Hay información que los ciudadanos conocemos solo de manera parcial. Y cuando por alguna circunstancia se complementa la misma, con revelaciones inesperadas, los datos que faltaban nos asombran por el impacto que aún tienen en nuestra vida diaria.

No importa si los sucesos corresponden a medidas tomadas hace varios años. Las consecuencias de estos aciertos y errores siguen afectando para bien o para mal, la vida de una sociedad que busca en este momento estabilidad y niveles de vida aceptables para todos.

En la conferencia mañanera del día de hoy, el presidente López Obrador respondió a un periodista faltó ética y educación (Carlos Domínguez, de Nación 14), quien acosaba al primer mandatario con sus puntos de vista personales sobre la “ineficacia” de la estrategia del gobierno federal, para contener y reducir los niveles de violencia en el país.
La respuesta del presidente fue acompañada de una gráfica, donde se aprecia con claridad que al inicio del mandato de Felipe Calderón, los niveles de inseguridad y violencia en el país, eran más o menos aceptables.

Los cárteles de la delincuencia organizada tenían presencia en zonas específicas del país y cada organización criminal operaba sin demasiada competencia dentro de su respectivo territorio.
Todos recordamos que Felipe Calderón llega al poder a consecuencia de un fraude descarado, operado por la dupla PRI-PAN, con la participación y visto bueno del Instituto Electoral.
Calderón asume la presidencia, en medio de un escándalo que le resta legitimidad. Y para alcanzar un nivel de aprobación más alto, declara una fingida guerra en contra de la delincuencia organizada. Hay sangre derramada de soldados, delincuentes y civiles en varios estados del país. Paradójicamente, los grupos de la delincuencia se fortalecen y aparecen nuevos cárteles a lo largo y ancho del territorio nacional.

El dato que proporciona el presidente López Obrador en la conferencia de hoy, es impactante.

Durante el sexenio de Felipe Calderón, la delincuencia y violencia en el país, se incrementaron en un 50%.

La paz que disfrutaban los mexicanos antes de su llegada al poder, se acabó en unos cuantos años. Viajar por México se volvió “deporte de alto riesgo”. No había garantías para los ciudadanos.
Calderón heredará ese México violento a Enrique Peña Nieto. Durante este nuevo sexenio, la curva ascendente, en lo que respecta al nivel de violencia en el país, crece otro poco.
Y es precisamente durante ese gobierno, donde el miedo de la sociedad mexicana, se desborda

¿Quién no recuerda el amanecer diario, donde los integrantes de una familia salían a realizar sus actividades cotidianas, despidiéndose unos de otros con las mayores muestras de amor, porque no se sabía si todos los integrantes del núcleo familiar, regresarían por la tarde o noche con bien?

La curva de violencia en el país creció de manera impresionante, durante los últimos gobiernos neoliberales.

La guerra en contra de la delincuencia fortaleció a las organizaciones criminales. Las Fuerzas Armadas, realizaron labores impropias, ordenas desde la presidencia del país.
Mataron a sangre fría y remataron a heridos y prisioneros, sin piedad.

Como si esto fuera poca cosa, el Secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, mantuvo trato directo con determinados grupos criminales, para que pudieran operar, previo pago en efectivo, o depósito en cuentas de cheques, sin mayor problema dentro de nuestras fronteras.

Ese México violento, forjado en 12 años de ineptitud y alianza con la delincuencia, fue la herencia que recibe el presidente López Obrador al iniciar su mandato.

Un 50% de incremento en la violencia es monstruoso por donde quiera que se le mire. Un motivo de vergüenza para todo expresidente que conozca el significado de esa palabra. Vergüenza
Pero Felipe Calderón se ha distinguido siempre por ser un político carente de valores y ética. Un personaje enfermo de poder. Alguien predispuesto a la traición y a la mentira burda.

Su preceptor y maestro en lo que corresponde a su carrera política, así lo describía. Carlos Castillo Peraza, intelectual y destacado político panista, le dirigió una carta personal, en donde hace referencia a todos los vicios que veía en la persona de Calderón. Incluida su afición a las bebidas embriagantes. Cualquiera puede ver esa carta en redes sociales. Fue muy difundida en su momento.

El presidente López Obrador señaló el día de hoy, que resultaba inconcebible que Felipe Calderón “saliera hoy con un cinismo y cretinismo insultantes” a criticar la estrategia del actual gobierno, que atiende las causas que detonan la delincuencia y no utiliza la violencia de Estado, para enfrentar la violencia que genera la delincuencia organizada.

Efectivamente hay violencia en el país actualmente, señala el presidente, pero ahora no se maquillan cifras, ni se ha permitido que los niveles de violencia sigan aumentando.
Desde la llegada de la Cuarta Transformación al poder, esos niveles permanecen estables por primera vez en muchos años y ya se ve una reducción discreta si se quiere, pero que marca el quiebre histórico que busca este gobierno, en cuanto a los índices de criminalidad.

Qué distinto país va a heredar el presidente López Obrador, a quien resulte ganador en la contienda presidencial del 2024.

Una estructura sólida de combate a la delincuencia, con una Guardia Nacional afianzada en todo el territorio nacional.

Con Programas Sociales que brindan oportunidad a los jóvenes en el país.

Con un gabinete de seguridad que opera a nivel federal y estatal. Con unas fuerzas armadas que no tienen encomendada la misión de matar y rematar.
Efectivamente, hay violencia en el país, pero ésta se concentra en territorios específicos. Principalmente en zonas donde los gobiernos del PRIANRD, han gobernado por años.
En tres años de gobierno se ha construido mucho, para dar solución definitiva al problema
Los resultados están a la vista y hay algo más que debe tomarse en cuenta.

Hay áreas difíciles, donde el enfrentamiento entre delincuentes, es el pan de cada día.

Pero fuera de estos terrenos ¿Tenemos el mismo miedo de hace algunos años?

¿Bendecimos a nuestros seres queridos y les damos un abrazo de amor, pensando que puede ser el último?

Me parece que en buena parte del territorio nacional, ese temor está desapareciendo poco a poco.

El trabajo de las distintas áreas de seguridad, en los tres niveles de gobierno, se nota. La estrategia de “Abrazos y no Balazos”, ha evitado el inútil derramamiento de sangre.
Eso lo percibe buena parte de la sociedad mexicana.

Por eso los índices de respaldo al presidente se incrementan, en lugar de bajar.

La actual estrategia de seguridad, funciona y ya pasó con bien el reto importante.
La contención de la violencia se dio y hoy, los niveles comienzan a bajar.

Calderón haría bien en callar, mantener un bajo perfil y dedicarse a las aficiones personales que le señaló en su oportunidad, su maestro Carlos Castillo Peraza.
Ya causó bastante daño al país y a los mexicanos.

Malthus Gamba