Con la absurda excusa de que la educación no era de excelencia, los neoliberales se esmeraron en destruir el sistema educativo en lugar de buscar mejorarlo. Así por ejemplo desaparecieron una materia tan importante como el civismo, denostaron el sistema durante décadas maltratando a los maestros que son los únicos que saben enseñar y para rematar, elaboraron una mal llamada reforma educativa que en realidad era una reforma laboral con dedicatoria para los educadores, orientando su estrategia hacia la privatización de la enseñanza.

Para lograr todas sus trapacerías utilizaron siempre el mismo modus operandi. A fin de ilustrarlo, tenemos el caso de PEMEX, que la desmantelaron y luego nos dijeron que ya no servía para poder privatizarla; con la electricidad destruyeron a la Compañía de Luz y Fuerza y debilitaron a la Comisión Federal de Electricidad, promoviendo las energías supuestamente verdes que vendían sus cómplices extranjeros. Ya casi nos habían convencido de que nos deberíamos deshacer de todo, cuando nos salvó la campana.

Hace 4 años las marchas, bloqueos, protestas, encarcelamientos, represiones y demás aberraciones perpetradas en contra del magisterio, era el pan de cada día. Los veíamos bloqueando caminos, los centros de las ciudades, las vías de ferrocarriles, mientras los medios de propaganda del crimen organizado desde la oligarquía, nos decían que eran unos revoltosos que no querían trabajar, cuando en realidad llevaban meses sin poder cobrar sus sueldos.

A partir de 2019 las cosas cambiaron radicalmente, se les dio a los maestros la importancia, el respeto y el lugar que siempre merecieron. Se canceló la reforma laboral infame, se les liquidó lo atrasado y se les comenzó a pagar a tiempo, fueron considerados como los expertos que son, para diseñar los cambios necesarios a fin de mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje y hoy son el pilar de la nueva reforma educativa que se está introduciendo en el país. Esta reforma busca formar seres humanos sociales, funcionales y sanos.

No necesitamos ya más genios que acumulan conocimientos para aplicarlos en una sola disciplina, exclusivamente para su propio beneficio, en perjuicio del resto de la sociedad, como lo dictaban los cánones neoliberales.

La salud mental se define como la capacidad de una persona para cuidar de sí misma y de los demás; algo de lo que el neoliberalismo solo adoptó la primer parte, formando individuos egocéntricos, sin empatía, sin principios morales, a quienes no les importa pasar por encima de quien sea para satisfacer sus deseos más inmediatos. Gente que vive con la idea de que el fin justifica los medios y que sus únicos valores son los que guardan en el banco.

Confunden la erudición con la sabiduría, porque una cosa es acumular conocimientos y otra muy distinta es tener la capacidad de aplicarlos en beneficio de sí mismo y de los demás. De qué sirve acumular créditos académicos u obtener un doctorado que sólo se utiliza para perjudicar a otros.

En cambio, la nueva reforma educativa se orienta a ponderar la calidad por encima de la cantidad; a orientar la adquisición de conocimientos en función de su aplicación para el servicio de la sociedad en la que vives, a la que como ser humano funcional y mentalmente sano, tienes la obligación de cuidar.

Hoy los maestros no están en las calles protestando, sino en las aulas formando seres humanos mentalmente sanos que puedan aportar sabiduría en la construcción del país que afortunadamente ya estamos edificando, como un lugar donde todos podamos desarrollarnos con bienestar y empatía.

Como dijo el escritor británico John Ruskin: “Educar a un niño no es hacerle aprender algo que no sabía, sino hacer de él alguien que no existía”.

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Por Erika