicha refinería.

Si el compromiso de estas instituciones bancarias internacionales hacia la política económica del gobierno de México no fuera suficiente para subrayar el escenario de confianza que prevalece en el mercado internacional, podemos mencionar que BlackRock, el banco de inversión más grande del mundo mandó una carta de intención al Presidente en el que señala que está interesado en invertir en proyectos de infraestructura del gobierno; asimismo, Nestlé, Pepsico, Coca Cola e Iberdrola han anunciado su compromiso de invertir más de 10 mil millones de dólares en México en el corto plazo.

Si esto todavía no fuera suficiente para convencernos, el gobierno anunció que en el primer trimestre del año se incrementó ya la inversión extranjera directa en 7% por encima de la que se había captado durante el mismo período del año pasado, alcanzando 10 mil millones de dólares, de los cuales 2 mil doscientos millones corresponden a inversión nueva.

Para los que todavía, después de todo lo anterior, no se han convencido de que la nueva política económica de México genera confianza en el mercado internacional, baste decir que no se preocupen, el gobierno también anunció que cuenta con un fondo de contingencia, que esperan no tener que utilizar, equivalente a 20 mil millones de dólares, para lo que haga falta.

Es importante subrayar, para todos los que han sido confundidos por los medios tradicionales de información y sus “expertos”, que los indicadores macroeconómicos van viento en popa en estos primeros 6 meses de gobierno.

El peso está en su mejor nivel de años, a pesar de que existe un conflicto comercial entre China y los Estados Unidos que ha debilitado al dólar, pero que en esta ocasión no sucedió lo que siempre sucedía en los gobiernos neoliberales y que consistía en que, cuando bajaba el dólar, éste “arrastraba” al peso y había devaluación; esto ya no sucedió.

El nivel de inflación está por debajo del que se registró durante el año pasado; el poder adquisitivo del salario se recuperó en 3% durante los primeros 3 meses del año; la confianza del consumidor está por encima de los niveles que había registrado durante el sexenio anterior

Todo esto es consecuencia directa de una política de disciplina presupuestal férrea del gobierno federal, que ha anunciado que no incrementará impuestos, que no contratará deuda adicional y que ha decidido no gastar más de los ingresos que recibe, como se hace en cualquier hogar que se maneje con cierta inteligencia.

Una política que está detonando el desarrollo económico desde la base, aumentando el salario mínimo sustancialmente y entregando apoyos sociales muy relevantes, que compensa esta derrama económica ahorrando recursos a partir del combate a la corrupción tolerada y de un programa muy profundo de austeridad en los gastos gubernamentales. Todo esto, dentro de un marco de respeto al Estado de Derecho, lo que permite competencia de libre mercado con piso parejo.

Sin embargo, ahora sucede que en los “medios tradicionales” las mismas empresas calificadoras y los “expertos” que dos semanas antes de la quiebra hipotecaria en los Estados Unidos, otorgaban altos grados de inversión a Lehman Brothers, Citibank y AIG, entre otras, que quebraron o fueron objeto de rescates multimillonarios por parte del gobierno norteamericano, y que además son contratadas por alguien para emitir su “opinión”, nos quieren hacer creer que el país no avanza en materia económica.

Hay que recordar que estas empresas no pierden dinero sin importar lo que opinen; es más,  aparentemente, no han perdido ni su prestigio entre la fauna neoliberal como “calificadoras de riesgo”, a pesar de haber emitido opiniones completamente equivocadas, probablemente, en beneficio de quien las contrata.

Si estas “calificadoras de riesgo” hubieran sido maestros mexicanos en la época de Peña Nieto, las habrían evaluado y despedido de su trabajo, pero sucede que en el escenario neoliberal las que “evalúan” son ellas.