La marcha fifí, la burla en las redes y costosa derrota para la oposición

Que costosa para los conservadores la marcha de ayer.

Un Vicente Fox al que se invita a salir del evento, por ser un político reconocido, dentro de una manifestación civil, que no desea ser marcada por la trayectoria del expresidente.

Aquí en la Ciudad de México, un altercado entre los mismos manifestantes conservadores. En el video que corre en redes sociales, puede verse a una persona reclamar a otros simpatizantes, el recurrir a bromas o actitudes de mal gusto. Hay empujones y señalamientos de que “han matado al movimiento”.

En algunos sectores de la manifestación, se escucha el grito coreado de “Queremos otro Aburto”, en alusión al triste acontecimiento vivido en Lomas Taurinas en tiempos priistas.

La marcha de ayer, poco concurrida, desangelada y gris, muestra que el músculo de la derecha es débil, frágil y sin una coordinación que oriente su accionar hacia un sitio en específico.

Lo más relevante de esta manifestación, fue el enojo.

El coraje que siente este reducido sector social, no es solo hacia la política del gobierno en turno, sino sobre todo, hacia Andrés Manuel López Obrador.

No pueden entender como perdieron un poder político que sentían suyo, por una especie de derecho divino (ellos que tanto acusan al presidente de autoritario).

Hoy desfilan por las calles con rencor, viendo a los transeúntes como enemigos de su causa. Hay un clasismo evidente en esta gente, acostumbrada a ser centro de atención, pero en condiciones distintas.

Les gusta que los admiren por su poder económico, pero no que los miren como ciudadanos comunes, defendiendo su causa, en la misma forma en que lo hace el obrero o el campesino, al defender sus derechos.

López Obrador los bajó del pedestal o del nicho en que se encontraban a su gusto, para convertirlos en ciudadanos comunes, dentro de un país democrático.

Eso no se lo pueden perdonar.

Tres mil personas máximo, reunió la marcha en la Ciudad de México.

Se pudo constatar algo importante con este evento. La fuerza que muestran en redes sociales los partidarios del neoliberalismo, es muy otra a la que aparece en la vida real.

En redes sociales utilizan gran cantidad de bots, que los hacen parecer con mucha presencia y poder de convocatoria. Pero al querer organizar actos ciudadanos en cualquier escenario, se constata que esa fortaleza es ficticia.

Los bots no marchan, no asisten a los eventos, ni tienen voz. Los bots son fantasmas que únicamente pueden actuar en Twitter o Facebook. Su dudosa aportación está en esos sitios, pero nunca en la vida real.

La marcha deja en evidencia que todos los “personajes influyentes” de la derecha, que presumen millones de seguidores, tienen infladas sus cuentas con bots pagados, que pueden dar “me gusta” o retuitear mensajes, para parecer personas reales.

Pero no tienen utilidad en el momento en que se requiere hacer presencia física para respaldar la difusa estrategia de la derecha.

Los políticos y comentócratas conservadores, son muy pocos y tienen como único respaldo, un ejército de fantasmas cibernéticos, que para nada les sirve cuando llega el momento de la verdad.

Lo triste en ellos es que dicen ser la gente más preparada (más clasismo), distinta al ciudadano común, al que niegan la posibilidad de tener ideas correctas, en contraposición al punto de vista que ellos sostienen. Dicen ser el sector social pensante y creativo, pero carecen de una propuesta política sólida, que puedan enfrentar al proyecto de la Cuarta Transformación.

Su único recurso es repetir consignas gastadas y mueras al gobierno del cambio. Dicen que nada de lo que hoy construye la Cuarta Transformación, sirve. Se quejan de la imaginaria destrucción del país, pero no tienen una alternativa sólida que pueda interesar a los ciudadanos y hacerlos pensar que existen otros caminos para sacar adelante a México.

Los vemos desfilar, en reducido número, molestos, agresivos y humillados. De ese tamaño han sido sus marchas hasta el día de hoy. Agrediendo a reporteros y youtuberos, a los que identifican como afines al gobierno del cambio. Pelean entre ellos y piden el asesinato del presidente.

Lo que debieran entender es que, si bien es cierto que López Obrador y Morena, hicieron un trabajo político de tiempo, para derrotar a los partidos neoliberales en las pasadas elecciones, fue la sociedad civil, a la que siempre han visto inferior a ellos, la que les retiró su apoyo y votó en contra de su proyecto.

Es la gente a la que ven con desprecio, la que otorga el triunfo y castiga con la derrota en tiempo de elecciones.

Ese pueblo, cansado de corrupción, impunidad, hambre y violencia generalizadas, es el que no da credibilidad a lo que habla o dice la derecha hoy en día.

El pueblo pone y el pueblo quita.

Y en el tiempo que estamos viviendo, el pueblo de México le quito la credibilidad a los sectores conservadores del país.

La derecha, deberá entender que su enemigo actual, no es el presidente. Tiene en contra a todo un pueblo desengañado y desencantado de treinta y seis años de neoliberalismo inútil.

Es al pueblo al que debe convencer. Es ante el pueblo, que se tiene que disculpar.

Esas poses de “somos mejores que ustedes”, en nada les ayudan.

Sean humildes. Bajen de su pequeño ladrillo.

Eso, si de verdad quieren competir en el dos mil veintiuno. De otra forma, solo estarán preparando el camino para la extinción definitiva de sus ya de por sí deteriorados partidos políticos.

No son mejore que los demás. Son ciudadanos comunes. Acéptenlo e intenten vivir en un país de verdadera democracia.

 

Malthus Gamba