Los nuevos ‘norteamexicanos’

Una felicidad enorme la toma de posesión de Joe Biden como presidente de los Estados Unidos de Norteamérica. El festejo de la gente que apoyó el proyecto del partido demócrata para regresar al poder, fue evidente.

Notas en medios de comunicación donde se daba cuenta del cambio de estafeta entre republicanos y demócratas. Personalidades del mundo de la política y el espectáculo manifestando su beneplácito por la llegada de Biden a la Casa Blanca. Muchas felicitaciones en redes sociales, redactadas en inglés.
Porque lo que estoy contando, sucedió en México el día de ayer. La fiesta que presenciamos en los medios de comunicación de corte conservador y entre quienes se identifican con la causa del #TUMOR clasista mexicano, fue enorme.

Vimos a una prensa mexicana replicando las formas y modelos de los medios informativos norteamericanos, que se encuentran controlados totalmente por el partido demócrata. Una prensa que participó en una censura evidente en contra del saliente presidente republicano.
El festejo natural entre la ciudadanía norteamericana, fue retomado por la clase neoliberal de nuestro país. El triunfo electoral del vecino del norte, lo festejaron como algo propio. Un logro que había que presumir.

Sabemos que políticamente, la gente agrupada en el proyecto de Claudio X González, mano financiera del #TUMOR, espera un fuerte empujón por parte de la nueva administración gobernante en Estados Unidos, para competir con oportunidad y ganar el mayor número de espacios políticos posibles, en las próximas elecciones intermedias de este año. Es algo que los impulsa en su desesperado intento para restablecer la corrupción neoliberal en nuestro país.

Es entendible entonces que consideren como suyo el triunfo de Biden.

Pero hay límites que no debieran ser cruzados, para no faltar a los valores nacionales que nos dan identidad.

Hay periodistas como Raymundo Riva Palacio, que muestran su molestia por la falta de síntomas de alegría de nuestro presidente, ante la llegada de Biden a la Casa Blanca. Hablan de un conflicto inexistente entre la nueva administración demócrata y el presidente López Obrador. Hubieran querido que el presidente mexicano, asistiera al evento vivido en la capital estadounidense, donde se dieron cita varios mandatarios de otras naciones.

Sin lugar a dudas, eso hubiera hecho un gobernante de corte neoliberal, porque se consideraba entre ellos que estos actos protocolarios, servían en algo al éxito de nuestra política exterior.
Hay gente como Gilberto Lozano, que piden al nuevo mandatario en Estados Unidos que castigue a López Obrador por sus “crímenes”.

Dolia Estévez, periodista nacida en Sonora y corresponsal en Washington de varios medios mexicanos, se deshace en elogios a Biden y critica a López Obrador por no haber reconocido desde un principio el triunfo de Biden. Es más, escribe en un tuit, que el presidente mexicano no puede hacer recomendación alguna al nuevo gobernante en Estados Unidos, porque eso es
“intervencionismo” y eso va en contra del principio de “no intervención” que defiende el gobierno de la Cuarta Transformación.

Lo que olvida Dolia es que, si se trata de asuntos que conciernen a connacionales que viven en territorio norteamericano, es válido a todo gobierno defender los derechos de los mismos, ante las autoridades del país donde radican o trabajan en ese momento. Esto en base al Derecho Internacional y no a las ocurrencias de cualquier comunicador.

Enrique Krauze publicó en sus redes sociales, mensajes en los que dice a los mexicanos que debemos aprender mucho sobre democracia, viendo el ejemplo estadounidense. A él le gustaría que en México se diera una democracia en la que dos partidos políticos, que representan a los mismos intereses, se turnan el poder elección tras elección. Krauze estaba conforme con la alternancia PRI-PAN, donde el gatopardismo era evidente. Todo cambiaba para quedar igual. Le molesta hasta el fondo del alma, una democracia donde la izquierda tiene verdadera posibilidad de triunfar y gobernar.

Y así hemos visto el comportamiento de todos los grupos reaccionarios que hoy se identifican con el proyecto #TUMOR. Hacen suyo un triunfo logrado fuera de nuestras fronteras. Aplauden a un gobierno extranjero que en nada los representa y que poco se ocupa de ellos. Apuestan a la intervención de ese gobierno exterior, para conseguir triunfos en las siguientes elecciones. Desean replicar en nuestro país el control total de medios informativos, por parte de los poderes económicos y financieros, tal y como vimos en las recientes elecciones norteamericanas.
Anhelas establecer el “sueño americano” con sus reglas injustas, sus vicios de origen y la abierta posibilidad de acumulación de enormes riquezas en nuestro país. Quieren vivir como estadounidenses, sentirse estadounidenses y ser vistos por los demás como estadounidenses. Aunque sean únicamente “gringos de fachada”.

La transformación que está viviendo nuestro país en este momento, es histórica. Se están construyendo los cimientos para el México de los próximos cincuenta años. Pero a esta clase social tan desapegada de todo interés nacional, ese cambio de régimen poco importa. Desean el regreso de los privilegios para unos cuantos, sin importar que, a cambio de esta distribución injusta de la riqueza, el resto del país se hunda.

Estos aplaudidores de todo lo que sucede en Estados Unidos, poniéndolo como ejemplo para nuestro país; estos “norteamexicanos” que en realidad no son queridos “allá”, ni desean pertenecer a “acá”, viven entre dos aguas, sin tener los pies firmes en uno u otro lado.
En contraste, el gobierno del presidente López Obrador y todos quienes trabajan por la Cuarta Transformación, tienen presente permanentemente, que existe un proyecto nacional sólido, que no precisa apoyo, ayuda o intervención de otras naciones. Es un proyecto soberano que construimos exclusivamente los mexicanos.
Los “norteamexicanos” esperarán siempre el visto bueno del país del norte. La indicación del gobernante extranjero. La moda y conducta aprobada y aceptada en tierras extrañas. Ése es su “estilo” de vida.

El resto del pueblo de México, reconoce sus raíces y cultura. Entiende el cambio que se vive y apoya a sus autoridades, democráticamente electas.
Al “Tigre” no lo engañan con espejitos, o cuentas de colores. Eso queda para quienes se sienten ciudadanos de otra nación, que en el fondo los ignora.

Malthus Gamba