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Jun 2026
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Trump y el efecto mariposa

No hay mucho tiempo, porque Donald Trump no lo tiene. Cuatro años son nada. Y de este póker, o de las derivaciones de ese “efecto mariposa”, nacerá el futuro mundial.

Quien esté familiarizado con la “teoría del caos”, tendrá mayor facilidad para entender lo que señalo en esta nota. Hay un proverbio chino que se usa comúnmente dentro de esta teoría y que se conoce como “el efecto mariposa”. Según esta vieja conseja, cualquier acto, por pequeño o insignificante que éste sea, tendrá con el tiempo, repercusiones apreciables al otro lado del mundo.

El vuelo de una mariposa, su aleteo inocente, alterará algo en el sitio opuesto del planeta. Esta idea la sistematiza y desarrolla Edwar Lorenz, en base a un accidente (quizá consecuencia del efecto mariposa), que le ocurre al trabajar una base de datos. Para ahorrar tiempo y alcanzar resultados rápidos y concretos, decide eliminar las fracciones decimales más pequeñas. Deja únicamente las fraccione representativas.

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Va y se prepara una taza de café y al volver a la mesa de trabajo, se da cuenta de que los resultados obtenidos en base a esa pequeña modificación, alteran significativamente todo lo esperado. Algo tan pequeño e inocente, trabajando en un sistema donde el control de variables es difícil o imposible de manejar, opera modificaciones evidentes en los resultados obtenidos al final. En los sistemas lineales, donde el operador tiene conciencia plena de lo que se hace y de las acciones y consecuencias previsibles, el efecto mariposa no opera. Porque la meta se conoce anticipadamente.

Hay control total y son pocas las oportunidades para que se presente algo fuera de lo planeado. Pero en sistemas complejos, donde hay una cantidad significativa de variables que pueden desencadenar acciones o situaciones no controladas (y a veces ni imaginadas), el “efecto mariposa” puede ocurrir en el sitio y en el tiempo menos esperado. El mundo de las finanzas es claro ejemplo de ello. Nadie ha podido anticipar resultados a mediano y largo plazo, libres de consecuencias derivadas de actos que aparentemente no tenían relevancia alguna para los mercados.

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Acciones bursátiles, bonos con garantía sólida, bancos fuertes, empresas poderosas, que se pierden de un momento a otro, por situaciones que se dieron en Asia y repercuten en Europa o Norteamérica.

A los dueños del dinero les encanta introducir variables “sucias”, que provocan movimientos en los mercados financieros, para favorecerse millonariamente. Un rumor que hace que las acciones de una empresa suban o bajen artificialmente. Ataques a mandatarios o a gobiernos, que tiran el valor de alguna moneda, o bajan la calificación empresas importantes en ese país. La acción puede darse en Nueva York y repercutir en cualquier nación de Asia, Europa, África, o América Latina. Esos juegos son propios de los verdaderos dueños del dinero en el mundo. Juegan a la segura y solo en raras ocasiones enfrentan situaciones que escapen a su control gansteril.

Ellos nunca pierden en la bolsa, porque disponen de información privilegiada y tienen contactos serios en los niveles más altos de la política mundial. Al no jugar limpio, evitan “el efecto mariposa”, pues tienen control en toda situación, moviendo las piezas importantes en el tablero para provocar un resultado favorable a ellos. Algo así quiere hacer Donald Trump en este momento, al iniciar su segundo cuatrienio de mandato, como presidente de Estados Unidos. Trump entra en el caos de un país que arrastra evidentes problemas inflacionarios.

Hay un descontento social inocultable. La corrupción dentro del costoso aparato de gobierno norteamericano, ha generado un deterioro en el nivel de vida de los ciudadanos, que se dan cuenta de que las cosas no marchan bien y de que hacen falta cambios profundos que impidan una caída aún más profunda. Y Trump promete hacer esos cambios.

Lo promete en campaña y ahora, ya en el gobierno, intenta poner en marcha acciones que permitan a ese país, recuperar la gloria de los viejos tiempos. Pero esto no es fácil y Donald Trump se ve obligado a lanzar una serie de acciones, a lo largo y ancho del mundo, esperanzado en que “el efecto mariposa”, sea benévolo con él y con su país. Su alma de viejo jugador de póker lo alienta a apostar su capital, en jugadas arriesgadas donde el triunfo se ve difícil, aunque no imposible. ¿Por qué hace esto Trump? Sencillamente porque no tiene disponibles muchas opciones en el corto plazo.

