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Un análisis político realizado por la institución financiera Citibanamex afirma que Morena es quien tiene las más altas posibilidades de ganar las elecciones presidenciales del próximo 2024 y, en una analogía futbolística, Citibanamex asegura que el partido fundado por el ahora Presidente Andrés Manuel López Obrador lleva una ventaja por goleada contra el conjunto de los partidos de oposición.

“Suponiendo que la final Morena-oposición se juega en partidos de ida y vuelta, el primer partido se habría jugado entre 2018-2021. Al inicio del partido, se habría visto una goleada que representaría las avasallantes victorias electorales del presidente López Obrador y Morena en 2018. Pensamos que el marcador en esa fase temprana del partido andaría en alrededor de 3-0”, señala el estudio.

Aunque la institución financiera señala que los acontecimientos políticos durante 2022 han traído beneficios políticos tanto para Morena, cuanto para la oposición han sido el mandatario y su partido quienes están acumulando más poder territorial, recursos políticos y capacidades electorales.

A consecuencia de que los partidos opositores perdieron cuatro de las seis gubernaturas en disputa el pasado junio, la única conclusión a que los partidos contrarios a la actual administración llegaron es que la única, si es que alguna, posibilidad de presentar competencia al tsunami morenista es si van todos juntos en coalición para 2024, siempre que logren ponerse de acuerdo en un candidato y que éste sea el adecuado.

Sin embargo, de no presentar una estrategia que signifique una verdadera opción de gobierno y de proyecto de país y una plataforma política que contraste significativamente con la morenista, que goza del apoyo de la abrumadora mayoría de la población, ningún candidato será suficiente para remontar el voto favorable a la cuarta transformación.

El estudio hace referencia a las batallas legislativas que se prevén durante los próximos dos años y medio que restan del sexenio pues hasta ahora solamente han logrado detener la reforma eléctrica, pero con un enorme costo político, y la decisión de negarse de tajo a discutir cualquier iniciativa de reforma proveniente del Ejecutivo no augura reacciones positivas del electorado para ellos.

Desafortunadamente para los partidos opositores, los cambios necesarios, planteados en la reforma eléctrica, fueron obtenidos mediante leyes menores, reglamentos y políticas, por lo que en realidad solamente detuvieron el proceso legislativo y no el avance de la estrategia energética y lo mismo se puede esperar de la reforma electoral ya presentada para su discusión.