Calderón: El adversario de cartón vs López Obrador

Ni una semana ha durado el problema de la policía federal inconforme y ya se está desdibujando la protesta.

En la primera audiencia celebrada el día de hoy, entre autoridades y federales inconformes, quedó registrado que la demanda de quienes se encuentran en paro laboral, es en el sentido de que se les respete su derecho a mantenerse en el trabajo, que se les liquide conforme a la ley.

Nada que esté fuera de lo que prometió desde el inicio el presidente López Obrador. Quien no quiera, o no pueda pertenecer a la Guardia Nacional, tiene la garantía de que permanecerá dentro de la actual policía federal, realizando otras actividades. Y si aún existe inconformidad, una liquidación justa está disponible.

Un pequeño problema que los conservadores quisieron inflar y luego estallar, en perjuicio del gobierno de la Cuarta Transformación, en realidad no ha dado para mucho hasta ahora.

No fue el detonante social que los reaccionarios esperaban.

Lo que sí consiguieron, fue hacerse de un líder que ocupe el espacio político vacante desde el primero de julio del año pasado.

Y hablan de esa nominación, como si se tratara de un personaje inobjetable, todo carisma y de conducta irreprochable.

Desde su tumba política y luego del fracaso de su esposa para competir por la presidencia del país, el personaje en cuestión trabajó limitadamente, en la construcción de un nuevo partido político. Hacen falta recursos de todo tipo y apoyos suficientes para cumplir un sueño tan ambicioso.

Todo parece indicar que no va a lograr su objetivo. La gente no acude a sus asambleas, ni se registra en su desangelado partido.

Entonces surge el incidente de la policía federal y Felipe Calderón (él es el ungido), salta de inmediato para defender las demandas de estos paristas que no representan al total de la corporación policiaca.

Calderón, en las sombras, trata de mover el conflicto, de manera que los resultados le sean favorables. Quiere que este asunto se convierta en algo grande, que ponga en predicamento a López Obrador. Una subversión del orden, que demuestre que se ha perdido la gobernabilidad en el país.

Fracasa este intento y Felipe tiene que dar la cara.

Ahí se transforma ante los ojos de los conservadores. Lo ven como la voz anunciada por los oráculos chayoteros. Es el esperado, el elegido que enfrentará al poder de la Cuarta Transformación. Es el contrapeso que requieren para restarle popularidad y credibilidad a López Obrador.

Lo purifican entre todos y se lanzan a las redes sociales, para prepararle el camino hacia el triunfo, que deberán cosechar en las elecciones intermedias del dos mil veintiuno.

Ya lo ven como diputado federal, encabezando una bancada opositora, liderada por el nuevo partido político, que aún no existe.

Y Felipe se deja adorar. Está en su elemento. Regresa a la política por la puerta trasera. Pero regresa.

Total, así entró una vez, a tomar protesta como presidente de la república.

Hay emoción entre políticos de la derecha, empresarios de la reacción, prensa chayotera y los pocos despistados que aún piensan que el neoliberalismo puede resurgir (por cierto, Estados Unidos, Rusia y China, que son las potencias mundiales, ya se mueven en terrenos de un nacionalismo proteccionista).

Todo es fiesta en la casa de la derrota. Saldrán de su miseria y Felipe Calderón los llevará de la mano al esplendor de otros años.

La corrupción, la impunidad, el tráfico de influencias, el huachicoleo en todas las dependencias públicas, regresarán y ellos recobrarán sus privilegios de clase.

¿Qué pasa mientras tanto en el otro lado del terreno de juego?

La mayoría de los mexicanos, ven únicamente a un cadáver político que usa grandes cantidades de bots en redes sociales, en un intento desafortunado por conseguir seguidores a su causa y desprestigiar al gobierno del cambio.

Es un personaje deshonesto, que enriqueció a toda su familia, mientras desempeñó el cargo de presidente.

Es responsable de cientos de miles de muertos, generados en una guerra sin sentido, que bañó de sangre a todo el país.

Es alguien que se hizo del poder político, traicionando a todos los que en algún momento le tendieron la mano.

Es el que se hizo presidente, en base a un fraude electoral que no se olvida.

Es un cadáver político que hoy no representa a la verdadera sociedad mexicana.

Platicando sobre esto con algunas amistades, llegamos a la conclusión de que el grado de deterioro dentro del grupo conservador, es alarmante. No tienen fuerza real para enfrentar a la Cuarta Transformación. No hay quien tenga las manos limpias entre ellos.

Por eso acuden a la lastimosa figura de unos de los peores presidentes del México contemporáneo.

¿De verdad piensan que Calderón, apoyado por bots y comentócratas, puede significar un contrapeso creíble ante López Obrador?

¿Creen en serio que el pueblo de México que, dicho sea de paso, “es mucha pieza”, va a creer en las propuestas y promesas de uno de los neoliberales más repudiados?

¿Una campañita publicitaria, acompañada de la guerra de lodo en que son expertos, bastará para restarle credibilidad a un presidente que trabaja lealmente todo el tiempo, en favor del país’

Para la mayoría de los mexicanos, Calderón es un muerto que camina. Un cadáver desamortajado que se exhibe al público, como pieza de valor, pero que apesta nada más sentirlo al lado.

El portal Sin Embargo publica una nota hoy, donde en uno de sus párrafos puede leerse: “al presidente López Obrador, no le preocupa en lo más mínimo Calderón…”.

Y es cierto. Los únicos delirantes y afiebrados, son los conservadores.

Para el gobierno y el resto del país, la presencia de esta reliquia política, carece de interés.

A la hora de los hechos, las elecciones se ganan con votos. Ahí, la guerra sucia no opera. Los bots no votan.

Y lo que es más preocupante para los conservadores, el aparato político con que ganaban fraudulentamente elecciones, ya no está en sus manos.

Podrán inflar a Felipe Calderón todo lo que gusten, al final, la vieja momia les explotará en las manos.

No tiene estatura (nunca la ha tenido), para medirse limpiamente con López Obrador.

 

Malthus Gamba.