Atraer empresas para que instalen sus fábricas e industrias en el país, lleva tiempo. Generar nuevas y buenas fuentes de empleo, requiere de tiempo. Bajar los niveles inflacionarios en el país, precisa de tiempo. Trump ni siquiera cuenta con el seguro respaldo dentro del Congreso, para sacar reformas que puedan ser consideradas impopulares, a pesar de ser la vía segura para salir de la crisis.

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Las siguientes elecciones donde senadores republicanos están más interesados en no caer en descrédito, o ser impopulares por un respaldo a Trump que con sus decisiones, puede original descontento social, no le aseguran los votos que requerían las iniciativas presidenciales. Las últimas encuestas muestran que a poco más de una semana en el cargo, el respaldo social hacia el presidente comienza a mostrar signos negativos.

La gente no ve que el nuevo gobierno actúe para conseguir que los precios en renta, alimentos básicos, combustibles y demás artículos de primera necesidad, bajen. China comienza a disputar con seriedad la supremacía en el sector tecnológico, donde está el futuro económico y político en el mundo. Rusia va fuerte como primera potencia militar y tiene una sólida alianza política y económica con China.

Por eso Trump, que solo cuenta con cuatro años para conducir al viejo imperio a niveles competitivos que puedan enfrentar a las otras dos potencias mundiales, activa una serie de acciones de enfrentamiento directo, en contra de socios históricos, vecinos inmediatos y otros países que tienen en este momento lo que Estados Unidos necesita con urgencia. Trump pretende comprar Groenlandia. Hacer suyo el Golfo de México.

Recuperar el Canal de Panamá. Tener injerencia militar en Canadá y México, con el pretexto de que los grupos criminales en esos países, son terroristas. Hacer de la Franja de Gaza una especie de Disneyland, donde los palestinos no aparezcan en ninguna foto de los futuros turistas. Quiere poner aranceles a Europa, a sus vecinos, socios económicos y aliados políticos. Y todo eso, bajo la amenaza de que quienes se resistan, afrontarán la furia del imperio.

Pero ¿alguien imagina hoy al viejo imperio librando guerras en sus fronteras norte y sur, donde al menos México no lo dejará pasar, a la vez que se enfrenta a la resistencia panameña que defienda su canal, a los palestinos que no abandonarán su tierra, a los daneses que defenderán Groenlandia quizá con el respaldo de Rusia y a los europeos cansados de gobiernos de ultraderecha, a los que ya no soportan las sociedades del continente? ¿Tiene en verdad tanta fuerza ese imperio en decadencia? ¿En verdad puede abrir tantos frentes de batalla y enfrentar a tantas naciones? Donald Trump juega al “efecto mariposa”, lanzando acciones que pueden sorprender a gobernantes débiles, como ya sucedió con Bukele, que “presta” sus cárceles en El Salvador, para encarcelar migrantes acusados de cualquier delito.

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Le falló en Panamá, donde ya le dijeron que no hay paso de barcos norteamericanos que no cubran el pago de tarifas establecidas. Le falló con México que señala que no declarará terroristas a delincuentes, para permitir que fuerzas de seguridad y militares gringos, ingresen a su territorio nacional. Le falló con China que aplicará aranceles fuertes a los productos norteamericanos.

Le falló con los palestinos, dispuestos a morir en la lucha, pero dentro de su territorio. Y le está fallando con la comunidad internacional, que muestra su rechazo a una invasión a territorio palestino. El efecto mariposa puede jugar a su favor en una Europa debilitada, que quizá se doble ante sus amenazas, como ya lo anunció el gobierno de Bélgica. Rusia apuesta a que toda Europa se doblegue, lo que provocaría un deterioro en los niveles de vida de los ciudadanos del continente y su posterior rechazo a esas políticas.

China espera también, porque se sabe fuerte y tradicionalmente es partidaria de la prudencia y del golpe exacto. “El efecto mariposa” está en marcha. O el póker donde Trump se juega mucho en unas cuantas manos.

No se requiere de mucho tiempo para ver resultados. No hay mucho tiempo, porque Donald Trump no lo tiene. Cuatro años son nada. Y de este póker, o de las derivaciones de ese “efecto mariposa”, nacerá el futuro mundial, con tres posibles potencias que se repartirán el control de distintas zonas del planeta, según les toque en suerte, o según hayan sabido jugar. El resto del mundo observa y se prepara para cualquier escenario.

Malthus Gamba

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