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Jun 2026
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Opinión: Trump y sus libertarios

El movimiento libertario es una consecuencia natural y desesperada que dejó el neoliberalismo a nivel mundial. Es la extrema derecha volcada hacia el fascismo.

El movimiento de ultraderecha denominado “libertario” está en boca de muchos en la actualidad. Para algunos, se trata de una salida posible a la crisis que hoy vive el neoliberalismo, al que se califica de “tibio” y falto de la energía política que están mostrando los representantes de esta corriente extremista.


Una característica del libertario que ha logrado acceder al poder, mediante campañas publicitarias millonarias, donde se descalifica al oponente en base a mentiras, calumnias, insultos, acusaciones y demás elementos de la guerra sucia, es que gobiernan abiertamente en favor de las cúpulas del poder económico.

No ocultan que la finalidad que persiguen, es la de lograr una privatización generalizada, donde el estado termine haciendo el papel decorativo de florero, mientras los monopolios y grupos financieros nacionales y extranjeros, se apropian de la riqueza del país que fue puesto en sus manos.

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Gobernantes libertarios conocidos por todos son en primerísimo término Javier Milei, en Argentina, o Daniel Novoa en Ecuador, para hablar de dos casos que se dan en nuestro continente.


Pero ¿qué es en realidad la política libertaria? Como su nombre lo indica, su palabra favorita es “libertad”. Libertad ejercida en contra de cualquier tipo de gobierno. Excepto el de los Estados Unidos. Porque usted nunca escuchará a un libertario, atacando al gobierno belicista, corrupto, injerencista, saqueador e inhumano norteamericano. Esa otra característica de los libertarios los muestra de cuerpo entero. Son agentes entreguistas, que no tienen amor a su patria.

Los libertarios reciben financiamiento directo de las agencias de Estados Unidos, para socavar la soberanía de su nación. Dicen que todo gobierno roba a sus ciudadanos al cobrarles impuestos para desarrollar las distintas actividades que norman la vida nacional.

Todo libertario es un rabioso evasor de impuestos. Afirman que los ciudadanos pueden gobernarse directamente, siguiendo únicamente las reglas del mercado y dentro de un país donde la seguridad, la salud, la educación y los servicios básicos, son manejados por empresas privadas que ponen a disposición de la sociedad, servicios y productos de calidad, sin la intervención de autoridad alguna.


¿Alguien con nociones políticas elementales puede creer que algún monopolio pueda ver por el interés social? ¿Alguien informado cree que un empresario sacrificaría las ganancias de su empresa, para enfocarse en el bienestar colectivo?
A los libertario les estorban los gobiernos humanistas. Hablan de libertad, pero su propuesta es la que nos repitió una y otra vez, no hace mucho tiempo, el presidente López Obrador en varias conferencias mañaneras.


Se trata de “La libertad del zorro en el gallinero”.

Sin un auténtico gobierno democrático, nacido de las urnas, que garantice la justa repartición de la riqueza nacional, el empresario capitalista voraz (hoy llamado libertario), sacará provecho económico en el manejo de la educación, la salud, la seguridad, la venta de productos y prestación de servicios, procurando invertir lo menos posible, para que la ganancia sea máxima.

El empresario libertario no quiere pagar impuestos. Dice que eso es un robo por parte del Estado. Pero oculta el hecho de que, sin Estado, cada ciudadano tendrá que pagar por el derecho a la educación, por los servicios de salud, por la seguridad, por la electricidad y combustibles privatizados. Tendrá que pagar por todo y quien no tenga recursos para hacerlo, recibirá nada. Nada de parte de los nuevos dueños de un país donde todo se vende. Los impuestos, en comparación con el alto costo que tendrá el vivir con cierta dignidad y seguridad, será enorme.

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“La libertad del zorro en el gallinero”. Ni más ni menos.

Porque serás libre de cualquier falta que pudiera cometer en tu contra el gobierno. Pero habrás caído en manos de los buitres predadores que te exprimirán hasta la última gota de sangre, con salarios de hambre, precios por encima de tus posibilidades, créditos ventajosos que te esclavizarán con sus intereses, por el resto de tu vida.

El gobierno del presidente Trump, único en el mundo que merece el respeto del movimiento libertario, encumbró a Milei y a Novoa en Argentina y Ecuador respectivamente. Ambos han conducido a sus países a un desastre económico que promete un índice inflacionario histórico y a una deuda pública que empeña el futuro de las siguientes generaciones en ambas naciones.

Para México están preparando a un exponente ridículo que viene a defender las banderas del supremacismo ario, no obstante ser un mexicano de piel morena. Eduardo Verástegui llegará envuelto en el manto de la Virgen de Guadalupe y portando un escapulario como los que usa nuestro pueblo con respeto. Su intención es convencer, usando como instrumentos la fe y devoción de la gente, que las promesas libertarias llegan bendecidas por la virgen y nacen del espíritu cristiano. Pero Eduardo Verástegui es un soldado más del movimiento libertario, que saluda en sus eventos, en forma idéntica a la que en el pasado utilizaron los nazis alemanes. Todos los libertarios saludan así. Y lo hacen porque admiran en su fuero interno el poder de dominio alemán, durante la Segunda Guerra Mundial.


Trump intenta impulsar la creación de un partido político de ultraderecha en México, con Eduardo Verástegui a la cabeza. Un Verástegui que en un evento libertario, pidió perdón a Estados Unidos, por los agravios y ofensas que han recibido por parte del pueblo de México. Lo hace, según él, a nombre de todos los mexicanos.


Trump y su títere moreno piensan que los mexicanos somos tan analfabetas políticos, como lo es en su conjunto la sociedad norteamericana, adormilada por la televisión, los eventos deportivos y artísticos que acompañan permanentemente a la sociedad de ese país. Y por las drogas que se consumen en Norteamérica en forma indiscriminada. Y ese error de cálculo lo conducirán a un fracaso contundente en futuras elecciones.


Aquí en México, el 80% de los mexicanos respaldamos al gobierno de la doctora Claudia Sheinbaum. La fe de nuestro pueblo no se deja contaminar por campañas publicitarias que intentan sacar raja política de nuestras creencias. La sociedad mexicana está lo suficientemente informada como para caer en las trampas de un neoliberalismo radical, al que conocemos y padecimos durante las décadas en que México sufrió los gobiernos del PRIAN.

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Trump piensa que es posible repetir el triunfo libertario, como se dio en Ecuador y Argentina.


Pero el fraude histórico de Milei, donde miles de ciudadanos argentinos y otras naciones, perdieron millones de dólares, es la carta de presentación de los gobiernos libertarios en el mundo. Y el desastre social que deja Novoa al final de su mandato, le impedirán una reelección por la que nadie apuesta en Ecuador.
“La libertad del zorro en el gallinero” es una empresa imposible en México. Desde el 2018, los viejos traficantes de influencias pagan impuestos, a excepción del decadente agiotista dueño de Banco Azteca, Electra y Azteca TV, quien le ha sacado provecho al recurso de amparo hasta nuestros días, pero que se encuentra a un paso de pagar o ser embargado por no cumplir con sus obligaciones fiscales.

El movimiento libertario es una consecuencia natural y desesperada que sigue al desastre que dejó el neoliberalismo a nivel mundial. Es la extrema derecha volcada hacia el fascismo.


Tengamos cuidado con ellos, porque la cruz y el escapulario en sus manos, es sacrilegio, al convertirlos en instrumentos para el engaño y un pretendido control social, sin más ley que la que imponen los dueños del dinero.

Libertario no significa libertad, sino el dominio del más fuerte.

Malthus Gamba

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