Desinformación y coronavirus

Imagen: Steve Cutts
Las pandemias tienen una característica particular. Despiertan el pánico en ciertos sectores sociales. No se puede decir que en la sociedad en su conjunto, porque puede verse una división clara entre los que temen a la muerte y quienes enfrentan a la muerte.
Hay varios rostros que presenta la nueva variante de coronavirus, que hoy padece la humanidad en su conjunto.

Nuestro país no puede ser excepción y por lo mismo, es evidente que buena parte de la sociedad enfrenta esta relativa amenaza de enfermedad y potencial muerte, de una manera valiente, tomando en consideración las recomendaciones que las autoridades de salud del gobierno federal, instrumentan para garantizar un tránsito correcto por las tres distintas etapas que presenta la enfermedad.
Hay tranquilidad social en la mayoría de los mexicanos. No se ven por la calle a personas que cubren su rostro con los tapa bocas que resultan por demás inútiles para contener el contagio. Se sabe que estos aditamentos son útiles en hospitales y centros de salud, pero resultan ineficaces en la vida diaria.

Este amplio sector social asiste a sus actividades cotidianas, observando las medidas de higiene y cuidado que recomiendan a diario las autoridades. No pueden hacer otra cosa, puesto que el alimento diario, depende del salario que se obtiene por cada jornada trabajada. Toman las precauciones necesarias, pero viven cada día sin una preocupación particular que altere en forma apreciable el ritmo de vida que han seguido por años.

Si más adelante hay necesidad de mantener cuarentena obligada, su mayor preocupación será el contar con los alimentos suficientes para superar sin problemas el estado de crisis.

La mayor parte de los mexicanos están enfrentando la enfermedad y la baja probabilidad de muerte, con total entereza y en pleno conocimiento de la realidad que estamos afrontando.
Existe por otra parte un sector menos numeroso, que se deja influenciar por la información falsa o incorrecta que circula actualmente por buena parte de los medios de comunicación convencionales.

Estos ciudadanos han caído en un pánico injustificado y realizan acciones que poco los ayudan y hacen más difícil su enfoque objetivo sobre la realidad. Las compras de pánico son un ejemplo claro de las conductas equivocadas que realizan estas personas. Están temiendo un periodo de desabasto, que no tiene sustento real. Se procuran alimento, agua y productos de higiene en cantidades fuera de toda lógica. El posible desabasto los preocupa.

Lo que es paradójico, es que estos mismos ciudadanos están exigiendo, ante el temor de un contagio inmediato, que se cierren puertos y fronteras en todo el país. Que las rutas áreas queden suspendidas en tanto exista la amenaza de contagio. Que México se cierre totalmente al exterior.

¿De dónde piensan que viene buena parte de los alimentos y artículos que están comprando? Somos un país esencialmente importador. Mucho de lo que se compra en los grandes almacenes, nos llega de otros países, tanto en su producción, como en su acabado final. Si las fronteras se cierran en su totalidad, no habrá mercancías con que abastecer al mercado nacional. Entonces sí enfrentaremos un escenario de desabasto, provocado por nosotros mismos.

Exigen también pruebas de laboratorio para todo posible contagiado, sin entender que estas pruebas individuales son caras y que basta mandar al posible infectado a guardar una cuarentena domiciliaria, para evitar contagios mayores.
Este sector exige datos y más datos, “modelos matemáticos” que de nada sirven ante la presencia de una enfermedad que no está afectando de igual manera a todos los países.

Veamos el caso europeo. Buena parte de la población en ese continente, es de edad avanzada. Hay muchas personas de la tercera edad habitando en los países de la comunidad europea. El contagio en esas naciones, es alto y peligroso, puesto que la población más vulnerable ante el nuevo virus, es precisamente la que se ubica entre quienes rebasan los sesenta años. Hay más decesos, debido a la misma razón. Los jóvenes por regla general, se recuperar después de la cuarentena, mientras que la gente mayor padece consecuencias graves y tiene una más alta probabilidad de fallecer.

En nuestro país, el grueso de la población se compone de personas jóvenes y el peligro de muerte, es por lo mismo, menor.
Enfrentar la enfermedad y la amenaza de muerte de manera objetiva y sensata, es muy distinto a la postura de quienes temen a la enfermedad y dan por inminente la muerte.

Son dos posturas contrarias. La primera correcta y la otra, respondiendo a la manipulación informativa que están llevando a cabo los medios de comunicación conservadores, con el fin de obtener beneficios políticos, antes que cumplir con el deber ético y moral que les corresponde.

Va a ser difícil que este pequeño sector de nuestra sociedad, corrija su actitud en el futuro inmediato. Lo importante es que son pocos los que se dejan manejar por la desinformación que circula en la prensa, radio y televisión de corte conservador. La intención de crear pánico en el país, no está progresando. Hay confianza en el gobierno y en la estrategia que se sigue para atender la enfermedad, en cada una de sus etapas.

Los conservadores serán siempre la piedra en el zapato. No aportan algo positivo a los problemas que vive México. Siempre anteponen el beneficio de clase, al bienestar general.

En este momento, empresarios como Claudio X González y Gustavo de Hoyos Walther, están pidiendo a nombre de la COPARMEX, que se devuelvan impuestos y se exente a los empresarios del pago de distintas contribuciones, como una muestra de “apoyo gubernamental”, para que la economía nacional no se vea afectada.

En realidad, la riqueza nacional es fruto del trabajo de todos. No la construyen los empresarios por sí mismos. Y en esta crisis, como en todas las del pasado, no hemos visto a la clase trabajadora exigir beneficios adicionales para sacar adelante al país.
Hay políticos reaccionarios que están exigiendo al presidente, retomar el camino neoliberal, como una salida para enfrentar la epidemia. Condicionan su participación, al regreso del modelo corrupto del pasado.
Como vemos, la nueva variedad de coronavirus viene asociada a una serie de conductas y actitudes que nos muestra la composición y descomposición que priva dentro de la sociedad.

Para la gran mayoría, se trata de un problema serio, que hay que afrontar objetivamente.
Para otro pequeño grupo, se trata de un evento que desconcierta al punto de provocar pánico. La respuesta entonces es desafortunada y nada objetiva.

Aparte está el sector político y empresarial conservador, que intenta recuperar privilegios, usando a la enfermedad como pretexto.
Cada ciudadano se está ubicando en este momento, dentro del grupo que le parece más adecuado a su forma de razonar y sentir.
Y cada uno responderá por sus actos presentes en el corto plazo.
Para bien, o para mal.

Malthus Gamba