Golpe de Estado de la extrema derecha en Bolivia

Es imposible la reconciliación entre dos posiciones existenciales tan distintas, como las que defienden la derecha, por una parte y el resto de la sociedad que pretende una distribución de la riqueza más justa y equitativa.
Eso es lo que se está viviendo en Bolivia en estos momentos.
Por una parte, está la gran masa ciudadana que se ha visto beneficiada por los programas y el enfoque social del gobierno de Evo Morales. Por la otra, la clase conservadora que nunca se va definitivamente.
Una derecha que busca siempre las vías para recuperar el poder, aunque las mismas falten a la democracia y constituyan un retroceso histórico para su país.
Evo Morales está fuera del gobierno de Bolivia, por decisión de las fuerzas militares. A eso, en cualquier parte del mundo, se le conoce como Golpe de Estado.
El mandato constitucional del expresidente, concluía en enero del año próximo. La presión de la derecha boliviana para alejarlo del poder por medio de la fuerza militar, significa el derrocamiento de un gobierno legalmente constituido.
El método utilizado por los golpistas, es el peor de todos. Agresión física a funcionarios públicos; amenazas de daño a las familias de los mismos. La intimidación y la violencia, como mecanismos para lograr sus fines.
Evo Morales deja el poder, debido a que su propia familia peligraba y a que el baño de sangre en el país, era una posibilidad real e inmediata.
Ejército y policía alineados a las fuerzas conservadores, para lograr que el ataque fulminante a la democracia, fuera exitoso.
A grandes rasgos, ese es el panorama actual de una Bolivia que apenas comienza a reaccionar ante el inminente cambio político que la amenaza. El regreso de las fuerzas neoliberales al poder.
Hemos sido testigos de lo que ha sucedido en Argentina y Brasil, cuando el ala más reaccionaria del conservadurismo, regresa al gobierno. Estas dos naciones enfrentan serios problemas económicos y políticos, derivados de las equivocadas estrategias neoliberales aplicadas.
La represión regresó a esas naciones, que anteriormente vivían dentro de un clima democrático innegable.
La caída del gobierno de Evo Morales, obedece a varios factores. Tal vez, la reelección conseguida por el presidente no fue la mejor decisión para el proyecto de nación que se venía construyendo. Pero ése es solo un accidente más en el proceso de Golpe de Estado.
El punto fundamental en este evento lamentable, es que la derecha internacional, está íntimamente relacionada, para oponer obstáculos y descarrilar proyectos democráticos en todo el mundo.
Evo Morales tuvo la intención de abandonar el país, una vez haber renunciado al cargo. Argentina, Chile, Perú y Brasil, le negaron la posibilidad de hacerlo, al no permitir que la nave que lo sacaría de Bolivia, sobrevolara sus espacios aéreos. La complicidad de los gobiernos de estos países en el golpe, es evidente. Lo que suceda a Evo Morales, si cae en manos de los golpistas, será responsabilidad directa de estos gobiernos.
Los conservadores jamás se van definitivamente. Siempre están ahí, esperando la oportunidad de regresar con la misma intención de saqueo que les conocemos todos.
Ahora vemos, con el caso Bolivia, que la Constitución de una nación y demás leyes que rigen la vida democrática del país, no son dique suficiente para detener el avance del proyecto conservador. Las leyes son letra muerta para ellos y el uso de la fuerza, la herramienta preferida para hacerse del poder, aún a costa de la pérdida de vidas humanas y la ruptura del Estado de Derecho.
¿Qué podemos apreciar en Bolivia hoy, cuando el problema del país apenas inicia?
Lo importante en este instante, es la repuesta que están dando los grupos indígenas democráticos en ese país. Ya hay manifestaciones de descontento hacia quienes pretenden hacerse del poder, usando como argumento el brazo militar y el uso de la fuerza.
Bolivia no está perdida aún para la democracia. Serán las fuerzas golpistas las que determinen hasta dónde llegará la violencia en ese país. Ellos son los agresores del pueblo. Evo Morales renunció para evitar una masacre nacional, pero la decisión final, la tomarán los militares y cuerpos de seguridad pública. Ellos son los agresores.
En lo que corresponde a México, la posición del gobierno ha sido clara y terminante.
Se rechaza el Golpe de Estado. No se reconoce por el momento a una autoridad constitucional en el país. Se aplica la doctrina Estrada y se ofrece y brinda asilo a quienes deseen acogerse al mismo. Habrá participación de nuestro país en los foros internacionales, para exigir la intervención de estos organismos, para la pronta solución del problema.
Esa es la posición oficial del gobierno.
La que guardan los grupos conservadores nacionales, es muy distinta, como podría suponerse.
Han aplaudido el golpe militar. Pretenden que el gobierno de la Cuarta Transformación, se abstenga de brindar asilo político a Evo Morales. Hablan de un “retorno a la vida democrática”, refiriéndose a la acción de los golpistas. Y hacen un amago sobre una posible acción futura, del mismo tipo, en nuestro país.
Les pareció espléndida la acción golpista de los conservadores en Bolivia.
Si algo debemos reconocer en este momento, es que la respuesta social al golpe, ha sido lenta en Bolivia. Hay movilizaciones en curso en este momento, pero no se trata de ningún modo de un coordinado movimiento nacional.
Quizá los años de paz y tranquilidad vividos durante el gobierno de Evo Morales, han hecho lentos a los ciudadanos para una reacción inmediata.
En México no sucede lo mismo. Venimos de un proceso electoral, donde la participación ciudadana fue importante.
Hemos enfrentado a la clase conservadora derrotada, desde hace más de un año y la hemos mantenido a raya.
La sociedad en su mayoría, odia al criminal y corrupto proyecto neoliberal y a quienes se enriquecieron a su sombra.
La posibilidad de llevar a buen puerto un Golpe de Estado similar al que se vive en estos momentos en Bolivia, es mínima. Casi imposible.
Lo que los mexicanos debemos tener en cuenta en estos momentos, es que la clase conservadora, como dijimos anteriormente, nunca desaparece del todo.
Está ahí, intentando recuperar el poder, al menor descuido social apreciable.
Pero la solución para impedirles el paso es simple:
Cerrar filas con el gobierno de la Cuarta Transformación, es lo aconsejable.
Estar informados de los sucesos que ocurren en el país, por conducto de medios de información no controlados por la clase conservadora, es otra buena medida.
Platicar, hablar, organizarnos como sociedad, para fortalecer la unidad ciudadana, es un tercer punto importante.
Bolivia, puede recuperar el camino democrático, si su sociedad responde con firmeza a los golpistas y si recibe apoyo internacional, como el que hoy está brindando México.
Aquí, poco peligro hay de un golpe de Estado, como el que se vive hoy en Bolivia.
Pero hay que estar atentos, no confiarnos y no hacer caso a la desinformación que hace correr la derecha, por medio de sus periodistas y sus desprestigiados canales de comunicación.
En México, no perderemos de ningún modo la democracia.

Malthus Gamba