4T: Historia de cambio

Cada vez que me enfrento a alguien que duda acerca de la 4T y la transición que vivimos, siempre me viene a la mente el día de las elecciones donde AMLO compitió por 3ª ocasión por la presidencia de México. Recuerdo muy bien que tuve una serie de sentimientos encontrados, con tempestades y alegrías. Trataré de repasar rápidamente en las siguientes líneas lo que representó para mí ese día.

Eran las 6 de la mañana del domingo 1º de julio de 2018, mi reloj despertador sonó como todos los días, avisándome que ya era hora de levantarme. Me incorporé, me senté en la orilla de mi cama y me puse a meditar. Este día definiría el principio de un cambio real y profundo para todos los mexicanos. Mientras profundizaba en mis pensamientos, mi entusiasmo crecía y algo en mi interior me decía: Juan, la tercera será la vencida. Con esta reflexión interior, comencé a enviar mensajes de WhatsApp a mis amigos y familiares para ir a votar en grupo conforme a lo planeado.

Antes de meterme a bañar, desperté a mi familia con abrazos y con besos ya que mis pensamientos positivos me hacían sentir muy feliz. Cuando estaba en la regadera, de repente me envolvió una sensación de auto sabotaje con pensamientos de NEGATIVIDAD tales como: ¿Y si no ganamos?, ¿Qué pasará si cometen nuevamente fraude?, ¿Qué sucederá si la gente no responde?, ¿Y si los partidos de siempre provocan caos y violencia?… En fin, una lluvia de excusas me hizo su presa.

En la medida de lo posible traté de evadir esos pensamientos, pero, de un momento a otro ya estaba sintiendo MIEDO. No era el sentimiento que es intrínseco a nosotros, ese con el que nacemos y nos hace ser precavidos. La sensación que empecé a experimentar era tan tóxica, que me hizo vacilar por completo. A tal grado que aquel regocijo con el que desperté de repente se comenzaba a desvanecerse.

En cierta manera esos miedos tenían fundamentos. No es menor pensar que por muchos años vivimos con gobiernos corruptos que hicieron uso de un cúmulo de malas prácticas y siempre terminaban imponiéndose, a costa de lo que fuera. De hecho, aún tenía fresco en mis recuerdos un caso reciente, el de Alfredo Del Mazo Masa del Estado de México, lugar donde era considerado históricamente un laboratorio electoral con todo el peso de un aparato corrupto y la antesala para llegar a la presidencia, pues los resultados eran un indicativo de lo que se podría replicar a nivel nacional.

Mientras desayunaba, mis sentimientos luchaban entre ellos, tuve descontento y frustración, pero al mismo tiempo supe que algo bueno vendría, que algo me impulsaba a levantar la cabeza y agarrar las riendas para empezar a confiar en lo que, durante varios meses puse mi pasión, mi empeño y mi convicción para hacer revirar la actitud de aquellos que se resistían al cambio. Todos los días, me levantaba con el firme propósito de convencer a alguien más para votar parejo por ese partido que nació de un movimiento nacional para la transformación y regeneración de nuestro país. Así como yo, millones de mexicanos hicieron lo mismo.

Esa misma convicción la tenían muchos amigos y compañeros de lucha, la tenía mi familia que estaba a mi lado y además me sentía arropado por el ejemplo de un gran líder, que aún a pesar de la desmedida persecución, difamación y rechazo, supo poner por delante los ideales que forjó desde pequeño. Fue en este momento cuando todos estos pensamientos me llevaron a recordar que, en un proceso de cambio, es normal sentirse en un desierto con negaciones y miedos.

Después de toda esa guerra de emociones en mi interior, salimos de casa felices y unidos, dispuestos a poner nuestro granito de arena con nuestro voto, comprometidos a que, si todo salía bien, habría mucho por hacer y solo sería el principio de un sinfín de batallas por enfrentar para transformar al país y que no serían nada fáciles.

Tengo que confesar que toda esta retrospectiva, me hizo ver que cualquier cambio en la vida se dará en la medida que cada uno contribuya, en la medida que cada uno cambie, en la medida que uno desaprenda para aprender cosas nuevas, en la medida que nosotros confiemos en lo que nosotros somos y lo que nosotros hacemos para poder creer en lo que un presidente como Andrés Manuel, es y hace.

La 4T puede parecer una simple abreviatura, pero como ya lo he mencionado en otras reflexiones, tiene un profundo significado y un inmenso compromiso de lucha común. Si echamos un vistazo a los grandes líderes que han transformado la historia del mundo, nos daremos cuenta de que la gran mayoría han sido perseguidos, privados de su libertad y hasta de su vida. Pero no solo a ellos, sino a quienes los apoyaban. Con AMLO no podía ser diferente, pues esta cuarta transformación ha pisado los cayos de quienes se sintieron por muchos años, amos y señores de México.

No hay ser humano sobre el planeta que no experimente temores, dudas, frustraciones, desaliento, incertidumbre, negación y resistencia al cambio. Lo importante es salir avante y no claudicar. Como dijo Nelson Mandela en un célebre momento: “¡No es valiente quien no tiene miedo, sino quien sabe conquistarlo!” Esta frase fue complementada con un excelente corolario por nuestro presidente en una conferencia matutina cuando dijo: “¡Tengo miedo como todos los seres humanos, pero no soy cobarde!”.

Todos sentimos miedo en algún momento, pero no somos cobardes y por eso juntos luchamos por un cambio verdadero. Tenemos bien definido el rumbo. Tenemos clara la meta. No navegamos sin brújula, ni caminamos solos, ¡Juntos estamos haciendo historia!

Y tú, ¿Estás dispuesto a enfrentar lo que venga?

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Columnistas invitados en Sin Línea

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