El desgaste de la oposición

En la opinión de Elí González
@calacuayoMX

El Presidente Andres Manuel López Obrador (AMLO) cuenta con una aprobación ciudadana de aproximadamente 70%, de acuerdo con las casas encuestadoras más confiables.

Y desafortunadamente para la oposición, no hay señales que su imagen haya entrado en un proceso de desgaste, se aprecia todo lo contrario.

Quien sí está desgastada es la oposición.

Fracasaron en su intento de golpear e imponer sus caprichos en el primer año de gobierno de Lopez Obrador.

Los amparos de Claudio X. González, le hicieron lo que el viento a Juárez, las noticias falsas cada día son más aburridas e intrascendentes; no les funcionan los sabotajes a los nombramientos en el Congreso.

El PRI es un cero a la izquierda, el PRD está en vías de su extinción, “México Libre” nació muerto, la campaña VS AMLO del PAN no se da en la vida real, la oposición es una novela, es ficticia, no se ve. Hacen campañas en Twitter, pero fuera de él, no son nada.

El presidente tiene a la mayoría de la población mexicana confiando en su trabajo, en su dedicación por mejorar al país.

Pero ¿por qué confía la gente?
Sencillo, porque todas las acciones del gobierno, nos las dijo en campaña. Nada es nuevo y por lo tanto, no nos debemos sentir sorprendidos de nada, como la oposición que finge sorpresa, para seguir su telenovela.

Les debería sorprender que no haya modificado su proyecto de gobierno a pesar de la crítica y de la realidad con la que recibió el país.

La oposición quiere que las mayorías que votaron por AMLO se arrepientan de haber votado, pero la pregunta es ¿por qué arrepentirse?

El informe del 1 de diciembre en el Zócalo fue para detallar los avances concretos para cada uno de los proyectos específicos que había prometido desde la campaña presidencial.

Es cierto que aún queda mucho por hacer. La inseguridad sigue en niveles inaceptables, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) es todavía muy bajo. Pero El mismo Presidente lo reconoció en un ejercicio de autocrítica durante su discurso el 1 de diciembre.

Debemos reconocer que a diferencia de las promesas irresponsables de Vicente Fox en su campaña de 2000, AMLO no dijo que iba a revolucionar el país en un año. Dijo que iba a hacer su mejor esfuerzo en su breve paso por Palacio Nacional para dejar firmes las bases para la construcción de una nueva nación.

Las marchas de la oposición no son tan dañinas ni destructivas. Y aunque son irrelevantes, sirven de combustible para avanzar, para crecer, para demostrarles que no tienen razón en todo lo que dicen y afirman.

La oposición debe entender que ha llegado la hora para la verdadera rendición de cuentas. Que se tienen que adaptar a una nueva realidad o serán aplastados por las masas que aún sienten esa náusea por ellos.

Deben reconocer su derrota, que de nada les sirve los fraudes y los golpes; deben dar paso a una nueva era de participación social y unidad nacional. Que si realmente queremos el bien de México, debemos entender que se requiere del apoyo de todos los mexicanos. Y aunque lo olviden, ellos también pertenecen a este hermoso país.

La oposición debe entender que su nostalgia es inútil, que su momento se acabó. Los tiempos del derroche sin fin, de la corrupción sin límite y del saqueo desbordado ya quedaron en el pasado.

La lección es que el nuevo régimen ya sobrevivió a los embates golpistas del primer año. Ahora camina con pasos más firmes y la oposición debería entender que cada vez se les pone más difícil la situación.

La oposición ya olvidó que después del fraude de 2006, le decían a AMLO que aceptara su derrota. Querían que abandonara su lucha por la justicia, la paz y la democracia. ¿Y por qué ellos no la aceptan?

La oposición debería sumarse en este segundo año que inicia. En lugar de desgastarse con la siguiente estrategia de golpe, en lugar de planear la siguiente Fake News, debería entender que es mucho más productivo invertir toda esta energía en una participación democrática a favor del fortalecimiento de este país, que también es de ellos.

El tiempo en el que gozaban de los privilegios y las prebendas del poder ya se les acabó. Es momento de adaptarse a una nueva realidad que será mucho mejor para todos, incluso para ellos.

Es necesario que se desacostumbren a vivir del favor de Palacio Nacional, que aprendan a ganarse la vida con honestidad y trabajo arduo como todos los demás ciudadanos lo hacemos.

Es necesario que dejen de añorar los viejos tiempos del dinero fácil y de la indolencia premiada.
Ese tiempo ya se les acabó y no volverá.

Eli González

Profesionista, Empresario, Conferencista y Columnista