Juntos somos invencibles; divididos no somos nada

Hay un apoyo ciudadano histórico para el presidente López Obrador.
Las mediciones conservadoras lo ubican poquito arriba del 70%. Pero de acuerdo con los registros de medios independientes, ese respaldo es superior al 80%.

El trabajo diario que realiza el gobierno de la Cuarta Transformación es reconocido y aprobado por la mayoría de los mexicanos, pues los beneficios sociales de esta labor de reconstrucción, están llegando a la mayor parte de los hogares del país.
No hay nubes en el horizonte del gobierno del cambio.

Sin embargo, la Cuarta Transformación no está representada únicamente por el gobierno en turno.
El principal actor de cambio es precisamente la sociedad que disfruta por primera vez en la historia reciente del país, de un clima democrático, antes desconocido.

Durante el neoliberalismo se hablaba mucho de democracia, pero nunca se practicaba la misma.
El pueblo de México, entiende que con su apoyo al cambio que se está generando en el país, se convierte en actor principal.
Las conferencias mañaneras le dan la oportunidad al ciudadano, para conocer de primera mano, las razones y acciones que mueven al gobierno del presiente López Obrador.

Las redes sociales le permiten apoyar o criticar esas políticas de cambio.
Hoy todas las voces son escuchadas. El viejo periodismo conservador, dejó de ser el vocero oficial de la sociedad.
Se viven tiempos nuevos.
Por eso, es fácil comprender que tanto el actual gobierno, como la sociedad que mayoritariamente lo apoya, son los puntos sólidos de la Cuarta Transformación.

En ellos se sustenta el poderoso impulso de movimiento y cambio.
Pero existen otros elementos que forman parte de este proyecto, que por diferentes circunstancias, se están constituyendo en los eslabones débiles de la Cuarta Transformación.
Uno de ellos es el partido político, creado por el actual presidente, que se enfrenta a su primer reto importante: caminar en adelante solo. Sin la figura de López Obrador como líder y presidente del partido.
Los distintos grupos existentes dentro de esta fuerza política, mantuvieron una frágil unidad, mientras López Obrador encabezó un movimiento que con el tiempo, se convirtió en partido político.
Sin él al frente de Morena, esos grupos con intereses particulares y personajes que desean hacer carrera propia dentro de la política, se encuentran enfrentados.

Hay dos bandos perfectamente definidos. Los dos tienen fuerza dentro del partido y se han dedicado a hacerse la guerra abiertamente.
La judicialización de los asuntos internos de Morena, donde es menester el acudir al arbitraje externo, es culpa de ambas facciones.
Los dos grupos han utilizado mecanismos que violan estatuto, reglamentos y acuerdos que garantizan el buen entendimiento dentro del partido. Los dos grupos lo han hecho y cada uno de ellos, ha ventilado la problemática interna en redes sociales, foros y medios de comunicación convencionales.

El presidente López Obrador ha señalado que estas diferencias deben arreglarse por medio del diálogo. Pero al parecer, el mensaje no ha sido entendido por los grupos en conflicto. Quieren la renuncia de alguno, el reconocimiento de otro, la intervención de terceros, en asuntos que solo deberían ser de interés del partido.
Esa fragilidad en la que se mueve Morena actualmente es lamentable.
Y no habrá salida posible, mientras no se acepte que la fortaleza de estas dos corrientes que no se ponen de acuerdo, impide el que una pueda desplazar definitivamente a la otra.

No queda sino el diálogo, para alcanzar el acuerdo interno.

Morena no le pertenece a ninguna corriente en particular. Es un partido plural en el que conviven diferentes posturas políticas. Nadie puede exigir la renuncia o expulsión de alguien. Menos si todos han violando de una manera u otra la reglamentación interna.
Ojalá la militancia de Morena, la de base, pueda poner el orden democrático que hace falta, para sentar a las partes en la mesa de negociaciones requerida.

Estas facciones en Morena, deberían tener en cuenta lo que López Obrador ha señalado en diferentes ocasiones, en relación a problemas de corrupción en el pasado: “¿si los de arriba lo hacen, porque los de abajo no lo vamos a hacer?”
Si el partido político Morena lo hace, ¿por qué no puede comenzar a fracturarse el apoyo social?
En la marcha del domingo pasado, convocada en redes sociales, se dio el caso de un enfrentamiento entre dos grupos que están recabando firmas para que los expresidentes de la república del periodo neoliberal, sean juzgados.
Pensemos que las dos agrupaciones realizan esta labor de manera desinteresada y honesta. Merece el reconocimiento de todos, el que dediquen su tiempo libre a esta labor en la que creen y por lo mismo, impulsan.
Lo lamentable fue la agresión física que sufrieron dos personas pertenecientes a uno de los grupos, de parte de la gente que se identificaba con afinidad hacia la otra agrupación.

Este pequeño problema, relativo a la recolección de firmas, llegó a las redes sociales. Ahí se tomó partido por una u otra agrupación. Se publicaron descalificaciones en contra de quienes fueron agredidos, acusándolos falsamente de juntar firmas de apoyo para Felipe Calderón.
Se dijo en algún espacio en Youtube que el otro grupo, era el “oficialmente” nombrado para la recolección de firmas para enjuiciar a expresidentes.

¿Quién dio esta acreditación “oficial”? ¿Por qué pretender desplazar o eliminar a compañeros de causa? ¿Por qué dividir en lugar de sumar?
Las pequeñas grietas que presenta el sólido bloque de la Cuarta Transformación, se están dando en este terreno.

Un partido actualmente dividido, que pone la muestra para que militantes o simpatizantes al proyecto de cambio, comiencen a ver por sus intereses particulares, en lugar de actuar en conjunto para apoyar la misma causa.

Si Morena no arregla su situación interna de inmediato, le explotará un problema grave, cuando deban definirse candidatos para puestos de elección, en las próximas elecciones del 2021.
Solo en unidad, podrán definir a los personajes más idóneos para competir. Y los hay en ambos bandos.
De no hacerlo, provocarán que su desunión interna, siga siendo ejemplo para quienes desde el ámbito social, pretenden hacer labor política.
Lo que sucedió en el zócalo el domingo pasado, puede considerarse uno de los primeros avisos de que las cosas no marchan al cien por ciento, dentro de la Cuarta Transformación.

Unidos somos muy fuertes. En desunión, solo somos fuertes, pero no gracias al partido y a quienes no entienden el cambio que se construye.
Somos fuertes gracias al gobierno del cambio, a un presiente excepcional y a una sociedad crítica que apoya incondicionalmente a la Cuarta Transformación.
Basta de desunión. Estamos construyendo y hacen falta todas las manos.

Malthus Gamba