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El tono de Ciro Gómez Leyva no es de satisfacción, o festejo. Su rostro lo dice todo. Hay desencanto, resignación y pesar, ante la evidencia de algo inevitable que se anuncia dos años antes de ocurrir.

“Una semana más perdida para la oposición. Morena realiza su jornada de elección interna para consejeros del partido y a pesar de incidentes menores que ya se están investigando, sigue el curso de su agenda sin tropiezo alguno. Vendrá el Congreso para elegir Consejeros nacionales y después la designación del candidato presidencial del Partido. ¿La oposición? Perdiendo un tiempo que no tiene, en hacer nada. Nada. Y que no nos vayan a salir con el cuento de que están preparando una estrategia triunfadora que presentarán en breve. Eso lo vienen diciendo desde el 2018 y no han podido presentar algo medianamente interesante”.

Y cierra con esto:

“El triunfo de Morena está más que cantado. El próximo presidente de México saldrá de los tres fuertes candidatos que tiene el partido en estos momentos. Es más, a estas alturas, la dudas y la competencia están en saber quién de esos tres fuertes aspirantes, será el sucesor del actual presidente López Obrador. La oposición no tiene con qué enfrentar a estos precandidatos de Morena. Y ya no tiene tiempo para construir una candidatura sólida”.

Muchos podemos recordar lo dicho hace unos meses por Joaquín López Dóriga, en el mismo sentido. “La oposición está en Babia” y “Pinche oposición, no existe”. Así tituló a dos de sus video-notas de este año.

Que los simpatizantes y militantes de Morena expresen una opinión de este tipo, no causa un revuelo especial. Es verdad que Morena camina solo hacia un triunfo en el 2024. Pero la opinión contraria, defendida por quienes respaldan los intereses neoliberales en medios de comunicación conservadores y en redes sociales, hace que exista un cierto equilibrio en la interpretación de la realidad política nacional.

Hay opiniones a favor y en contra, sobre este supuesto.

Lo malo viene cuando son los viejos guardianes del neoliberalismo, los que expresan públicamente que todo está perdido para la oposición y que la fortaleza de Morena es tan aplastante y evidente, que no queda otra opción que la de ser realistas, afrontando lo inevitable.

Ciro Gómez Leyva y Joaquín López Dóriga están viviendo hoy ese momento y lo expresan en sus espacios noticiosos sin tapujos.

No hay nada que hacer ya. El tiempo se acabó y nada se construyó para frenar a Morena con oportunidad. Hoy el partido es fuerte. Tiene a los mejores candidatos a la presidencia y la oposición no puede hacer en unos meses, lo que dejó de hacer en los primeros cuatro años de gobierno de López Obrador. Presentar un Proyecto Nacional alterno y construir candidaturas competitivas.
Está cantado el triunfo de Morena en 2024.

El próximo presidente del país, saldrá de la terna Sheinbaum- Ebrard y Adán Augusto. No hay más.

Y lo que llama la atención en estas declaraciones venidas de la oposición y expresadas por quienes han sido dos de los alfiles más importantes en los medios de comunicación conservadores, es que ellos mismos están haciendo una depuración, similar a la que en estos momentos se realiza al interior de la izquierda mexicana.

Ciro Gómez Leyva y López Dóriga, hablan siempre de los tres fuertes candidatos de Morena.

Han descartado de entrada a dos personajes polémicos que aspiran a la candidatura del partido, aunque con posibilidades realmente menores.

No figuran Ricardo Monreal, ni Fernández Noroña, en el grupo de donde saldrá el siguiente presidente de México.

Y no lo hacen con la intención de “debilitar” a estos dos políticos. La verdad es que los ven débiles, al no contar con respaldo social importante.

Ricardo Monreal ni siquiera se inscribió como aspirante a consejero de Morena, ante el temor de no alcanzar los votos suficientes, en el ejercicio celebrado el fin de semana pasado. De ese golpe no se hubiera levantado.

Fernández Noroña ha enfocado sus baterías hacia todos aquellos que no respaldan su candidatura a la presidencia. Tiene bloqueados a cantidad de detractores en Twitter, por el simple hecho de haber manifestado públicamente, que no lo respaldan en su intento para convertirse en presidente. Esa actitud lo daña bastante, pues pone de manifiesto su intolerancia y su falta de respeto hacia aquellos que se atreven a evidenciar sus limitaciones como servidor público y también como político experimentado.
Su carácter altanero lo está hundiendo día tras día.

Es evidente que Morena marcha hacia un triunfo histórico en 2024.

No hay oposición que pueda estorbarle en el camino.

Lo que ahora importa, es definir al sucesor del presidente López Obrador, con tiempo y con pleno conocimiento de lo que se decide.

La mayor parte del “obradorismo”, se inclina porque la candidatura a la presidencia, se defina entre los tres políticos que encabezan toda encuesta imparcial y seria.
Ya sea Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard, o Adán Augusto López.

Cualquiera de los tres será un sucesor digno.

Que llegue Morena fuerte al 2024, tiene que ver más con las posibilidades del partido para conseguir una mayoría respetable, en el Congreso de la Unión y los Congresos locales que se renuevan.
La verdadera competencia por la presidencia ya empezó y se da dentro de Morena, en redes sociales y medios de comunicación. Pero sobre todo, a nivel Pueblo.

Debemos entender que en los momentos de cambio que vivimos, nada está ocurriendo de acuerdo a los tiempos y calendarios del pasado.
Quienes hablan de “esperar los tiempos oficiales” para impulsar al candidato a la presidencia de nuestra preferencia, están fuera de la realidad.
Lo vimos hace unos días, en la elección a consejeros en Morena.

No hizo falta la participación o el “banderazo de salida” del INE.

La sociedad actuó con entera libertad y organizó, junto al partido, un ejercicio democrático histórico.

Las campañas para posicionar a los tres aspirantes de Morena a la presidencia, ya iniciaron.

Son tres posibilidades y nada más. Los restantes carecen del mínimo respaldo social para ser tomados en cuenta.

El próximo presidente del país, saldrá de ese proceso de selección que ya inició.

“Está cantado el triunfo de Morena en 2024”, dijo Ciro Gómez Leyva en su programa. “Y son tres los aspirantes fuertes en ese Partido”.
Si la oposición ya lo entendió, es lógico que la sociedad mexicana se está moviendo en ese sentido.

Lo único deseable es que esa competencia sea limpia, por parte de los simpatizantes de los tres políticos de izquierda, que buscan suceder a López Obrador.
Los tres son buenos políticos. Cualquiera de ellos será buen presidente.

Hay que apoyar a uno, sin lastimar la imagen de los otros dos.

No somos iguales y este momento es para demostrar que la política y los procesos
electorales, se pueden llevar de manera limpia y sin recurrir a prácticas propias de los corruptos del pasado.
Aquí no vale el dicho de “que gane el mejor”, porque los tres son muy buenos.
Sería más bien: “que gane el que más respaldo social consiga, de parte del Pueblo”

2024 será un nuevo día de fiesta para los mexicanos. Casi tan feliz al que vivimos en aquel histórico 2018, cuando López Obrador gana la presidencia.

Malthus Gamba