FRENAA fracasó

Escribe: Javier Lozano

Siempre sostuve que la organización de ultraderecha que se engendró en FRENAA, se movía no por la convicción, sino por el odio irracional al presidente López Obrador. Nunca fueron un movimiento social que pudiera provocar una reacción preocupante para el propio gobierno federal; asimismo, jamás estuvo en riesgo la misma gobernabilidad a pesar de la “amenaza” de tapizar el Zócalo capitalino de simpatizantes de esta expresión— porque FRENAA no era auténtica, es decir, su esencia fue superficial y narcisista. Quisieron hacer ruido, únicamente.

Lo que ocurrió en aquella marcha en la que muchos conservadores aseguraban que había superado los 150.000 asistentes, fue un disparate. Según los datos oficiales no rebasó ni los 20.000. No obstante, la derecha se envaneció como pavorreal pensando que había nacido la nueva oposición; en realidad, se trató de una simulación donde prevaleció el acarreo que pretendió mostrar un musculo irreal.
Sin embargo, pasaron tragos amargos y etapas vergonzosas de casas de campañas voladoras que, durante ese lapso, manifestaron el vacío de una clase social que a lo largo de décadas— nunca estuvo acostumbrada a salir a las calles a manifestarse, al contrario, criticó de forma dura la movilización pacífica.

A pesar de que sus posturas eran acríticas e inflexibles, no existían una razón poderosa para permanecer en el Zócalo; a menos de que sigan negando una realidad en la que se acabó el esquema de privilegios, no tenía ningún sentido. El presidente López Obrador jamás iba a renunciar, eso fue una incoherencia sinrazón.

Su resistencia fue tan blandengue, que francamente provocaba riza. Ahí, entre disparates y ocurrencias, Gilberto Lozano trató de controlar una expresión que, en muchas ocasiones, se le salió de las manos. La base de esa estructura además de ser inefectiva, no provocó elocuencia. En primera, no existió ni siquiera una organización; únicamente señalamientos y descalificaciones que aumentaban contra el gobierno federal. Eso es todo.

FRENAA fue un fracaso. El golpe duro por abandonar el Zócalo capitalino, no es más que la lectura de una oposición derrotada.

Más allá de su afinidad política con la derecha, se abocaron en simular una resistencia preparada para la derrota. Nunca tuvo ni pies ni cabeza. Es carente de referentes, es más, no los hay. Gilberto Lozano pasó a engrosar una lista de detractores de la cuarta transformación; su injerencia es nula; no canalizó nada; se exageró siempre en las concentraciones y se infló en demasía una organización superflua. De hecho, hay diferencias entre la misma estructura de FRENAA que se negaban a retirarse del plantón.

Hay desorganización. Su inspiración y motivación se esfumó: López Obrador no renunció. Eso es un fracaso. O más bien, fue una operación para medir el pulso de la población e ir ganando adeptos. Tampoco les resultó. La sociedad se incomodó tanto que, durante su estadía en la plancha de Zócalo, mostraban su inconformidad.
EL ridículo del FRENAA, se acabó, se desinfló. Su nueva apuesta es Sí por México: otro esquema de ultraderecha que albergó al sistema de partidos que ahora han constituido una sociedad entre PAN, PRD y PRI. Vaya, todos juntos, ese era su destino.

Notas finales.
El otro ridículo fue el que protagonizó el gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles que acudió a un evento deportivo sin cubre bocas a sabiendas que, en el territorio michoacano, se decretó el uso obligatorio. Hay que recordar que, el mandatario, es parte del bloque opositor y de la alianza federalista: otra simulación al igual que FRENAA y su “tenacidad” contra la lucha de Covid-19. A pesar de que posaba tranquilo y sonriendo, miles de trabajadores de la educación no han cobrado sus quincenas desde hace un mes, que contrastes.

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