El verdadero adversario

En 2006 el Instituto Nacional Electoral renunció a su calidad de árbitro garante de los comicios en México, al decidir ignorar la infame campaña sucia emprendida por un puñado de empresarios temerosos de perder la oportunidad de continuar haciendo negocios turbios con los corruptos políticos en el poder, así como la insultante, cínica e ilegal intervención del entonces jefe del Ejecutivo, Vicente Fox Quezada en favor de quien finalmente ni así se pudo alzar con el triunfo y sólo pudo obtener la banda presidencial mediante un descarado fraude electoral.

En posteriores elecciones no sorprendió a nadie que quien se supone debía vigilar la legalidad y equidad de los procesos se inclinara abiertamente hacia quienes en ese momento ostentaban el poder, pasando por alto las profusas evidencias de compra y coacción del voto, candidatos que rebasaron por mucho los topes de campaña y la utilización de ardides como las llamadas “tarjetas rosas” y los medios de prepago conocidos como “tarjetas monex”.

Sin embargo, en este 2021, el INE ha dado el siguiente paso, dejando atrás su mandato de crear las condiciones para unas elecciones limpias y justas, para tomar el lugar de un cuasi contendiente, escondiéndose detrás de una serie de maromas y peripecias legaloides y de muy cuestionables interpretaciones de la ley, movimientos que, uno a uno, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ha tenido que desmontar al no tener sustento legal real.

Por otro lado, los empresarios que se han enriquecido en colusión de autoridades inmorales, donde el soborno, el tráfico de influencias y las dádivas eran de uso corriente, y que ahora ven amenazado este perverso sistema de hacer negocios, han dejado la manipulación desde las sombras a que estaban acostumbrados pues sus títeres políticos simplemente no supieron reaccionar ante la avalancha de votos y apoyo provocados por la indignación popular debido a su descaro y desvergüenza al amasar fortunas ilegítimamente obtenidas.

Por ello es que estos oligarcas que se sienten dueños del país se coluden con los políticos más corruptos y abyectos y con lo peor de la prensa y la intelectualidad para, en un esfuerzo final, intentar desacreditar al gobierno de la cuarta transformación e instalar una narrativa de rechazo generalizado entre la población, con muy poco o nulo éxito pues de acuerdo a las encuestas más recientes, la popularidad del presidente y del mayoritario partido Morena no solamente no ha disminuido, sino que va a la alza.

Por eso es tan exasperante que quienes dicen apoyar a Andrés Manuel López Obrador y a la transformación del país decidan que, justo cuando estamos ante las elecciones más importantes para la consolidación de la transformación de nuestra Nación, crean conveniente entrar a una guerra de descalificaciones a dirigentes y candidatos, basados en una lectura reduccionista del momento político y social que vivimos.

Es un hecho que estamos viviendo una auténtica revolución, un periodo de profundos cambios en lo político, en lo económico y en lo social, que requiere el apoyo popular para consolidarse. Pero también es verdad que una revolución solo puede ser detenida por una contra revolución, y ésta siempre viene de adentro del movimiento. Quien crea que una transformación como la emprendida por López Obrador puede realizarse solamente por quienes integran hoy el partido peca no solo de sectario, sino hasta de inocente.

La creación de cuadros competitivos, de bases con verdadera oportunidad de ganar elecciones lleva tiempo, mucho tiempo. Y después todavía tienen que adquirir experiencia política y de gobierno. Una transformación siempre requiere de personas y grupos de todos los sectores de la población, intentar realizarla con gente de una sola tendencia ideológica es absurdo y suicida. Calificar a quienes estuvieron afiliados a otros partidos de “chapulines” es un pensamiento muy limitado, ya que, al aún no existir suficientes cuadros propios realmente capaces de ganar una elección y sin experiencia de gobierno, de algún lado tienen que conseguirse.

Si, efectivamente hay candidatos no idóneos y con los que muchos no estamos de acuerdo, pero en todo caso, es mejor tenerlos de este lado, donde se les puede exigir y no seguirle dando aliento al conservadurismo que pueda permitirles siquiera disputar una posición más adelante.

Enfoquemos nuestros esfuerzos, nuestra lucha en el verdadero adversario, que con ellos tendremos bastante. Recordemos que la oposición busca recuperar sus mal habidos privilegios a cualquier costo, y es una hidra con los políticos, la prensa corrupta y el árbitro electoral como cabezas ponzoñosas.