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Dra. Marión Estévez
@marionnest

Es una constante que muy pocos hablen del adolescente y cuando llegan a hacerlo lo agrupan en ‘niños y adolescentes’ y se refieren a ellos de manera indistinta cuando el adolescente merece estudio aparte porque está cursando una etapa altamente compleja con características bien definidas, esforzándose por dejar de ser niño a la vez que trata de construirse como adulto; en otras palabras el púber ya tiene bastante con la adolescencia como para lidiar con una cuarentena que lo abstrae de su vida personal y escolar.

En este sentido, los chicos entre 12 y 15 años son los más afectados por el aislamiento porque al mismo tiempo que están sufriendo pérdidas que vilipendian su ser, necesitan explayar y ejercitar en otros espacios un cuerpo en constante cambio y demandan una paulatina inserción en la sociedad para irse adaptando al mundo adulto.

La emergencia sanitaria declarada por el COVID-19, inflige traumas al desarrollo normal del adolescente dado que se siente atrapado dentro de cuatro paredes donde la noción del tiempo se pierde todavía más, la higiene pasa a segundo plano, el apetito se desdibuja a medida que no hay representaciones afectivas con que ligarlo, las fantasías carecen de prueba de realidad concreta, dormir ha dejado de ser una pausa para enfrentar un mañana divertido, interesante o rescatador para convertirse en un puente entre lo mismo de ayer.

La convivencia con los padres se ha vuelto obligatoria y cercana; en el peor de los casos dañina y peligrosa; cuando es precisamente de quienes debe distanciarse tanto física como emocionalmente para ejercer su relativa autonomía, asumir su identidad propia, apoderarse de sus deseos y separarse de los paternos, hacerse cargo de su sexualidad al salir a escenarios exogámicos proporcionados por ámbitos diferentes al familiar tales como otros adultos (vecinos, profesores, entrenadores, el señor de la tiendita) y el grupo de pares con quienes está en la misma onda para compartir más allá del odio acné o embelesarse con su crush, y de quienes se sirve para descubrirse, inventarse, construirse como futuro hombre o mujer por medio de identificaciones que se mezclan con las adquiridas previamente.

Los amigos nutren la mente por sus diferentes realidades y enriquecen las experiencias de vida pues son fuente de inspiración o anhelo, auxilian al yo para la resiliencia y son personas a las que se dirigen los impulsos hormonales, en fin, son muy importantes en la etapa mencionada ya que dan consuelo y apapacho en momentos difíciles, confianza para contarles cosas que no se cuentan a los padres, consejos de acuerdo a su visión juvenil; comparten el mismo léxico y gusto por la moda, pero sobre todo, se entienden mutuamente, solo un adolescente entenderá cuando otro dice “nadie me entiende”.

Por fortuna la experiencia de la pandemia terminará y el adolescente seguirá como si nada, mientras no la pasará bien y al final recordará los días en que se sintió preso en casa con el temor de no volver a ver a sus amigos y no recuperar su vida de antes, perfectamente caótica pero normal.

Cualquier duda sobre tu adolescente, manda un Twit.

Por Columnas

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