¿Quién da la cara por los conservadores?

Mucha gente duda actualmente, de que México esté viviendo tiempos de cambio.
No se han dado cuenta de que el país y los ciudadanos, se mueven y piensan en forma diferente, a como lo hacían hace unos años.

Va un ejemplo concreto:

¿Recuerdan cómo se construyó al último presidente neoliberal que los mexicanos sufrimos?

Fue una creación mediática enteramente. Televisa se dio a la tarea de construir un personaje de telenovela. Lo maquilló y vistió al gusto de la audiencia, afecta a este tipo de muñecos irreales.
Como complemento, le asignó un papel coestelar, a una de sus principales estrellas de telenovela: La Gaviota.
Así, sin demasiado esfuerzo, fue construido el último de los presidentes neoliberales, que hundieron al país en la corrupción, la violencia y la miseria.

Pocos ciudadanos protestaron contra ese hecho. Se aceptó a Enrique Peña Nieto como presidente legítimo, sin entender que había personas muy poderosas, detrás de esa candidatura y de ese pseudo mandatario de cartón.
Hasta hace unos años, los mexicanos aceptábamos sin mucha protesta, todo lo que nos vendían las grandes cadenas de televisión mexicanas.

Pero a partir de las elecciones del dos mil diecisiete en el estado de México, las cosas comenzaron a cambiar.
La pelea por la gubernatura de ese estado, fue decisiva para el movimiento de regeneración nacional (MORENA).
La sociedad fue testigo de un fraude monumental, en el que participaron el INE, el gobierno del estado e incluso el gobierno federal.
Alfredo del Mazo no ganó legítimamente esa gubernatura. La maestra Delfina Gómez, de Morena, fue la triunfadora, pero la autoridad electoral no le reconoció el triunfo.
El malestar social creció enormemente, después de esas elecciones.
Ya no se trataba únicamente del desastroso gobierno de Peña Nieto y su equipo de trabajo, sumidos en la corrupción y la impunidad.

Todo el sistema político neoliberal estaba pudriéndose. No había instancia de gobierno que se salvara. Un cambio de rumbo urgía.
Y la gente de volcó a las urnas en las siguientes elecciones federales, para encumbrar a Morena como fuerza política mayoritaria y a López Obrador, como presidente de México.

Fue un cambio de mentalidad social histórico. No fue de un grupo o segmento social específico. Se trató de un movimiento nacional en el que se involucraron la mayor parte de los mexicanos.
A poco más de siete meses de gobierno y pese a las encuestas mentirosas que pagan los conservadores, la popularidad y credibilidad en la Cuarta Transformación, se mantiene casi inalterable.
El pueblo está con su presidente y su gobierno, porque advierte que la situación del país y de los ciudadanos, está cambiando para bien.
Eso molesta y preocupa enormemente a los conservadores.

Necesitan que el pueblo le voltee la espalda a López Obrador y a Morena, para tener alguna esperanza de recuperar algo de poder, en las siguientes elecciones.

Con el pueblo al lado del presidente, están impedidos para lograr ganar espacios en el congreso, en los comicios del dos mil veintiuno.

¿Qué hacer para conseguir resultados a su favor?
Definitivamente, Televisa ya no puede construirles un candidato, tal y como lo hizo en el pasado. La televisora está en igual descredito que los neoliberales. A nadie engaña. Sus noticieros y periodistas, dejaron de fijar la agenda política del país. Es más, son repudiados por “chayoteros” y mentirosos.
No hay posibilidad de construir un personaje que convoque a multitudes y consiga votos para la causa conservadora.
En eso, nuestro país y los ciudadanos hemos cambiado mucho. No creemos en mentiras envueltas en papel celofán. Entendimos que las novelas, jamás pueden reflejarse en la vida real.
El cambio en nosotros, como mexicanos, está también presente en esta manera de ver los sucesos nacionales.
Y ese es precisamente el predicamento que enfrentan los conservadores en la actualidad.
Ya no pueden engañar al pueblo de México.

Hace unos días, circuló la noticia de que los grupos conservadores, están tratando de unirse para desarrollar una estrategia de guerra sucia, con la finalidad de propiciar un golpe de Estado “blando”, que signifique la caída del presidente López Obrador y su gobierno.
Un golpe de Estado de esta naturaleza no precisa del uso de las armas. Se prepara difundiendo información falsa, creando miedo y desconfianza dentro de la población. Insiste una y mil veces en decir que el país marcha hacia el caos y que habrá hambre, represión, carestía, desabasto y desempleo.
La finalidad es desestabilizar al país, para que el gobierno en turno pierda la confianza social de que disfruta.
En eso están los conservadores en estos momentos. Basta ver las noticias que difunden los medios de comunicación, afines a sus intereses, para darse cuenta de ello.

Pero tienen un gran problema. Les urge una cara que pueda capitalizar cualquier logro que consigan con su sucia guerra.
Y no hay quien pueda representarlos. Fue tan grande la corrupción durante el periodo neoliberal, que no hay personaje conservador que no se encuentre manchado y por lo mismo, impedido para ser considerado candidato a representante de la derecha.

Felipe Calderón está intentando hacerse con esa candidatura, pero tiene en contra el ser considerado un criminal de lesa humanidad.

Y no hay alguien más que pueda aspirar decentemente a la representación de estos grupos reaccionarios.
Esa es la mayor preocupación de los conservadores, actualmente. Tienen el dinero del mundo, pero no pueden comprar una cara, una trayectoria, una persona con credibilidad, que piense, actúe y los dirija dignamente.
La dignidad no se compra y eso lo han descubierto ellos recientemente.
Los Krauze, Fox, Calderón, X González, de Hoyos, Alvarez Icaza, Castañeda y demás fauna de la derecha, son personajes políticos desgastados, degradados y sin credibilidad.

A menos que los conservadores, tal y como lo hicieron en el pasado, ofrezcan el gobierno del país a un archiduque extranjero, para convertirlo en emperador, no se ve de dónde puedan sacar al político decente que les urge para capitalizar su golpe de Estado.

Si no lo encuentran rápido, toda su despreciable estrategia se vendrá abajo.
Aparte está el hecho de que los mexicanos, verdaderamente hemos cambiado y no es creíble que muchos se traguen los cuentos de terror que tejen los mismos políticos que hundieron a México.

Malthus Gamba