En el contexto de la consulta que se realizará el 1 de agosto, para que los ciudadanos decidamos sobre enjuiciar o no a los funcionarios del pasado, en especial a los expresidentes ladrones y criminales, la opinión pública señala con más énfasis a Calderón, Peña Nieto y Fox como los que ostentan mayores méritos para terminar sus días tras las rejas, tal vez porque los panistas son los más protagónicos y por ser Peña el más reciente, todavía recordamos sus fechorías.

Sin embargo, no porque haya transcurrido más tiempo, deberíamos de olvidar a los priistas Salinas y Zedillo, porque sus trapacerías están a la altura de los últimos 3 expresidentes y las consecuencias de sus crímenes han impactado históricamente a los mexicanos con la misma intensidad.

Sin siquiera considerar los casos emblemáticos de asesinatos y masacres, como las ejecuciones de Colosio y Ruiz Massieu en el gobierno de Salinas, o la de Aguas Blancas durante el período de Zedillo, sus acciones de saqueo al erario y a las riquezas del país, los ponen en el escalón más alto del pódium de la delincuencia de cuello blanco operada desde el gobierno.

Entre otras muchas privatizaciones de empresas estatales que se vendieron a precios muy por debajo de su valor real, como Teléfonos de México y Ferrocarriles Nacionales, por ejemplo, se encuentra el caso de la banca mexicana, que es el más representativo del saqueo voraz, inútil e ineficiente, que perpetraron estos delincuentes en complicidad con sus compañeros de atraco de la iniciativa privada.

Para darnos una idea del tamaño del desfalco que estamos teniendo que pagar los mexicanos, hagamos algo de historia sobre esta industria. Los bancos en México fueron estatizados en la época de López Portillo y pasaron a ser administrados por el gobierno; después de De La Madrid llegó Salinas de Gortari quien decidió vendérselos a sus cómplices de la iniciativa privada, muchos de los cuales nunca habían administrado un banco, sino que se habían hecho millonarios en el negocio de Casas de Bolsa.

Salinas vendió 18 bancos, que integraban el sistema de pagos de todo el país y disponían de todo el mercado financiero nacional de consumo, en un precio de alrededor de 10 mil millones de dólares. Los muy inteligentes saqueadores los compraron y los quebraron. Se pusieron a otorgarle préstamos sin garantía a sus amigos, a derramar el mercado con créditos que se dieron sin entender la administración del riesgo en las operaciones y en menos de 10 años, los bancos estaban ahogados en niveles de cartera vencida, equivalentes al 50% de los montos de crédito que otorgaron.

Aquí entra Zedillo, que junto con las lumbreras de su equipo económico, diseñó un esquema ilegal e ineficiente para rescatar a los banqueros y a sus clientes principales que debían grandes sumas de dinero. Este sujeto adquirió cartera de los bancos en los peores términos y en un precio diez veces más alto del que había recibido por la venta de las instituciones, emitiendo deuda pública por 100 mil millones de dólares, que además tenía la obligación de pagar un rendimiento a los acreedores.

Así terminamos los mexicanos teniendo que pagar una deuda que crece continuamente y de la que estamos liquidando 40 mil millones de pesos al año, sólo por concepto de intereses. Esta deuda adquirida por Zedillo a nombre de todos nosotros, vamos a tener que seguir pagándola los mexicanos que continuemos vivos hasta el año 2070.

Así es que no se nos olvide que Fox, Calderón y Peña Nieto no son los únicos que merecen vivir muchos años tras las rejas. Estos dos también hicieron grandes méritos para ser acreedores a nuestro voto.

Como dijo el poeta irlandés Thomas Moore: “Los hipócritas son como los letreros de las carreteras, señalan el camino que ellos nunca siguen”. JUICIO A EXPRESIDENTES SÍ

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Por Erika