A medida que pasa el tiempo en la administración encabezada por el primer gobierno de la 4ª transformación de México, que ha comenzado a extenderse para llegar a 22 estados del país, se empiezan a notar las diferencias fundamentales que existen en la forma de gobernar, con relación a las que aplican los residuos tóxicos de la oposición en las entidades donde todavía no se han terminado de extinguir.

Un ejemplo claro lo tenemos en el tratamiento que le ha dado el gobierno de la Ciudad de México a la gestión del suministro del agua proveniente de otros estados, acordando un esquema en el que todos ganan, como lo hizo con Michoacán que provee de agua al sistema Cutzamala, mientras recibe apoyo e inversión para que ellos puedan aprovecharla en su industria agrícola, durante el proceso. Nadie se enteró de esto sino hasta que el acuerdo estaba hecho y firmado y todos estaban conformes con el trato.

En contraste vemos en Nuevo León al gobernador Samuel García como chiva loca, gritando en las redes sociales que había encontrado una mina de oro, porque se dio cuenta que en Coahuila hay un río muy cerca de Monterrey, de donde podría robarle el agua a los habitantes de Ramos Arizpe y ya tenía dispuesta hasta la tubería de PVC hacerlo.

La reacción de los coahuilenses no se hizo esperar. Los habitantes de los municipios que resultarían afectados, bloquearon la carretera y terminaron por quemar la tubería con la que pretendían saquearlos. Y cómo no va a ser así; la actitud del gobernador es la de alguien a quien se le acaba la gasolina y se pone a anunciar que encontró gasolina en el tanque del coche del vecino. Ahora, gracias a su indiscutible inteligencia, si quiere acceder a esa fuente de agua, tendrá que negociar con sus vecinos en un ambiente más hostil del que hubiera tenido si su actuación fuera la de un gobernador y no la de un tiktokero en busca de likes.

Otro ejemplo lo podemos ver en la comunicación utilizada por el gobierno federal para intentar promover un comportamiento basado en principios y valores morales, que busca el desarrollo sano de la juventud y la niñez con un enfoque humanista, que contrasta escandalosamente con las patéticas acciones de las autoridades de Guanajuato, promoviendo el uso de armas de fuego en eventos con estudiantes de secundaria, a quienes les presta pistolas y rifles de asalto y les explican cómo deben utilizarlas en una suerte de entrenamiento, que promueve la inclinación de estos jóvenes a familiarizarse con instrumentos diseñados para terminar con la vida de otras personas. Este es otro ejemplo del grado de decrepitud mental que presentan estos panistas, pero lo peor es su intención de contagiar también a los jóvenes.

Todos los días podemos ver el respeto absoluto al derecho de manifestarse que observan los gobiernos de la 4ª transformación, a pesar de los intentos de difamarlos de los sicarios informativos, mientras en Querétaro la policía diluye manifestaciones de ciudadanos que se oponen a que les roben el agua privatizando el suministro, golpeando a mujeres y ancianos con el argumento de que la ley es la ley.

También somos testigos de los esfuerzos exitosos de las fuerzas armadas para inhibir el narcotráfico, mientras por otro lado nos enteramos que se transportaban 200 kilos de droga en un vehículo de la Secretaría de Salud del gobierno perredista de Quintana Roo. Otro claro ejemplo es el esfuerzo del gobierno federal para evitar endeudarse, mientras el gobierno priista del estado de México busca contratar 10 mil millones de pesos en deuda adicional, porque ya no le alcanza para pagar sus privilegios principescos.

Y así podríamos seguir citando ejemplos de lo que ya no queremos, pero que sigue sucediendo en los lugares donde estos sátrapas todavía gobiernan. Por el momento confiaremos que el gobernador de Nuevo León no se entere que el cuerpo humano está compuesto en un 70% de agua y busque drenar a los neoleoneses para conseguirla.

Como dijo el sabio alemán Wolfgang von Goethe: “Contra la estupidez, hasta los dioses luchan en vano”.

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Por Erika