El nuevo banco más grande de México

Durante los 40 años de gobiernos neoliberales en México, la banca de desarrollo se orientó a gestionar operaciones financieras de segundo piso, es decir, a llevar a cabo programas de financiamiento y garantías que eran canalizados a través de los bancos comerciales privados para que los fondos llegaran a los consumidores.

De igual forma, el ahorro fue promovido básicamente por medio de los bancos comerciales privados, dejándose de lado las funciones de la banca de desarrollo para estos fines.

El único banco de primer piso que no se privatizó fue Bansefi, Banco del Ahorro Nacional y Servicios Financieros, a quien estos gobiernos dejaron en el abandono, como un banco pequeño sin posibilidades de cubrir las necesidades de personas que no tenían acceso a los servicios de la banca comercial privada.

Esta política dio como resultado que la banca privada creciera y se diversificara en las zonas urbanas, donde las operaciones les representaban buenos negocios a los banqueros, pero que una gran parte de los mexicanos no tuvieran acceso a créditos o servicios financieros, por no encontrarse ubicados en las áreas de mayor concentración en la actividad económica.

De acuerdo con el Banco Mundial, la inclusión financiera es uno de los factores más importantes para el desarrollo de los países, sin embargo, en 2018 solamente el 68% de la población entre 18 y 70 años tenía acceso a los servicios financieros, únicamente el 47% de la población de esas edades tenía una cuenta bancaria y sólo el 31% tenía un crédito bancario.

En 2019 cuando el gobierno de la 4ª Transformación decidió proporcionar millones de apoyos sociales a la población, tuvo que utilizar las sucursales de la banca comercial privada para comenzar a hacerlo, pero en forma paralela retomó la estructura de Bansefi para modernizarla y desarrollarla.

En menos de dos años, alrededor de 20 millones de personas que no lo tenían, recibieron acceso a los servicios bancarios a partir de la dispersión de apoyos gubernamentales, muchos de los cuales ya se realizan a través de las sucursales del Banco del Bienestar.

En los siguientes cuatro años, el gobierno tiene planeado que este banco de desarrollo, orientado a atender a las clases populares y a la clase media, cuente con casi 3,000 sucursales, superando el número de sucursales con las que cuenta el banco comercial privado más grande del país, pero la mayoría de éstas estarán ubicadas en zonas rurales, donde la banca privada no llega.

Hoy, apenas a unos meses del inicio en su expansión, el Banco del Bienestar ya cuenta con más de 300 sucursales y se encuentra lanzando programas financieros con vocación social, a través del otorgamiento de créditos productivos para personas físicas con actividades empresariales, la mayoría de las cuales, no tienen acceso a los créditos de la banca comercial por cuestiones de requisitos o de tasas elevadas.

En primera instancia, está otorgando 10 mil créditos desde 20 mil hasta 50 mil pesos cada uno, con tasas de interés del 10% anual, tres meses de gracia para comenzar a pagar, a un plazo de más de 2 años y con un máximo de 15 días para que se lleve a cabo su autorización.

Con toda seguridad el Banco del Bienestar se va a convertir en el vehículo más importante de la 4ª Transformación, para promover la inclusión financiera y el bienestar entre la mayor parte de la población que antes no tenía ninguna oportunidad de acceder a los servicios financieros, o se veía obligada a depender de empresas voraces en manos de depredadores, como Elektra o Banco Azteca, donde dejaban una buena parte de sus ingresos pagando comisiones exorbitantes.

Después de tanto tiempo sin haber volteado a ver a la gente menos favorecida en este país, hoy que lo estamos haciendo vale la pena recordar esta frase de Albert Einstein: “Comienza a manifestarse la madurez, cuando sentimos que nuestra preocupación es mayor por los demás, que por nosotros.”