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¿Cuál es la herencia importante que nos dejará el presidente López Obrador, una vez concluido su mandato?
Creo que sin duda alguna, que será la libertad de expresión.

Libertad para protestar, para organizarnos, para opinar, para denunciar y exigir resultados.

En un escenario diferente, donde el presidente limitara ese derecho básico de los ciudadanos, las voces críticas y violentas de la oposición, no hubieran escalado a niveles del insulto y la calumnia, en contra del mismo presidente y su familia.

Hubiéramos atestiguado situaciones de censura más o menos disfrazada, pretendiendo suprimir las voces que rebasaban ciertos límites.
Y no ha sido así.

Hay completa libertad de expresión en el país. No hay límite establecido y son los mismos ciudadanos quienes se encargan de denunciar a quienes cometen atropellos y abusos, cuando la libertad es utilizada como herramienta de agresión, dirigida hacia quienes piensan diferente.

“La libertad no se implora. Se conquista”, ha sido uno de los lemas del presidente López Obrador, antes y durante sus años de gobierno.

Esa será la herencia mayor que nos deje y habrá que cuidarla y defenderla, contra cualquiera que intente poner límites particulares, porque a determinado grupos o personajes, así conviene.
Defenderla contra todos, incluyendo a quienes dicen estar comprometidos con la causa transformadora del país.

Es difícil recuperar lo perdido y eso podemos corroborarlo en estos momentos, en lo que corresponde a la paz social, la igualdad que debe prevalecer entre los mexicanos, la seguridad social para quienes menos tienen y una justicia idéntica para todo ciudadano.

Dejar perder nuestra libertad de expresión, que abre las vías al cambio, incluso cuando algunos advierten que “resulta peligrosa para la buena causa”, no puede ser aceptable de manera alguna.
Me explico.

Hay un punto importante que ha tocado el presidente López Obrador, en cuanto a la sucesión presidencial, que ya está en marcha.

No habrá “dedazo”, porque ese procedimiento es antidemocrático. No hay “delfín” del presidente, para sucederlo en el cargo. El gobierno no intervendrá en la elección del candidato oficial del partido político Morena.

Esa conducta enteramente democrática, ha sido repetida en varias ocasiones por el titular del Poder Ejecutivo.

No habrá actor más importante para determinar quién será el sucesor del presidente López Obrador, a partir del 2024, que EL PUEBLO.

Los ciudadanos irán a una consulta, para sacar al candidato que representará a Morena, en esa contienda electoral.

Después, será el mismo pueblo quien definirá al ganador de la elección presidencial, en base a mayoría de votos.

Esa es la ruta democrática que mira el presidente, para definir al siguiente mandatario en el país.

Sin embargo, haciendo valer su libertad de expresión, el presidente nos ha dejado conocer su punto de vista personal, sobre el futuro del proceso de transformación que vive el país.
Son criterios que el mismo presidente ha expresado una y otra vez, en sus conferencias mañaneras.

López Obrador ve una lista de políticos militantes de Morena, que pueden competir decorosamente por el cargo de presidente. Ahí figuran Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard y Adán Augusto López en primera fila.
Después ha mencionado a políticos destacados que también pudieran sumarse a los tres antes señalados. Pero ellos representan la segunda línea de posibles precandidatos.
López Obrador nunca ha señalado a gente ajena a Morena, o a su equipo de trabajo. Ni una sola vez se ha referido a políticos aliados, o a otros personajes dentro de Morena, que han expresado su legítimo interés por participar.

Les ha dicho, sin nombrarlos, que pueden hacerlo. Que es su derecho y que las oportunidades con seguridad serán idénticas para todos. Nadie está excluido.
Pero ha agregado otro comentario. Señala la conveniencia de que aquellos que evidentemente no tienen oportunidad de ganar, deben pensar bien lo que hacen, pues inscribirse únicamente con la intención de “engordar” su currículum, no es una acción honorable.

Hay entonces un grupo de políticos en Morena, que a juicio del presidente, pueden dar continuidad al Proyecto de Cuarta Transformación. Y están por otra parte, políticos dentro y fura del Partido, que desean probar suerte. Están en su derecho.

La libertad de que hace gala el presidente para poner a la vista de todos su personal punto de vista, debería ser ejemplo para que los ciudadanos, realizáramos un ejercicio libre, basado en la discusión del perfil más calificado para llegar a la presidencia del país.

Hablar abiertamente de nuestras preferencias particulares y de las inconsistencias que apreciamos en aquellos políticos que por alguna razón, no terminan de convencernos.
Aprovechar al máximo esa herramienta que puso en nuestras manos el presidente López Obrador.
La libertad de expresión.

Sin embargo, ya hay voces que no piden, sino que exigen “prudencia”, para este ejercicio. Voces que dicen que señalar deficiencias, es dividir al Movimiento. Voces que ven “confrontación” y “ataque”, donde solo existe plena libertad para decir lo que se piensa.

No estamos hablando de quienes son parte de los grupos opositores, que siempre verán mal cualquier acción de la izquierda y que intentarán, como lo han hecho desde el inicio de este gobierno, sacar raja política de cualquier oportunidad a la mano, para llevar agua a su molino.

Hablamos de un ejercicio entre militantes y simpatizantes de Morena, donde deben debatirse libremente las posibilidades, personalidad, trayectoria, así como puntos a favor y en contra, de cada interesado en ocupar la silla presidencial.

Decir que eso puede molestar a los posibles precandidatos, es debilitarlos antes de iniciado el proceso de selección.

Yo no he visto a Ebrard atacando a Claudia. Ni a Claudia lanzada contra Adán Augusto y Ebrard. Tampoco al Secretario de Gobernación, atacando a sus posibles oponentes.
Los tres se saben fuertes y son políticos calificados y con muchas horas de vuelo.

Son las opciones menores las que ocasionalmente han salido a decir que no ven el “piso parejo”.

La unidad en el Proyecto de Transformación se verá seriamente afectada y quizá frenada por un buen tiempo, únicamente si la selección del candidato presidencial por Morena, no se hace adecuadamente y escuchando a todas las voces.

Si no se ponderan abiertamente los pros y contras de cada aspirante.

Es un proceso inédito, como muchos otros que estamos viendo nacer, desde la llegada de López Obrador a la presidencia del país.

La libertad de expresión es la piedra angular del cambio. Limitarla, tenerle miedo a la opinión de la gente, por las “consecuencias” que “pudieran” darse, no es democrático.

Yo en lo personal, no voy con candidatos que no hayan sido bien calificados por el presidente López Obrador. Ésa para mí, es la mejor y única garantía que hace falta.
Cualquiera de los tres que aparecen en la primera línea, será buen presidente.

Y decir el por qué no me gustan los otros, es mi derecho ciudadano y no pienso renunciar a él, por el temor a ser calificado de “agente divisor”, o por sumarme al grupo de quienes prefieren callar lo que piensan, argumentando que así “se es más fiel al proyecto de la Cuarta Transformación”.

Eso no es cierto.

Quien defiende la completa libertad de expresión, el debate sano y la expresión de ideas, está en el mismo canal del presidente y hace suya la herencia que él nos deja.
“La libertad no se implora. Se conquista”.

Malthus Gamba