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No hace falta tener muchos años para poder comparar históricamente, al poderoso Partido Revolucionario Institucional de hace poco tiempo, con el pobre cascarón que vemos hoy intentando apuntalar una candidatura presidencial para Alejandro Moreno, en la peor forma posible.
El deterioro de esa fuerza política ha sido constante. Meteórica, si tenemos en cuenta que hoy gobierna a un mínimo de mexicanos en el país y que en las elecciones de junio próximo, va a perder dos gubernaturas más.

Cuando da inicio el periodo presidencial de López Obrador, había una primera fuerza opositora, que sin dudad alguna estaba representada por el priismo saliente.
Hoy es visible que esa fortaleza política se vino abajo, principalmente durante la presidencia de Alejandro Moreno.
Enrique Ochoa Reza, René Juárez Cisneros y Claudia Ruiz Massieu, condujeron el barco con cierto tino, evitando que las entradas de agua que ya registraba la nave tricolor, se profundizaran al grado del hundimiento.

Con Alejandro Moreno, el desastre corrió rápido. El PRI perdió en la contienda intermedia del 2021, ocho de las doce entidades federativas que gobernaba el partido. Solo le restan cuatro en este momento.

Cuatro Estados gobernados por un PRI siempre en retroceso.

De esas cuatro gubernaturas, es seguro que se pierdan las que corresponden a Oaxaca e Hidalgo en este 2022.

El PRI únicamente se queda con la gubernatura del Estado de México y la de Coahuila. Lo demás, queda en manos de Morena, principalmente y algo con el PAN y Movimiento Ciudadano.
La Transformación del país es un hecho real y contundente.

La caída vertiginosa del priismo y del panismo tiene relevancia histórica, si consideramos que aparte de perder espacios de gobierno, están en la antesala de la pérdida definitiva del registro. El PRD es seguro que no podrá mantener su débil franquicia por más tiempo, pero la desaparición de las dos fuerzas políticas representativas del conservadurismo, es una posibilidad que da constancia de la fuerza transformadora del gobierno del presidente López Obrador.

Ni PAN, ni PRI han hecho mucho por su causa. Acostumbrados a crear y mantener presidentes y gobernadores, pagando a medios de comunicación sumas millonarias para mantenerlos a buen nivel en el gusto de la gente, o para evitar caídas dramáticas, siguen la misma línea de acción, ignorando la realidad que les salta a la cara.

El ciudadano mexicano está reactivando su participación democrática. Ya no es el oyente pasivo de noticias, o el espectador atento a la voz del comunicador bien adiestrado y pagado.
Hoy, las redes sociales son el pequeño universo en el cual la información y la opinión corren de manera ininterrumpida. No existen, o no son veneradas las antiguas “vacas sagradas”.
La corrupción neoliberal salió a la luz a borbotones. Se conocieron los fraudes, trampas, saqueo y complicidades entre las clases política y empresarial.

La paciencia de la gente se agotó y dejó de hacer caso a los informadores cómplices de quienes destruyeron al país.

Cuando los priistas y panistas caen en desgracia, intentan levantar de nueva cuenta su prestigio, en base a costosas campañas de respaldo en medios de comunicación.
Pretenden que los periodistas del pasado, les laven la cara y arreglen la ropa, para ser de nueva cuenta el modelo del triunfo, la respetabilidad y la riqueza anhelada por quienes veían con naturalidad a la corrupción, como forma de vida “honorable”

Y ese intento idiota para recupera en el corto plazo el mando político en el país, le ha costado a panistas y priistas, la derrota permanente en todo proceso electoral.
El modelo neoliberal se agotó a nivel mundial y los viejos políticos opositores en México, pretenden ofrecer el mismo plato frío y descompuesto, a una sociedad que está viviendo tiempos nuevos, desde la llegada de López Obrador a la presidencia.

Alejandro Moreno carece de la capacidad necesaria para reconstruir desde la base a un partido político. Como priista de la vieja guardia, su interés se fija en este momento, en su proyecto personal.

Quiere ser el candidato priista a la presidencia, en el 2024.

Trabaja incansablemente para eso y cuenta con el respaldo de los viejos dinosaurios del PRI, que esperan sacar algo de provecho de parte de los poderes que están impulsando el sueño de Alejandro Moreno.

Aún esperan un triunfo espectacular de la derecha en el 2024.

Con ese fin, sellan alianzas con el panismo de derecha, al que siempre consideraron como fuerza minoritaria.

Y lo más importante, buscan alianzas con los dueños de los capitales nacionales y extranjeros, para conseguir el respaldo económico y el apoyo político que requiere la empresa.
La Reforma Eléctrica que se votará en la Cámara de Diputados el próximo domingo, es fiel reflejo de este tipo de convenios.

Asesores, lobistas, “coyotes”, intermediarios y cómplices, acuden a diario a las oficinas del partido tricolor, para acordar los términos en que deberá darse la votación en contra de la Reforma Eléctrica.

Alejandro Moreno adquiere el compromiso de frenar esa reforma, a cambio de respaldo a su proyecto personal.

En junio próximo, el PRI perderá contundentemente en los Estados donde se verificarán elecciones. Mientras tanto, el “líder” declara públicamente: “La Reforma Eléctrica no será votada a favor por los priistas, sea cual sea el precio a pagar por votar en contra”

El proyecto del Partido se fue por el tubo del drenaje. La suerte de la militancia priista a nadie le importa.

La respetabilidad y la honra de los diputados que votarán en contra de la Reforma Eléctrica, se está comprando en base a “cañonazos” en metálico.
Unos cuantos ganarán fortuna en este negocio. No importa que el barco priista se vaya a pique definitivamente.

No importa tampoco que los mexicanos se vean expuestos a un incremento de tarifas por el necesario consumo de energía eléctrica. Un cuadro igual al que se vive en España.
Lo que importa en el búnker del PRI en el Congreso, es fortalecer la candidatura de Alejandro Moreno.
Que todo lo demás se pierda, es un precio que están dispuestos a pagar.

Lo más curioso en esa “estrategia”, es que perdieron de vista la intención del voto ciudadano.
La gente está sumamente molesta con el PRI y con los priistas.

Votos no van a tener en junio próximo y menos en el 2024.

Alejandro Moreno es un muerto político desde hoy.

Lo adornen como lo adornen, es un perdedor. Un fracaso como dirigente y el peor candidato que puede tener el PRI, en la ruta hacia la sucesión presidencial.
Hoy el pueblo de México no lo baja de traidor.

De dinosaurio viejo y enfermo de poder.

Es sin duda alguna, el traidor a quien la gente evita y da la espalda si por casualidad lo topa.

Será otro “judío errante”, similar a Carlos Salinas, o Felipe Calderón, que vivirá en aislamiento, para evitar el repudio público.
Y así también quienes lo acompañen en su empresa.

La nave de los dinosaurios de hunde y es hora de que cada
quien vea por su seguridad y por su vida.
No habrá un después para rectificar, pasado el domingo.
La apuesta es esta:

O cada diputado nada para alcanzar y sumarse al pueblo, o se ahoga en compañía de Alejandro Moreno.
El peso de lo metálico adquirido como pago a su traición a la Patria, hará que se hundan con mayor rapidez.
No hay más.

Malthus Gamba