La verdad de un hombre está en su lucha permanente

Foto: Autor del Libro
LA VERDAD DE UN HOMBRE, ESTÁ EN SU LUCHA PERMANENTE

¿Por qué resulta indispensable no abandonar la batalla, por muy difícil y distante que se vea la victoria?
Quizá porque la condición humana es así, en apariencia pasiva, pero determinada y firme cuando llega el momento exacto de la lucha.

Si tomamos en cuenta los grandes momentos históricos donde el pueblo en masa se alza para exigir y tomar lo que le corresponde, veremos que una serie de agravios, por parte de las clases dominantes, se han ido acumulando durante mucho tiempo, hasta que la paciencia social dice ¡Basta! Y se producen los movimientos que modifican permanentemente el ambiente social.

En México estamos viviendo en este momento un cambio radical en la forma de gobernar. Esto se da por los pésimos resultados que el neoliberalismo entregó no solo en este país, sino en muchas naciones en el mundo. La riqueza acumulada en pocas manos, dio en contrapartida una inmensa generación de pobres que hoy viven en condiciones precarias, llenos de amargura y resentimiento.

Esa situación se reflejó en las pasadas elecciones, donde el neoliberalismo lo perdió casi todo.
La reflexión que les comparto hoy, tiene que ver con esta necesidad de reivindicación que guarda todo ser humano, sin importar si fue derrotado con anterioridad y sin tener en cuenta si fue traicionado en ocasiones anteriores.
El deseo de lucha, la necesidad de levantarse siempre, es algo que distingue al Hombre de los demás seres del planeta.

Me parece que uno de los escritores que mejor define esta necesidad, es el cubano Alejo Carpentier.
En su libro “El Reino de Este Mundo”, cierra la novela con este párrafo que me parece por demás acertado y sumamente edificante.

“Ti Noel había

Gastado su herencia y, a pesar de haber llegado a la última miseria, dejaba la misma herencia recibida. Era un cuerpo de carne transcurrida.
Y comprendía, ahora, que el hombre nunca sabe para quién padece y espera. Padece y espera y trabaja para gentes que nunca conocerá, y que a su vez padecerán y esperarán y trabajarán para otros que tampoco serán felices, pues el hombre ansía siempre una felicidad situada más allá de la porción que le es otorgada.

Pero la grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que es.
En imponerse Tareas. En el Reino de los Cielos no hay grandeza que conquistar, puesto que allá todo es jerarquía establecida, incógnita despejada, existir sin término, imposibilidad de sacrificio, reposo y deleite. Por ello,
agobiado de penas y de Tareas, hermoso dentro de su miseria, capaz de amar en medio de las plagas, el hombre sólo puede hallar su grandeza, su máxima medida en el Reino de este Mundo.

Ti Noel subió sobre su mesa, castigando la marquetería con sus pies callosos.
Hacia la ciudad del Cabo el cielo se había vuelto de un negro de humo de incendios como la noche en que habíancantado los caracoles de la montaña y de la costa.

El anciano lanzó su declaración de guerra a los nuevos amos, dando orden a sus súbditos de partir al asalto de las obras insolentes de los mulatos investidos”

No sabemos para quién trabajamos; quizá los frutos de nuestro esfuerzo los disfruten quienes vendrán después. Pero la naturaleza humana nos impulsa a estar de pie siempre, defendiendo lo conquistado con tanto esfuerzo y entrando en confrontación con aquellos que “investidos de poderes” que se adueñan del fruto del trabajo social, con el argumento de que la teoría conservadora, lo permite todo.

Lean a Alejo Carpentier.
América Rubio

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